Con tres cositas nos apañamos (sobre la música incidental en las películas de 007)

    
Si usted es un compositor de un cierto prestigio, y David Arnold esta ocupado con otro score, o produciendo algún disco de tecno minimalista, quizá tenga la fortuna de que le encarguen la banda sonora de la próxima película de James Bond. No se preocupe, que no va a tener que devanarse demasiado la sesera. Lo único que debe hacer usted es componer una canción que suene un poco a Bond, y encargar que la interprete un grupo o solista (preferiblemente femenina) de rabiosa actualidad. Lo demás es pan comido porque, afortunadamente, John Barry hizo el trabajo sucio hace algún tiempo, componiendo (polémicas de autoría aparte) los tres vértices del triangulo que componen cualquier banda sonora de 007 que se precie: “James Bond theme”, “007” y “On her majesty´s secret service”. 

Háganos caso y componga el score
 como John Barry lo haría

Así que, aplíquese la siguiente formula: tome estos tres temas míticos, transfórmelos e introduzca en ellos variaciones que le den algo de personalidad, incorpore la melodía principal del tema central (el que usted ha compuesto para los créditos) y haga que suene de cuando en cuando para que nos acordemos de qué película estamos viendo, y, por último, use toques que nos indiquen dónde se desarrolla la acción de la secuencia (por ejemplo, si 007 esta en Japón, que suene un Koto que aporte aires orientales; si esta en Sudamérica, una guitarra española y unas castañuelas le vendrán que ni pintado...). 

John Barry hizo eso durante once películas, y la jugada le salió a pedir de boca. Otros intentaron algo diferente y fracasaron: George Martin introdujo wah-wahs y riffs de guitarra, pensando que pegarían con el tono blaxploitation de Vive y deja morir, y la cagó; Marvin Hamlisch, influido por los Bee Gees, introdujo ritmos disco al “James Bond theme” en La espía que me amó, y el resultado da risa; Bill Conti se defendió como pudo en Sólo para sus ojos, al igual que Michael Kamen en Licencia para matar, y Eric Serra introdujo pinceladas tecno-industriales e instrumentos de percusión étnicos, pifiándola como él solo. Así que, volviendo al consejo del principio, háganos caso y componga el score como John Barry lo haría. David Arnold lo ha hecho así desde El mañana nunca muere hasta ahora y casi ha conseguido que no echemos de menos a Barry…

Olloqui

       


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