Una conversación del Círculo Holmes con Alberto López Aroca (I)

Una de las vertientes de la obra literaria de Alberto López Aroca es la dedicada a Sherlock Holmes. Con motivo de la publicación de Sherlock Holmes y los zombis de Camford (Dolmen, 2010) y su presentación en Madrid (viernes 21 de enero en la librería Estudio en Escarlata) hemos conversado, largo y tendido, con el autor sobre su larga y fructífera relación como crítico, autor  y lector con el detective consultor

   

En esta primera parte de la conversación, López Aroca habla, sobre su fascinación inicial con el personaje, la creación de “Estudio en Esmeralda” (su primer “pastiche”) y la extensión y alteración del Canon



En el “Post Scriptum” de Nadie lo sabrá nunca (Los Libros de Fábulas Extrañas, 2005) admites, orgullosa y rotundamente: “Soy un friki de Sherlock Holmes”. ¿Cuándo “conociste” a Sherlock Holmes? ¿En qué momento te diste cuenta de que la afición “iba a más” y que te habías convertido, por usar tus palabras, en un “friki”?


Lo conozco de siempre
La verdad es que tengo la impresión de haber conocido a Holmes de toda la vida, ¿sabes? Mi padre tenía, junto con sus novelas del Oeste, del El Coyote, de ciencia ficción y demás, un ejemplar de Reaparece Sherlock Holmes de Molino (la edición de 1966, en concreto), y creo que fue el primer Conan Doyle que cayó en mis manos. Recuerdo hojear el libro con fascinación, y cuando vi aquellos monigotillos que aparecían en algunas páginas, pensé: “¿Pero esto qué es?” Eran fascinantes; por supuesto se trataba de “La aventura de los bailarines”, pero yo entonces no lo sabía. También por aquellas fechas (pensemos que debía ser el año 1982 u 83, y yo tenía seis o siete años) se emitió una noche por televisión Asesinato por decreto de Bob Clark, que en mi opinión es la mejor película que se ha hecho sobre el Maestro, y probablemente sobre Jack el Destripador. Esa película me mató, y creo que fue el verdadero desencadenante de mi afición. (Tendría narices que la culpa de todo esto la tuviera un pastiche cinematográfico, ¿verdad?)

Esta es su nueva aventura
Conseguí que mi hermano Daniel me comprara la edición de Molino de El sabueso de los Baskerville y un Estudio en escarlata de Bruguera (creo que los leí en ese orden). Y ya quedé enganchado, claro.

Creo que fui consciente de ser un “friki” (aunque yo entonces no habría utilizado esa palabra, porque no existía) cuando empecé a grabar en un radiocasete los audios de la serie de dibujos de Miyazaki, la de Sherlock Hound, y escuchaba una y otra vez las cintas antes de dormirme. Si lo piensas ahora, cuando tenemos acceso a reproducciones de lo que sea bien a través de Internet, bien  en la tienda de la esquina, y es de locos lo que yo hacía... Pero es que por aquel entonces, las cintas vírgenes de vídeo costaban un riñón, y no olvidemos que yo era un niño. Por aquel entonces mi hermano me regaló Las memorias y El archivo, (también en ediciones de Molino, que se vendían a través del catálogo de Discoplay, nada menos).... Moriarty no era el mismo payasete simpático (¡ja, je, ji, jo, ju!) de la serie de Miyazaki, eso estaba claro...

¿Cuáles son tus narraciones favoritas del personaje y por qué? Y viceversa, ¿cuáles son las historias que no te gustan y por qué?

Quizá mi favorita sea El sabueso ..., y supongo que se debe a la artimaña literaria de hacer que Holmes desaparezca de la historia al poquito de arrancar la novela. No sabría decirte si es la historia más redonda del Canon, pero sin duda, para mí es la que más encanto tiene, pues posee un puntillo de terror y de aproximación a lo sobrenatural que siempre me ha gustado. Además, aquí queda bien claro que Watson no es ningún panoli, en contra de lo que el mundo del cine se ha empeñado en demostrar durante cien años.

Aquí empieza todo
Y luego, claro está, tenemos Estudio en Escarlata, que tiene el mérito de ser la primera historia de Holmes, y cuyo comienzo es un verdadero manual literario de cómo presentar a dos personajes... Por cierto, que me parece curioso que el encuentro en el Hospital de San Bartolomé entre Holmes y Watson sólo se haya llevado a la pantalla (hasta donde yo sé) en la nueva serie de televisión, Sherlock, que tanto gusta a los aficionados.

Mi historia canónica “menos favorita”, por decirlo de algún modo, es “El problema del puente de Thor”, porque la resolución con toda esa zarandaja del puente, la pistola y la cuerda y la piedra me parece, sencillamente, una tontería y una mala idea. Personalmente, no me puedo creer que Doyle le dedicara más de cinco minutos al argumento. Eso sí, por otra parte, es en dicho relato donde Watson menciona la existencia de la famosa cajita guardada en la banca Cox & Company de Charing Cross, y los famosos tres casos que Holmes no pudo resolver (el cúter Alicia, James Phillimore, y Persano y el gusano desconocido). Aunque solo fuera por eso el cuento merece la pena, pero por poco más.

A lo largo de tu carrera literaria has desarrollado (y saciado) tu “holmesianismo” en tres vertientes: Como crítico y divulgador; como literato y como ensayista sobre diversos aspectos del Canon...


Hombre, es que el “holmesianismo”, como dices tú, tiene muchos niveles literarios: Se puede tratar a Holmes como personaje de ficción, y también como figura histórica, más luego su relación con otros personajes. Podemos hablar del Canon, esto es, de los defectos y virtudes que posee la obra de Conan Doyle. Y luego, desde dentro, partiendo de la base de “jugar el juego”, esto es, que Sherlock Holmes fue un personaje real, el análisis es muy distinto y mucho más divertido que las superficiales diatribas literarias académicas: Las propuestas para conciliar los problemas y contradicciones de los textos de Watson (las fechas, localizaciones, pasado de los personajes, etc.) dan pie, por supuesto, no sólo a artículos especulativos, sino también a nuevas obras que intentan explicar todas esas contradicciones y conexiones.

De hecho, no es raro que los autores se basen en ensayos sherlockianos previos para realizar sus pastiches: Por ejemplo, Philip José Farmer desarrolló en The Other Log of Phileas Fogg una idea del profesor H.W. Starr, y si tomamos la biografía que escribió William S. Baring-Gould (que podemos tomar como un largo ensayo con ínfulas literarias), nos encontramos con que muchísimos autores pasticheros han tomados estas especulaciones (que por cierto, se basaban en otras muchas especulaciones) para escribir montones y montones de pastiches.

Por cierto, que no me parece buena idea tomar a Baring-Gould como “palabra de Dios”, pues no es el Canon. Pero admito que resulta mucho más cómodo utilizarlo como libro de cabecera, que andar releyendo las sesenta historias oficiales una y otra vez. No obstante, yo recomiendo ir a las fuentes.

A por cadáveres (Los Libros de Fábulas Extrañas, 2003) incluye la novela Estudio en Esmeralda, uno de tus primeros acercamientos al personaje. que reproduce la estructura de la inolvidable Estudio en Escarlata para contar una novela de ciencia ficción...

Cajas chinas
Es que la estructura de Estudio en Escarlata es muy interesante, pues plantea la vieja idea de la “historia dentro de la historia”. Aunque bien mirado, en Estudio sucede que no está muy claro cuál es la historia que está dentro y cuál es la que está fuera (me refiero a que en realidad, Doyle realizó un sencillo ejercicio de desordenamiento cronológico), y esa ambigüedad la hace más atractiva. Conozco a varias personas que cuando concluyeron la primera parte de la obra, la del “Extracto de las memorias de John H. Watson, M.D.”, abandonaron la lectura pues pensaban que el relato había terminado, porque lo que venía detrás era una especie de novela del Oeste.

Mi Estudio en Esmeralda es un homenaje sincero no sólo a Conan Doyle y sus personajes, sino también a esa estructura, que prácticamente calqué punto por punto. Incluso hice algún que otro juego de palabras con los títulos de las partes y los capítulos, si no recuerdo mal... En cuanto al proceso, es una de las pocas obras en las que he trabajado con un esquema previo de capítulos y argumento, y así la pude escribir en diez días de septiembre de 1996, mientras estaba enfermo de varicela... No obstante, el final no estaba previsto, y a mí me parece sorprendente y satisfactorio, la verdad. También es cierto que hace años que no la releo, así que no sé cómo le habrá sentado el paso del tiempo...

En Estudio en Esmeralda el Dr. Watson como un hombre de acción e iniciativa...

En este caso no era “Watson”, sino “Walruss”, que en la primera versión de la novela, la que se publicó en dos entregas del fanzine Fábulas Extrañas, tenía un nombre mucho más absurdo e impronunciable (algo así como “Wok’trupf”, creo). Bien, pues Walruss, como Watson, era un veterano del ejército, un hombre valiente y decidido. Creo que el Watson de Holmes también era así, y eso se transluce constantemente en los textos del Canon, cuando empuña su Webley y se marcha a los bajos fondos con su amigo. Nunca fue un gordito simpático y tontorrón, sino un hombre de mundo, experimentado y supongo que algo viciosillo (lo digo por el juego y las mujeres) aunque, eso sí, honesto y fiel. Mi doctor Walruss también es un poco así, aunque en la novela deja claro que no se anda con chiquitas y tiene cierta tendencia a repartir estopa aquí y allá.

En Estudio en Esmeralda también aparece el Profesor Challenger, otro de tus “personajes fetiche”:..


Es que Challenger es la otra gran creación de Doyle, y no pude resistirme a realizar una versión “futurista” o “cienciaficcionera” del personaje, que en Estudio en Esmeralda se llamaba “Chaliengger”. Soy un pastichero impenitente, lo admito...

Sobre Challenger no hay tantos pastiches ni de lejos, pero de vez en cuando aparece alguna cosilla: Hay un “Challenger en el espacio” que no he podido leer, Ralph Vaughan escribió un “Challenger en las Tierras del Sueño de Lovecraft” y Juan Perucho utilizó el final de El mundo perdido (todo aquello del pterodáctilo suelto en Londres) como base para el inicio de su pastichera novela La Guerra de la Cochinchina. Yo mismo utilicé a Challenger en un relato que se titula “Los sabios en Salamanca”, en el que los protagonistas son el mismo Challenger y el profesor-doctor Van Helsing. Y luego hay diversos crossovers entre Holmes y el profesor, por supuesto, uno muy antiguo que se titula “La pisada en el techo”, o algo por el estilo, y varios sobre La Guerra de los Mundos...

Por cierto, Neil Gaiman te “copió” el título de Estudio en Esmeralda con “A Study in Emerald”, su aportación a Sombras sobre Baker Street, el libro colectivo que homenajea a Lovecraft y a Conan Doyle...


Estoy seguro de que el señor Gaiman jamás ha posado sus ojos sobre A por cadáveres o sobre los dos fanzines donde apareció originalmente mi Estudio en Esmeralda. Es, sin duda alguna, una de esas coincidencias cósmicas que suceden de tanto en tanto. En su momento, cuando pensé en escribir la novela, intenté encontrar un color que sonara a “scarlet”, que tuviera la misma resonancia, las mismas sílabas, para que el título sonara igual... y la elección inmediata fue “emerald” (el verde es mi color favorito, por cierto). Lo mismo debió sucederle a Gaiman. Está claro que a todos los tontos nos da por lo mismo...

Por otra parte, el relato de Gaiman (que por cierto, conserva la “A” de “A Study...”, cosa que no sucede en mi título) también es un pastichaco con referencias a otros muchos autores y personajes. Por ahí desfilan Drácula, el doctor Jekyll, los monstruos de Lovecraft, y muchos más. Es una historia breve y excelente, que la recomiendo encarecidamente. Y no lo digo por peloteo ni leches en vinagre. Es la pura verdad.

Ese tipo de mescolanzas literarias entre dos universos creativos muy definidos y distintos (como en el caso de Sombras sobre Baker Street) además de ser muy polémicas, suelen ser rechazadas por algunos aficionados. Tú no eres de la misma opinión, ya que ejerces de “woldnewtoniano”...


Hombre, yo diría que el rechazo, a priori, procede de algunos integristas o fundamentalistas que, por rechazar, rechazan cualquier cosa que no sea el Canon propiamente dicho. Allá cada cual, por supuesto; no seré yo quien le diga a nadie qué tiene y qué no tiene que leer.

Una prueba de lo que yo digo es que se siguen escribiendo “crossovers” de Holmes y otros personajes de las más diversas procedencias que no solo se publican, si no que en  algunos casos, hasta tienen buenas cifras de ventas. El caso que mencionas, el de unir Baker Street y los mitos de Cthulhu, encima es que está bastante justificado y ya se ha hecho en varias ocasiones anteriores a la antología que citas: Lovecraft, cuando era niño, montó una agencia de detectives (creo que se llamaba directamente Agencia Sherlock Holmes), un juego de chiquillos, claro. Además, en la obra de Lovecraft se nota cierta influencia de Doyle —sobre todo, curiosamente, de los relatos de Sherlock Holmes—: los cuentos de terror del Maestro de Providence no tenían como base las ideas sobrenaturales tradicionales (fantasmas, vampiros, hombres lobo, y demás topicazos), sino que su trasfondo era de pura especulación científica, esto es, seres extraterrestres que antaño poblaron la Tierra, y que de vez en cuando regresan gracias al brujo o culto malvado de turno, para darnos un sustito. En mi opinión que Lovecraft era, a su manera, un tipo muy racional. Y no nos olvidemos del punto de intersección entre los mitos de Cthulhu y el Canon sherlockiano: August Derleth y su Solar Pons, el trasunto holmesiano por excelencia. Así que todo esto de las mezclas y tal no me parece tan disparatado. Aunque claro, ¿qué voy a decir yo...?

Entonces, en tu opinión, ¿qué requisitos y características debe tener un buen pastiche holmesiano?


En otros tiempos te habría dicho que, para empezar, un buen pastiche tendría que estar escrito por Watson, pues es una voz cálida y cómoda, que suena a cosa familiar, casi como ponerse unas zapatillas viejas. Ahora ya no pienso así.

Mi amigo Juan García Rodenas escribió hace algunos años el relato La guerra del doctor Watson (incluido en el volumen Antes de Baker Street) y cuando me comentó el proyecto, le recomendé (iba a decir que casi le ordené) que lo escribiera en primera persona, con la pluma del doctor. Y no me hizo ni puñetero caso, e hizo bien, porque el resultado es una obra maestra. Resulta que escribir un pastiche sherlockiano en tercera persona funciona... si el autor es bueno. Y eso sirve para los cruces que decíamos antes.

Ahora bien, requisitos reales para un buen pastiche de Holmes: Pues creo que el autor debe empaparse bien, y no sólo de la información del Canon, sino del tono, el ambiente, determinada terminología, e incluso el lenguaje de la época. Los autores que escribimos en castellano lo tenemos un poco más difícil, pues tenemos que estar familiarizados con las traducciones tradicionales y en concreto con las expresiones antiguas, para conseguir dar un poco el pego y que la cosa suene a auténtica. Por ejemplo, en castellano, casi todo el mundo hace que Holmes y Watson se traten de usted, cosa que en inglés resulta inapreciable. Y si se hiciera de otro modo, al lector de habla hispana le resultaría extraño, de eso estoy seguro.

Por lo demás, una buena premisa es procurar ir más allá del original, esto es, no limitarse a contar “otro caso más”. Esto ha devenido, en muchos casos, en los pastiches revisionistas, esto es, los que alteran o son incompatibles con el Canon.

Algunos de ellos son excelentes, quizá los mejores pastiches que se hayan escrito nunca (estoy pensando en Elemental, doctor Freud de Meyer, y en Adiós, Sherlock Holmes de Robert Lee Hall, por citar un par de clásicos que a mí me parecen muy buenos), pero no es la línea pastichera que a mí me interesa producir, pues resulta muy fácil decir “¡Sherlock Holmes era un hombre lobo!”, o “¡Watson era un marciano de Barsoom!”.

 Me gusta jugar con la posibilidad de esos encuentros disparatados y aventuras inconcebibles para con el Maestro, y que al mismo tiempo sean compatibles con el Canon. Así, yo descarto al Holmes lobo y al Watson marciano.

Volvamos a Estudio en Escarlata; como todas las novelas de Holmes suelen considerarse —incluso por fervientes aficionados— de segunda categoría. ¿Qué te parece la novela?


Pues ya te he dicho antes que es una mis narraciones favoritas, así que... Pero no entiendo eso de “segunda categoría”. ¿Le pasa algo a la historia? ¿Faltan helicópteros de combate o algo así?

Una de las “culpas” que se le achaca a la novela es la inclusión de “El País de los Santos”; sin embargo, Consuelo Sanchidrián y Sandra Borreguero (las responsables de la reciente edición de Castalia) lo consideran un signo de modernidad narrativa...


A ver, a ver; ya he dicho que la estructura de la novela me gusta tanto que incluso la repliqué en Estudio en Esmeralda. Dicho esto, debo añadir que la originalidad del asunto es relativa: en cuanto a modernidad y complejidad formal de “historias dentro de historias”, me remito a clásicos anteriores como La piedra lunar de Wilkie Collins, que es una obra maestra de mucho cuidado y utiliza una estructura parecida, pero más compleja, que la de Estudio en Escarlata. Y la técnica en realidad es mucho más antigua: Échale un vistazo a Don Quijote, o El Conde Lucanor, o incluso al Calila e Dimna, y hablamos...

Mi teoría, en realidad, es que Conan Doyle quería escribir una novela histórica, y la disfrazó de relato detectivesco. Y si lo piensas bien, es lo que sucede con las cuatro novelas de Sherlock Holmes: El valle del terror remeda punto por punto la estructura de Estudio en Escarlata (entre otras cosas porque le funcionó bien la primera vez), y resulta que es una versión sobre un hecho histórico documentado; El signo de los cuatro se basa en hechos sucedidos años atrás en determinado contexto histórico y El sabueso de los Baskerville hace lo propio con una leyenda del siglo XVIII. Doyle nunca negó su admiración por Walter Scott y, como demuestra su amplia producción, su verdadera vocación era la de escritor de novelas históricas,

 “El País de los Santos” es, por otra parte, una novela corta excepcional, y una influencia más que evidente en ficciones como la celebérrima Único testigo y El Bosque de M. Night Shalayaman ...


Y Único testigo... ¿era aquella del niño mormón o amish, en la que salía Harrison Ford? Nunca se me habría ocurrido relacionarla con Estudio en Escarlata, la verdad, pero ahora que lo dices...

¿Leeremos alguna vez la recientemente descubierta Angels of Darkness en castellano? La crítica holmesiana lo está utilizando para reinterpretar el Canon; de hecho, la primera mujer del Dr. Watson ha pasado a ser Lucy Ferrier...


Pues estaría bastante bien que alguien la tradujera, sí. Yo no he tenido ocasión de leerla, pero tengo mucha curiosidad.

Ya en 1949, John Dickson Carr había tenido acceso al texto, tal y como se deja entrever en su Life of Sir Arthur Conan Doyle. Creo que Baring-Gould también le echó un vistazo, y lo utilizó para meter en Sherlock Holmes de Baker Street las referencias a una supuesta estancia de Watson en San Francisco, aunque creo que Gould no citaba Angels of Darkness en ninguna parte.

Si tomáramos al pie de la letra esta obrita de teatro, que Doyle escribió entre 1889 y 1890, nos meteríamos en un lío de narices, pues no deja de ser una versión teatral —según he leído por ahí— de algunas partes de Estudio en Escarlata; de ahí la inclusión de Lucy Ferrier.

Yo, personalmente, no me tomaría todo esto muy en serio, pues me parece que “canonizar” Angels of Darkness supondría cargarse Estudio en Escarlata, lo cual es un disparate. Pero quizá cambie de opinión cuando tenga acceso a la obra; texto que, dicho sea de paso, el mismo Conan Doyle descartó.

¿Qué opinas de una posible revisión del Canon? ¿estás en contra o a favor?

Últimamente he oído voces que proponen “revisar el Canon”, esto es, incluir obras de Doyle que no están dentro del Canon tradicional. Estoy hablando de este Angels of Darkness, las dos piececitas costumbristas sobre Baker Street, los relatos El hombre de los relojes y El tren especial desaparecido, y alguna cosita más.

Yo me declaro abiertamente en contra, pues el Canon ya está bien como está, y si el problema es tener acceso a esas piezas, pues bueno, salvo en el caso de Angels of Darkness, lo demás está casi todo reeditado y conseguible. Estoy en contra de tocar el Canon porque en el pasado, se habló de revisarlo... para recortarlo.

Muchos críticos, además muy, muy respetables, hablan con ligereza (pero con conocimiento de causa, todo hay que decirlo) de que los últimos volúmenes de relatos no son “puro Watson”, o “puro Holmes”, y en muchos casos, llegan a considerarlos apócrifos o meros pastiches perpetrados por Doyle. A mí esto me parece ya excesivo. También se generó, hace muchos años, la polémica de reabrir el Canon cuando apareció “The Case of the Man Who Was Wanted”, que se atribuyó a Doyle, y luego resultó ser de un tal Whitaker. Imagínate que lo llegan a incluir por las bravas...

Descartado a priori

Fin de la primera parte. Para leer la segunda parte, click


Una entrevista de Jabez Wilson (Luis de Luis Otero)

 para el Círculo Holmes


    

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