Police & thieves (2ª entrega)

Olloqui nos ofrece este retrato nostálgico, que no complaciente, de su Móstoles natal y sus pasiones musicales. Allí todo estaba permitido: música ruidosa, chupas de cuero y pelos de colores. Y siendo punk, casi era obligado odiar a la policía. Más aún si vivías encima de una comisaría, como es el caso.

Por todas estas cosas que les he contado, y porque me da menos miedo la banda de albano-kosovares que puede robar en mi casa, que el policía que tiene que venir luego a tomar declaración, hoy traigo a colación el tema “Police and thieves” de los Clash, de su primer disco, al que, en un esfuerzo de originalidad, titularon en 1977 “The Clash”.

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Canciones bonitas y con trastienda
Confieso que cuando empecé a escribir este artículo barajé muchas posibles canciones. La verdad es que estaba chupado buscar canciones sobre la policía, ha sido un tema recurrente en la historia de la música en general, y, cómo no, del punk en particular. Pero los Clash me interesan especialmente, y esta canción me parece uno de los máximos exponentes de su sonido y de lo que hicieron por la historia de la música.
Vamos por partes. Con los Clash tengo una curiosa dicotomía: son uno de mis grupos favoritos, pero a la vez los odio a muerte. Me explico. Si preguntan, la mayoría de la gente les dirá que el grupo punk por excelencia son los Sex Pistols, pero a mí me parece que los Pistols fueron como los Backstreet Boys de la época, mucha pose, poca chicha. A mi modesto entender, el punk nace con los Ramones (aunque sus raíces hay que buscarlas en los Stooges y otras sutilezas) y se hace mayor con los Clash. Hasta que llegaron los Clash, el punk eran unos señores con ropa fea y malencarados que decían palabrotas y chillaban sandeces sobre la anarquía. Los Clash encarrilaron el punk, le dieron un cierto barniz intelectual, articularon correctamente el discurso político y demostraron que también se podían hacer buenas canciones, incluso bonitas. La banda estaba formada por Joe Strummer (guitarra y voz principal), Paul Simonon (bajo), Mick Jones (guitarra y coros) y Topper Headon (batería), aunque en el primer disco de la banda, y en la canción que nos ocupa hoy, la batería estaba ocupada por Terry Chimes. Parte de la escena punk les tachó de vendidos, porque fueron uno de los primeros grupos en fichar por una multinacional, la CBS, pero los Clash son grandes por varios motivos, aparte de por sus magníficas canciones. No les aburriré y apuntaré solo dos: Primero, “London Calling” sea, seguramente, el mejor disco de rock de los años 80 y uno de los mejores de toda la historia. Y segundo, los Clash no se quedaron atascados en el punk, sino que abrieron su abanico sonoro a otros estilos, como el rockabilly, el dub, reggae, ska... Y éste es precisamente el motivo por el que los odio: Si a los Clash no se les hubiera ocurrido realizar estos cocktails, si no hubieran tenido la idea de sentar un precedente, mezclando el rock político con el buen rollito y los sonidos relajados, los grupos de perroflautas que intentan salvar el mundo tocando los bongos y fumando porros, esa gente que abogan por la libre circulación de la música como un bien universal, pero como te pillen bajándote un disco suyo del eMule te cortan los huevos, no habrían tenido referente sonoro, y por lo tanto, no habrían existido. Por simplificar, sin los Clash no existirían hoy Manu Chao o Melendi. Aunque, a veces, a los padres no se les puede echar la culpa de los pecados de los hijos.

Si te bajas sus discos del eMule te corta los huevos
En cuanto a la canción en concreto, “Police and thieves”, apareció en el primer disco de la banda, en 1977. No es ni de lejos la canción más combatiba o política del grupo, ni la que más sangre hace con el tema policial. Ese honor, para mí, lo ostenta “The guns of Brixton”, con su brutal primera estrofa: “Cuando pateen tu puerta ¿Cómo te van a encontrar? ¿Con las manos en la cabeza o en el gatillo de tu pistola?”. Pero “Police and thieves” resulta reveladora porque marca la diferencia entre los Clash y el resto de la escena punk: mientras sus compañeros de generación buscaban himnos panfletarios con tres acordes, ellos ya tenían las miras más altas y se atrevían a mezclar su punk primerizo (recordemos, estamos en 1977) con el sonido reggae. Y esta fue precisamente la senda que hizo grandes a los Clash. Como curiosidad, les contaré que la canción no es suya, sino que es una versión del productor Lee Perry y el artista de reggae clásico Junior Murvin, que fue el primero en interpretarla, y que los Clash no habían pensado incluirla en su primer disco, pero decidieron grabarla cuando se dieron cuenta de que el disco era demasiado corto...
Les dejo porque al escribir esto me ha entrado un ataque de nostalgia. Voy a buscar una camiseta que conservo, con la silueta de Paul Simonon rompiendo el bajo, me la voy a poner y me voy a dar una vuelta por la urbanización a ver si asusto a las viejas que sacan a pasear al perro.


Este artículo fue publicado en papel 
en la revista Prótesis nº 2, segunda época 
(VOSA & Diábolo Ediciones, 2008)
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