Logrera es la muerte (a propósito de Las heridas de los elefantes)

La novela negra está de moda. Y uno de los efectos colaterales de cualquier moda editorial, suele ser la despiadada uniformidad fabril que se apodera de las colecciones sobre las que los directores comerciales del asunto deciden poner el ojo y a veces la bala. Para aquellos a quienes la cultura como forma de producción seriada les provoque un estado de ofuscación irritado/irritante, he aquí un respiro inteligente: una novela negra que no transita por  caminos pisoteados

La recuperación del deseo

En el aeropuerto de Madrid, Tomás Sauquillo, un hombre que hace tiempo dejó de escribir libros para turistas, repasa los últimos once días de su vida. Sahuquillo, recibió por correo, hace once días, un libro anónimo (acompañado de nota también anónima),  en la que se le anunciaba la reinvención de su propio futuro. En un mundo plagado de certezas, entra así Sahuquillo en un ominoso panóptico postal por el que se siente absolutamente subyugado. Como en la buena literatura, la verdadera vida comienza cuando acaba la certidumbre. Entonces comienzan los paraísos prometedores que sabiamente Sahuquillo se proporciona a sí mismo. Como en las mejores novelas de intriga, Sahuquillo entra en una espiral de suspense a través de la lectura de un libro que quizás se ha escrito a sí mismo. La recuperación del deseo a través de la literatura.
Desde el punto de vista estrictamente literario: la materia de la escritura, el lenguaje, la prosa, tiene una aterciopelada facilidad deslizante de lomo de gato, una  facilidad aparente, sólo aparente, y un refinamiento prosódico con música propia,  cuyo ritmo es trepidante. La novela de Tomás-Valiente no especializa la técnica narrativa, no restringe las posibilidades argumentales para acomodarlas a la  intriga sin respiro que contiene, porque a T.V. –y esto no es común, rara avis en la NN-  le gusta jugar con el punto de vista.
¡Ah ¡el gato de lomo deslizante es negro.
¿Qué es lo que convierte en negra una novela? ¿La voluntad del editor? ¿La presencia de la muerte? ¿El ambiente sórdido? En principio la NN trata de restablecer un orden que se ha perdido. ¿Cuál es el orden de Sahuquillo? Vivir sin esperar, sólo vivir: nada le separa más de los triunfadores o de los aspirantes a triunfadores. Logrera es la muerte, que roba el aire, lleva a follar con la misma cara con que se paga a Hacienda…. La muerte es ganar en extensión lo que se pierde en intensidad. ¡Basta ya de muerte¡ ¡Viva la intensidad!
Para terminar: hay un café en Madrid, el Surya, dónde a todos nos gustaría ir, pero al que ¡ay!  hace tiempo que no nos invitan. Sólo los lectores de Tomás-Valiente conocen el Surya. Sólo en el Surya está el paraíso de la intensidad.

451 Editores, 2010

Firmado: Aprivativa
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