Una conversación del Círculo Holmes con Alberto López Aroca (II)

En la segunda parte de la conversación Alberto López Aroca repasa con el Círculo Holmes sus sorprendentes ensayos holmesianos contenidos en el Cuaderno de Bitácora de Matilda Briggs y “Sherlock Holmes y lo outré”

Para leer la primera parte, click

      
 En la recopilación de tus relatos Nadie lo sabrá nunca,(Los libros de Fábulas Extrañas, 2005), se incluye “El problema de la Pequeña Cliente”, un delicioso cuento escrito muy canónicamente. Es, creo, la única vez que “tomas la voz” literaria del Dr. Watson con notables resultados).

Calzarse las zapatillas viejas
Es lo que te decía de calzarse las zapatillas viejas; “tomar la voz” de Watson es una experiencia que toda persona, y ya no digo escritor ni holmesiano ni nada, debería hacer al menos una vez en la vida.

“La pequeña cliente” es un cuento bonito, cierto, pero también es una humorada que no cuadra del todo con el resto de mi producción sherlockiana, precisamente porque da la sensación de que Watson queda al margen de lo que realmente sucede durante el caso, e incluso le da ese aire tontorrón que a mí no me termina de convencer. El título, por cierto, es el mismo que el del primer episodio de la serie de Sherlock Hound que se emitió en España. Un guiño más, como de costumbre.


Además, con este cuento se da inicio a una constante en tus escritos holmesianos : la búsqueda de una conexión entre el Canon y lo “outré”.


Es que esa conexión ya existía en el Canon. “Lo outré” es la expresión con que Holmes denominaba a sus casos más esperpénticos como, por ejemplo, “La liga de los pelirrojos”.

En lo que respecta a  casos verdaderamente outré, o que rozan el mundo de lo oculto, lo paranormal, lo sobrenatural, la criptozoología, etc., hay diversos ejemplos en el Canon, como “El hombre que reptaba”, así como muchas referencias a  “Casos Mencionados Pero No Contados”: Phillimore, la Sanguijuela Roja, la Rata de Sumatra, y un largo etcétera.

En mi opinión, “La pequeña cliente” se acerca mucho a lo outré, pero se aleja demasiado del Canon... Si hubiera de existir un “Canon Sherlockiano de Alberto López Aroca”, ese relato quedaría fuera de cronologías, como una “historia imaginaria”.

En “La Pequeña Cliente recuperas a la sinpar Mary Poppins, ese maravilloso (y desconocido) personaje; desfigurado por la, por otra parte excelente, versión Disney ...


    
En su día, cuando empecé a escribir el relato, me estuve informándome acerca de Pamela Lee Travers, la creadora de Mary Poppins, y descubrí que se le atribuían ciertos contactos con satanistas, nada menos... Al parecer, conoció a Gurdjieff en 1938, y estaba interesada en el ocultismo y esas cositas tan curiosas... Me llamó la atención de que un personajillo tan simpático como la niñera buena y mágica pudiera tener un trasfondo mucho más siniestro que el de la versión Disney...

Me sentí tentado de tirar por ese camino en el relato —habría sido interesante presentar a Mary Poppins como una versión moderna de la bruja Baba Yaga, y quizás lo haga alguna vez—, pero al final decidí ser algo más simpático y aprovecharme de la bondad de corazón de los sherlockianos...

De vez en cuando, hay que dejar a un lado las torturas, crímenes y desmembramientos, y arrancarle al público una sonrisilla.

El cuento iba a formar parte de una antología holmesiana coordinada y editada por ti ...


La antología fue uno de esos proyectos que no llegó a fraguar del todo. El título previsto iba a ser Cox & Company, por aquello de la cajita de Watson. Y se escribió cierta cantidad de material: Había una novela de mi amigo Francisco Alfaro Tercero, en tres partes, y protagonizada por Holmes y por una versión decimonónica del cazador de psicópatas Rafael Núñez (uno de mis personajes) titulada se titulaba El peor amigo de Sherlock Holmes . Era un texto muy, muy revisionista —demasiado, quizás— y bastante disparatado, que a mí me gustó mucho. También contaba con El crimen protector , un pequeño poemario de Julián Cañizares Mata, (escrito después de ver Grupo salvaje de Pekinpah, ¡agárrate a las mantas!) y, si no me equivoco, los dos relatos holmesianos de Juan García Rodenas, el ya citado de “La guerra del doctor Watson” y “La aventura del magnicidio resuelto”, ambos publicados en el volumen Antes de Baker Street. La idea era, además, incluir los pastiches en castellano que andan por ahí sueltos: el de Juan Perucho, el de Torrente Ballester, el de Néstor Luján, el poema de Borges... la cosa al final no cuajó. Aunque no me importaría retomar el proyecto si tuviera a algún editor que me respaldase. En fin, tiempo al tiempo...


También incluyes en Nadie lo sabrá nunca dos relatos (“La extraña colección de Sebastián Morán” y “El candor del Padre Hacha”) ambientados en la España actual y pertenecientes a la serie de otro de tus personajes, Rafael Núñez, el cazador de psicópatas, en los que rindes un nada disimulado homenaje a otro de tus personajes favoritos del Canon: el coronel Sebastian Moran...


Bueno, es que Rafael Núñez nació como una versión actualizada de Sherlock Holmes, y no es extraño que en su primer relato oficial recurriera al nombre del viejo shikari, el coronel Moran, que en efecto, es uno de mis favoritos, sí. Un guiño más, para mi colección de homenajes.


 “¿Cree usted que el señor James Phillimore pudo salir de su casa volando? – me dijo Sherlock Holmes una mañana de abril...” es la frase con la que inicias “La Pequeña Cliente”; y habrá que retroceder y acudir a Los Espectros Conjurados (Biblioteca Baskerville, 2004), tu libro, en mi opinión, más personal y reflexivo o meditabundo, en el que se incluye el ensayo El caso del paraguas olvidado en el que sigues el rastro del paraguas a través de la literatura holmesiana para acabar en ¡Nietzsche! Y en la promesa de una narración que lo aclare (o enrede) todo...


Vaya, no recuerdo haber prometido nada... tendré que mirarme el libro, a ver qué disparates dije... Pero sí, aquello parece que llevaba a Nietzsche, y era por una referencia en Espolones, un libro del filósofo Jacques Derridá, ¿no?

Y si, tengo en mente al señor James Phillimore, estoy trabajando en un proyecto de cómic con Luis Miguez, El ídolo de roca negra, donde aparece nuestro señor Phillimore... la cosa va despacio, porque ahora voy muy justo de tiempo y horarios... Si quieres una pista, échale un vistazo a la cubierta, precisamente, de Los Espectros Conjurados, que tiene un interesantísimo dibujo de mi gran amigo Sergio Bleda... El tipo al que retrata es Phillimore, por supuesto.


En 2006 publicas Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs, un delicioso cuadernillo cosido a mano con una contraportada que reproduce el “Agony Column” de los periódicos de la época con el que da la impresión que te das “el gustazo” de incluir anuncios irresistiblemente canónicos:“Libros de ocasión El Viejo Raro”, “Viaje a Oriente con Sigerson, notable explorador noruego”, “Extraviado cachorro de dogo. Se asusta ante el sonido de violines”.


Noticias del mundo
Los anuncios fueron lo más divertido de todo, sin duda. Creo que casi todos hacían referencia a los diversos disfraces que Holmes utiliza en el Canon, no creo que estén todos, pero casi... por cierto, sobre los diversos personajes que Holmes encarna en el Canon, hay un estudio muy interesante de Marvin Kaye.

El Cuaderno... fue un experimento que nació cuando cayeron en mis manos cuatro ejemplares de la serie original- la de los años 40 - del Baker Street Journal. Esos libritos son la cosa más bonita que he visto en mi vida, y los estudios holmesianos que recogen representan el más puro espíritu sherlockiano.

Así, el Cuaderno... está realizado a imitación (pobre imitación) de aquellos volúmenes, y me lo autoedité en plan “yo me lo guiso, yo me lo como”, porque tampoco se me ocurrió que a ningún editor le fuera a interesar. El aspecto artesanal es un capricho, para darle un poco de encanto al volumen... y creo que lo tiene, ¿no?

El primer volumen recoge las primeras entradas de mi blog (más algún inédito), y resultó sorprendente encontrarme con que los sherlockianos estaban encantados de adquirir un producto que, en realidad, ya estaba casi todo disponible en la Red de Redes. Fue una experiencia muy gratificante, y la verdad es que me gustaría ver más productos como ese en las tiendas, especializadas o no.


El Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs es toda una declaración de principios de tu militancia en la corriente literaria llamada “Mitología creativa”.


Es curioso que digas eso, cuando en realidad quería ser una declaración de principios sherlockiana, y un homenaje a los Irregulares norteamericanos que fundaros el BSJ. Aunque también es verdad que fueron ellos los que sentaron las bases de la mitología creativa moderna al introducir en el campo de la especulación sherlockiana a personajes externos al Canon, como Drácula, Tarzán, El Prisionero, y otros muchos. Philip José Farmer (quien acuñó el término mitología creativa) retomó muchos de esos conceptos para construir el Universo Wold Newton, y los desarrolló hasta extremos que rozaban la locura... Una maravilla, aquello.


En el libro abordas el problemático (des)encuentro de Jack el Destripador (o el Salsitas) con el detective consultor y reivindicas tanto las tesis mantenidas por la extraordinaria Asesinato por Decreto y From Hell de Alan Moore (otra de tus grandes influencias), como una verídica (y documentada) teoría...


Es que las teorías de Asesinato por decreto y From Hell parten ambas del libro de Jack Knight, The Final Solution (título que tiene reminiscencias sherlockianas, por cierto). Y aunque la obra de Knight se pierde un poco, en mi opinión demuestra que sí que hubo conspiración, y que la Casa Real británica estuvo metida en el ajo. Me consta que, posteriormente, se ha intentado desacreditar el trabajo de Knight, pero a mí eso me suena a cuerno quemado, para qué te voy a decir otra cosa...
Y también te diré que si Sherlock Holmes intervino en el asunto del Destripador, lo hizo de un modo muy parecido a como se refleja en Asesinato por decreto, eso también lo tengo claro.


Por cierto, la pareja Christopher Plummer y James Mason son unos extraordinarios detective y doctor...


Son los mejores, y punto. Así lo veo yo.


El lector del Cuaderno... se enterará también de la relación —y actividades— de los agentes del Club Diógenes entre quienes se incluye a Charlie Marlow (el protagonista de varias novelas del gran Joseph Conrad, entre otras, la excepcional El Corazón de las Tinieblas), que es sujeto de una carta de Fu Manchú a Mycroft Holmes...


Ahí sí que entré de lleno en mi vena mitográfico creativa, aunque creo que en los tres casos que menciono (Marlow, Peachey Carnehan y Daniel Dravot —de Kipling— y John Clayton —el padre de Tarzán—) la cosa está bastante bien justificada, ¿verdad?

La carta de Fu Manchú es una de esas humoradas negras que tanto me gustan, sí. Me encanta el personaje, que por cierto, está basado en un individuo real, un criminal que estuvo en activo en París hacia 1906, un tal Hanoi Shan, que se hacía llamar L’Aragne (La Araña). Sin embargo, las novelas de Sax Rohmer no me agradan demasiado: consiguió crear un icono inmortal, un súper villano, heredero de Moriarty, pero los relatos originales a mí no me enganchan. Aunque hay que admitir que Cay Van Ash hizo un trabajo estupendo en su Ten Years Beyond Baker Street, que aquí se tituló Sherlock Holmes contra Fu Manchú. Alguien debería reeditar ese pastiche.


En 2007 publicas Sherlock Holmes y lo Outré, un nuevo cuadernillo al estilo del Cuaderno de bitácora..., en el que reúnes ensayos aún más sugerentes y vuelves a explorar la conexión outré del Canon


Sencillamente, quería hacer otro volumen, pues tenía un puñado de ideas sobre diversas conexiones canónicas con temas bastante outré. Creo que es un volumen bastante aparente, y del que tengo pensado realizar alguna que otra continuación. Aunque ya veremos...


Me parece extraordinario cómo desarrollas el verosímil vampirismo de Lady Frances Carfax y su encuentro con el mismísimo Conde Drácula...


   
Pues muchas gracias, a mí también me gusta cómo quedó aquella piececita sherlockiana. La pista estaba en un ensayo de Kelvin I. Jones que a estas alturas aún no he podido leer, The Carfax Syndrome. Al releer “La desaparición de Lady Frances Carfax” y encontrar detalles tan sugerentes como el entierro en vida de una dama, pues en fin, las conexiones se hicieron más y más evidentes con el vampirismo. Las fechas cuadraban, y estaba la referencia al “Viejo Abrahams”, que evocaba la figura del doctor Abraham Van Helsing.

De hecho, yo casi me atrevería a pensar que Doyle acababa de leer (o releer) la novela de Stoker cuando escribió su relato... aunque esto está más allá de toda demostración, claro.


También explicas los porqués del gusano de Isadora Persano, hilvanando las obras de autores tan (sólo en principio) dispares como Philip José Farmer (otro de tus maestros) o C.C. Beck (el autor de los deliciosos cómics del Capitán Marvel o Shazam).


Es que el misterio del “gusano desconocido para la ciencia” es, probablemente, mi favorito, y ha despertado la imaginación de montones de autores. Las referencias en la obra de Farmer son explícitas (en Escape de Loki y en “El problema del puente dolorido”), y lo de C.C. Beck y su Mr. Mind, el gusano inteligente de Venus, era, sinceramente, demasiado bueno como para dejarlo pasar.

Estos dos autores, a su manera, poseen el espíritu literario o narrativo o creativo o llámalo que mejor te parezca, que a mí me interesa: el de la ausencia de prejuicios. Me maravilla la naturalidad —que no ingenuidad, como se empeñan en subrayar algunos— con que Beck trazaba sus historias. ¿Un gusano extraterrestre parlante? ¡Pues claro que sí! Y Farmer... bueno, Farmer nunca tuvo problemas en cruzar los caminos de Holmes y Tarzán, por ejemplo... y con naturalidad, como si aquello fuera lo más normal del mundo. Cuando uno trabaja en el terreno de la ficción, puede permitirse el lujo de utilizar a personajes más o menos “terrenales” y especular sobre lo que sucedería si se encontraran con problemas ya no diré sobrenaturales, sino aparentemente absurdos y disparatados... El caso del gusano, una auténtica “historia no contada por Watson”, es uno de ellos.


Aunque nada iguala en disfrute e imaginación al maravilloso texto  que titulas “Algunos derivados de alquitrán”, un apócrifo veraz en el que coinciden Thomas Carnacki y Sherlock Holmes para desvelar a “Los pitufos negros” de Peyo (extraordinaria obra del cómic europeo antes de ser desfigurado por ñoñerías y merchandising).


Por ahí, por ahí iba yo, ¿sabes? Decía Alan Moore en alguna parte que “si algo es impensable, escríbelo”. ¿Los Pitufos conocen a Sherlock Holmes? ¡Había que hacerlo, leches! Y como tú dices, el resultado yo creo que es bueno y no resulta tan chirriante como podría haber parecido a priori.

Y es que los Pitufos son lo mejor del mundo, ya te lo digo yo. Para aquellos que no se han acercado a los álbumes originales de Peyo y Delporte, los Pitufos son unos enanitos ñoños, como tú dices, que cantan bakalao en los discos de “Lo mejor del verano”... y eso en el mejor de los casos. En realidad, aquellos primeros álbumes estaban compuestos con unas dosis de maldad sibilina que harían temblar a nuestros modernos censores, amigos de los “polícamente correcto”.

Los pitufos negros” es una historia de zombis (o de vampiros) que da verdadero pavor, la historia de “La pitufita”, si la leyeran algunos de nuestros políticos, acabaría en la hoguera por su incorrección, su sinceridad y su mala virgen, y “El pitufísimo”... bueno, “El pitufísimo” es un V de Vendetta para niños, ¿sabes? No he visto otro análisis mejor de cómo funciona una democracia —que es inevitablemente corrupta y está abocada al fracaso—, y cómo de ahí se llega a la tiranía y al fascismo.

“El pitufísimo” comienza cuando el Gran Pitufo se marcha de la aldea para hacer un viaje y les pide a los pitufos que ellos mismos se organicen durante su ausencia. Los pitufos deciden hacer elecciones para ver quién se queda de jefe. Y claro, a la primera vuelta, todo el mundo se ha votado a sí mismo. Entonces, cuando se vuelven a convocar elecciones, un pitufo (yo lo llamaría “el pitufo cabroncete”) decide realizar promesas electorales a cambio de votos... y gana. Y cuando, como nuevo jefe, comienza a incumplir sus promesas, los pitufos se mosquean y envían al “pitufo fuertote” para que le dé una buena paliza. Esa es una gran escena: El pitufo fuertote entra en casa del pitufísimo, y todos esperan, expectantes, a ver qué ha sucedido. Entonces, la puerta se abre, y aparece el pitufo fuertote y el pitufísimo, que dice: “Os presento a mi jefe de policía”.
Alucinante...

Por cierto, en el Cuaderno anuncias la publicación de Sherlock Holmes y el Ojo en el Laberinto. ¿Qué nos puedes contar de este proyecto?

Pues que llevo escribiéndolo desde 1996, que está casi terminado, y que espero que salga a la luz más pronto que tarde. Es un “Sherlock Holmes y los Mitos de Cthulhu”, narrado, por cierto, con la voz de un Watson más auténtico que nunca. Lo llevaba muy bien encaminado hace unos años, pero coincidió que por esas fechas salió a la venta la excelente novela de Rodolfo Martínez Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos, y me dije: “Mejor te esperas a terminarla en otro momento”, porque si la movía por editoriales, no quería caer en agravios comparativos ni rollos raros. Así que, quizá ahora sea el momento de ponerle un punto y final y sacarla al público. Creo que es el Holmes más Holmes que he escrito nunca.




 “Cuaderno de Bitácora del Matilda Briggs” da nombre a  tu página (http://sherlockholmes.lacoctelera.net), donde ejerces, desde 2006, el holmesianismo en la red, y  en la que abordas temas tan variados como la relación entre Pinocho y Sherlock Holmes (que también trata Jaume Gabaldá en sus Novísimas Aventuras de Sherlock Holmes publicadas en el Jezail Bulletin del Círculo Holmes); la recuperación de Rancho Drácula —un olvidado western de González Ledesma— o despliegas tu faceta de “cartoonist” victoriano con los Steamgags...


Mi blog es donde mis ensayos sherlockianos y mitográfico creativos tienen un espacio donde caer muertos. Y la verdad es que no funciona del todo mal. Desde que lo fundé, hace ya años, la cosa ha tenido sus altibajos, sobre todo porque no siempre puede uno tener la producción que desearía, pero en fin...

No sabía que Jaume Gabaldá había escrito sobre Pinocho y Holmes, me gustaría mucho ver ese trabajo... Y con respecto a cosas como la recuperación de Rancho Drácula y otros aspectos, pues bueno, ya ves que al final, el Cuaderno de bitácora se ha convertido en una especie de cajón de sastre para todos mis caprichos y para airear cositas que no podrían ver la luz de otro modo... y también para publicitar mis trabajos y los de mis amigos, claro.


El pasado verano publicas Candy City con la editorial Ilarión, una novela-homenaje sin remilgos al gran Jim Thompson, narrada con el descaro, crudeza y sarcasmo del gran autor estadounidense y que, ambientado en una “boom town” estadounidense de principios del siglo XX, narra las actividades de la mafia primeriza desde la perspectiva de un sicario...


    
Y te olvidas de mencionar las fantásticas ilustraciones y la portada de Sergio Bleda, que son acojonantes.

Pero bueno, Candy City es un ejemplo de que “no sólo de Sherlock vive el hombre”, y que mis intereses literarios van más allá de Baker Street. Como debe ser.

Es una novelita dura, y escribirla me llevó más tiempo del previsto. Pero la verdad es que no para de darme alegrías. Considero que es un buen trabajo, y como homenaje no sólo funciona para Thompson, sino también para Hammett, para Donald Westlake, y para los clásicos de la serie negra que a mí más me interesan. No es una novela policíaca o negra al uso, sino una cosa un poco distinta...


En la novela rescatas a Fred Porlock, uno de los más enigmáticos personajes del Canon, como un implacable ejecutor...


Es que, aunque no sea una obra sherlockiana, no pude resistirme a meter alguna referencia canónica. De hecho, Porlock es mi personaje favorito en Candy City.


La identidad de Fred Porlock es uno de los problemas más debatidos del Canon. Se ha argumentado que es uno de los tres hermanos Moriarty, Watson, un esbirro innominado o, incluso, ¡la propia Sra Hudson! ¿Cuál es tu opinión?


Hay incluso más teorías. Al principio de los tiempos, Ronald Knox hablaba de Mycroft, y... Ahora que lo pienso, empecé a escribir un articulillo sobre el tema, e intenté reunir las diversas teorías. En la lista de “sospechosos” también estaba la señora Forrester, el mismísimo coronel Moran, y hasta Arthur Conan Doyle, no te lo pierdas... Cualquier día de estos dirán que Porlock era Toby, el sabueso al que Holmes recurría de vez en cuando.

Yo creo que Porlock era el mismo tipo que aparece en Candy City, una especie de entidad que roza lo sobrenatural, y que anda entrando y saliendo de imperios criminales como Pedro por su casa.

En cualquier caso, nunca sabremos la verdad... si es que hay una verdad, claro.


El personaje de Fred Porlock procede de El Valle del Miedo, una novela injustamente olvidada o ignorada  que, en mi opinión, que es una de las grandes aportaciones del Canon. Es una novela “pulp”, una novela negra antes de que esos términos existieran. El argumento que cuenta de un infiltrado en una organización mafiosa (la segunda parte de la novela) es Hammett antes de Hammett; la resolución del caso por miembros de varias fuerzas policiales es un “police procedural” mucho (pero que mucho) antes de que se inventase el término...


¿Y qué quieres que te diga? Pues tienes toda la razón del mundo, claro que sí. Conan Doyle no sólo se inventó el relato detectivesco moderno, sino que también inventó —o fue precursor— de la serie negra o del relato policial, casi del criminal. En Estados Unidos se reeditó recientemente “El valle del terror” dentro de la colección HardCase, donde están rescatando cosas de Westlake, Himes, y otros muchos autores de la serie negra más dura.

Los críticos “serios” no han tenido nunca en gran estima a Conan Doyle, supongo que por culpa de Sherlock Holmes, o porque no han leído el Canon, o porque están demasiado ocupados sacándose las pelotillas del ombligo. Doyle inventó todo esto, y también la novela de aventuras y fantástica moderna (piensa en la ejemplaridad de El mundo perdido, y en todas la imitaciones que ha tenido detrás), y aunque no soy un experto en el terreno, creo que su concepto de “novela histórica” también iba un paso por delante de sus contemporáneos y se aproxima más al modo en que hoy día se hacen este tipo de obras.

Umberto Eco le rindió homenaje, y también George MacDonald Fraser, y Stephen King, y Alan Moore, y Neil Gaiman... Los más grandes han leído a Doyle, y le han rendido tributo de un modo u otro, porque es una influencia ineludible para cualquier autor. Eso, a estas alturas, debería significar algo. Pero sigue sin tener el reconocimiento que merece.

Por otra parte, ¿a quién coño le importa que la crítica académica lo reconozca? A mí, por lo menos, no. Y supongo que en el fondo, Conan Doyle se limpiaría las lágrimas con libras y dólares...


La segunda parte de la novela, basada en hechos reales, se filmó  como Odio en las entrañas (The Molly McGuires, 1969) una extraordinaria película, con unos gigantescos Sean Connery y Richard Harris, hoy olvidada...


Si, la historia de los Chirrioneros (Scowrers) de El valle del miedo está basada en la historia real de los Molly McGuires,. De hecho, el personaje real —que tiene su equivalente holmesiano en Edwards “El Pajarraco”— aparece en la serie de novelas de El Mundo del Río de Philip José Farmer como un maestro del espionaje y la infiltración. Y sí, la película es una obra maestra. Y eso que hace tiempo que no la veo...

¿Qué te costaba?

Fin de la Segunda parte. Para leer la tercera parte, click



Una entrevista de Jabez Wilson (Luis de Luis Otero) 
para el Círculo Holmes

   

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