Asesinato Justo (Righteous Kill, 2008)

A sus admiradores sinceros y cinéfilos les han hinchado las pelotas a base de proyectos cuando menos dudosos, y el público habitual de las salas de cine (adolescentes seborreicos y ultra-hormonados) no tiene ni puta idea de quiénes son, ni ganas

Ni lo intentes!

No se lo creerán, pero la reunión durante un puñado de fotogramas de Robert De Niro y Al Pacino fue el sueño húmedo de cinéfilos que no solo no se sació, sino que se acrecentó con el breve retozo de Heat (1995), de Michael Mann, donde ambas luminarias van y coinciden apenas un ratito, y, cual virtuosas doncellas, se miran y (re)miran, con gusto y apetito, sin llegar a ponerse la mano encima

El estilo propio del que cree
 que el cine nació con MTV

Como bien decía Santa Teresa, lo peor que le puede suceder a las plegarias es que sean atendidas; así que, mira tú por donde, tras lunas y lunas desechando proyectos, descartando guiones y arrumbando directores, las dos acartonadas primas donnas van y se reúnen sin decir nada a nadie, como si tal cosa, a las órdenes de Jon Avnet, y filman, a deshoras, Asesinato Justo, en el exacto momento en que el público de su época (los 70 y los 80) ni se molesta en acudir al cine. A sus admiradores sinceros y cinéfilos les han hinchado las pelotas a base de proyectos cuando menos –por decirlo piadosamente- dudosos, y el público habitual de las salas de cine (adolescentes seborreicos y ultra-hormonados) no tiene ni puta idea de quienes son, ni ganas. 

Amigo, tengo un gas
Así las cosas, Asesinato Justo se plantea como un policial variante buddy movie  que lleva enquistado un serial killer, y una investigación de asuntos internos encaminada a limpiar, fijar y dar esplendor al New York Police Department (NYPD para los amigos). 

Como es de suponer, los Don José y Don Pepito, Pin y Pon y Ortega y Gasset de la producción los interpretan de Niro y Pacino cada uno con su estilo propio y único, cincelado y macerado tras trienos en la cima

A saber: De Niro con esa mueca sempiterna, mentón alzado y comisura deformada, culmina en la mueca cabreada y estreñida de quien no consigue tirarse un mísero pedo, y Pacino, con el descuido tontiloco, liviano y bienhumorado de quien, por el contrario, goza de esfínter dócil y no deja de enjaretar un cuesco tras otro. 

Ahora que lo pienso, quizás la ética y estética de Asesinato Justo se asiente en la virulenta, opuesta y tormentosa (nunca mejor dicho) relación de cada actor con la aerofagia. Filmada con ese estilo entrecortado, jadeante y espasmódico propio de quien cree que el cine nació con la MTV, Avnet, inmisericorde, cuenta lo mismo, una y otra vez, para desarrollar un argumento plagado de pistas falsas que funcionan con la eficacia de las trampas para elefantes, y hacer tiempo para cumplir las dos horas de rigor y desvelar la sorpresa final, averiguada por el Sufrido Espectador una hora y 59 minutos antes. Tiempo ocioso que, a buen seguro, habrá empleado en averiguar (en vano) cómo es posible que estos dos pájaros de cuenta cobren una gargantuesca pastizara por hacer tales mamarrachadas en escena, y que haya gilipollas que contribuyan con su tiempo y dinero a perpetuar tan patética y espléndida decadencia. Y es que es ese el verdadero ( e irresoluble) misterio de la película. 

Juan Luis Garci & Juan Antonio Lamet
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