Antirresurrección: Juan Ramón Biedma

Pues no. Te confundes por completo. La última maravilla de Juan Ramón Biedma no es una simple novela de zombis al amor de “lo que se lleva”. Y si lo piensas es que o bien no le has leído nunca, o bien has cometido el craso error de minusvalorar su inmenso talento. Una novela de Juan Ramón Biedma nunca es “otra más”

Siempre dando otra vuelta de tuerca

Claro que sí. Hay muertos vivientes –concepto contradictorio este donde los haya, ¿eh?- por doquier, y sangre a raudales, y desmembramientos colectivos que harían enmudecer al más aguerrido fan del gore, y asesinatos en masa, y una constelación de personajes atormentados por el asco de vida que les ha tocado padecer… Los tópicos del género que se suele decir. Lo mismo que en las películas de Romero y Fulci, igual que en el ya célebre comic de Kirkman y su desafortunada adaptación televisiva. Pero no es esto lo único que hay en “Antirresurrección”. De hecho, todo eso es lo menos importante cuando, a la hora de la verdad, lo que prima en la última novela de Juan Ramón Biedma es una extraordinaria trama policíaca, un argumento de novela negra excelente y pleno de tensión que habría funcionado con la misma eficiencia en cualquier otro contexto. Una joya.

el futuro ha venido

Si algo caracteriza a Biedma aparte de su enorme talento como escritor es, indudablemente, su capacidad inagotable para dar siempre una vuelta de tuerca más… Su habilidad para sorprender al lector cuando ya parece imposible es, justamente, el rasgo que más admiramos en él sus seguidores. Con Biedma nunca sabes a qué atenerte porque nunca hay reglas inviolables. Porque siempre hay un adjetivo más. Una comparación más. Una hipérbole que va más lejos. Es maravillosamente impredecible. Puede y sabe más allá de todo y de todos. Y por eso, cuando todos los que se esfuerzan en escribir sobre zombis hacen simplemente novelas de zombis -¿qué otra cosa?-, él gira, retuerce, esquiva, dribla, y hace una novela de cadáveres andantes en la que los muertos, pese a inundarlo todo, pese a la importancia de su presencia impositiva, son lo menos relevante. Apenas un elemento más, equidistante, del paisaje. Otra circunstancia, asquerosa y tremebunda, claro, en un mundo que sería igualmente asqueroso y tremebundo sin fiambres pudriéndose entretanto caminan tambaleantes por ahí prestos a deglutir a todo zoquete confundido que se les ponga por delante.

Antirresurrección es una novela negra, con una trabajadísima trama argumental repleta de recovecos harto sorprendentes, ubicada en un futuro apocalíptico que perfectamente puede ser el que nos toque vivir mañana. En un futuro posible –que será una porquería absoluta en la medida que el mundo actual no invita precisamente a creer en utopías- los vivos y los muertos comparten espacio. Y los vivos siguen con sus cuitas, sus rollos, sus crímenes, sus trabajos mal pagados, sus engendros políticos, sus manipulaciones, sus miserias, sus vidas vulgares e irrelevantes, sus circunstancias peculiares, sus emociones descontroladas, sus ambiciones ridículas, sus batallitas, a pesar de todo. O precisamente a causa de todo. Por todo. La idea es tan simple como preguntarse –y responderse- qué pasaría si en el mundo, además de todo lo que hay, hubiera zombis. Qué ocurriría si hoy, ahora mismo, los muertos regresaran.

Conviene que os vayáis olvidando del rollo Soy leyenda. De las calles vacías, repletas de coches abandonados y silencio, de los comercios vacíos. Esa movida construida para atemorizar una generación que vivía sumida en la paranoia de la Guerra Fría y que, por ello, todavía creía que el holocausto nuclear sucedería diez minutos después de cualquier cosa. Ni caso. Si en el mundo hubiera zombis sucedería simplemente que estarían ellos, y nosotros, y habría que compartirlo bien fuera de mala gana evitando, en la medida de lo posible, que nos dieran un mordisco en el trasero. Biedma lo entiende, lo sabe y lo cuenta… Y yo le creo porque me parece lógico, coherente y aceptable.

No esperéis errores en el texto de Biedma. No hay fraudes y tampoco argucias tramposas para confundir al lector. Ni se trata de explicar porque los zombis existen –igual que tampoco hay por qué explicar la razón de la existencia de los carteros o de los funcionarios. Simplemente son. Están. Funcionan y así hay que tomarlo. Tampoco hay finales felices o falsas esperanzas porque cuando el mundo es una mierda, no puede haberlas y sería de tontos inventárselas. Quienes habéis leído a Juan Ramón Biedma –que vive sumido en sus misterios de sabor gótico- sabéis que en sus radicales historias no caben los opios del pueblo. Solo la literatura, la magia de la palabra desplegada por doquier, una inundación de arte.

Antirresurrección es una novela transgresora y salvaje que marcará tendencia y que hará a muchos supuestos escritores “de género” –me incluyo el primero, quede constancia- replantearse su futuro profesional. Muy difícil va a ser escribir sobre determinados temas a partir de ahora. Una perla esta novela que bien harán sus publicantes en manejar con cuidado y mimo para no negarle el derecho –bien merecido- a ser todo un superventas.

El futuro ha venido… No digáis que nadie os lo advirtió.


Dolmen, 2011
Compra en Estudio en Escarlata

Francis P. Fernández

Febrero de 2011


   

1 comentario:

Anónimo dijo...

Querido Francis: no me convertí en empleado público por la mordedura de un funcionario. Tampoco me atacó un cartero, te lo puedo asegurar. Me costó tres años de duro e intenso trabajo intelectual, horas sin salir a la puerta de la calle y decenas de cajas de antiácido para calmar el ardor de estómago producido por el estrés. Eso sí que fue una historia de terror. Ahora a disfrutar del libro.
Saludos.