Huesos de Santo. Alfredo Conde

Catedráticos y curas sesentones, maniáticos, prostáticos y viejos verdes, altos funcionarios más o menos corruptos... rodeados por espectaculares treintañeras que han venido al mundo a incitar el rijo a prejubilados

Pellizcos de monjas

El ruxe ruxe es (en gallego) el rumor anticipatorio, sorprendido o reprobatorio que, como un ectoplasma sonoro, emite una multitud. Es, por así decirlo, una especie de ingente “¿que dirán?” o “ ¿qué están diciendo?” y , en cierto sentido, a narrar e intentar descifrar ese macro-rumor es en lo que se emplean las generosas páginas de Huesos de Santo, de Alfredo Conde, escritor, político y alto funcionario de la sociedad gallega. 


Chistecitos privados y
 gracietas anodinas con los Conde

Para ello, Conde utiliza en la ficción dos asesinatos ubicados en los ámbitos universitarios y eclesial de Santiago de Compostela, y al personaje Andrés Salorio, un comisario de policía, desubicado por sesentón, para recorrer esos ambientes e introducir al lector en una plétora de catedráticos y curas también sesentones, maniáticos, prostáticos y viejos verdes, altos funcionarios más o menos corruptos rodeados por una colección de espectaculares treintañeras que, da la impresión, que han venido al mundo a incitar el rijo a prejubilados. 

Huesos de Santo se narra utilizando un narrador omnisciente (indispensable para contar la retahíla de líos de alcoba, pre y per–juicios, rencillas y ojerizas que “motivan” a los personajes); una trama paródica de las novelas de templarios y sepulcros, y otra policíaca de la que el autor se desentiende en cuanto puede (y puede mucho), y exhibiendo una magnífica prosa cuajada de oralidad para desgranar la cabalgata de pellizcos de monjas, codazos de fraile, guiños cómplices, chistecillos privados y gracietas anodinas (solo comprensibles, supongo, para los miembros de las castas dirigentes compostelanas) con los Conde, va hacinando las muchas páginas (nada menos que 448) de esta novela anodina, endogámica, de endeble trama, anémico argumento, magnífica prosa y limitadísimo interés salvo para quien tenga las claves de este Salvame de Luxe para galaicos ilustrados.

Edhasa, 2010


Luis de Luis
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