Matar de Amor. Sophie Hannah

Hannah se pone a enredar con giros, volteos, vueltas y revueltas para que el lector pase páginas tan a gusto. La ambientación de la novela y su cuadrilla de personajes hacen creíble el argumento de esta entretenida novela

Psicópata suelto
como vaca sin cencerro

Mira tú por donde, que se me acaba de ocurrir una tontería más: dentro de los policiales anglosajones, la ficción británica tiene un plus de veracidad frente a la norteamericana, en la que personajes, situaciones y argumentos parecen escapados de una novela barata, una película tópica o directamente de Cartoon Network (algo que, no es, por otro lado, necesariamente malo). 

En manos más torpes 
hubiera sido inverosímil

Por otra parte, en la ficción británica hay un esfuerzo mayor por lograr una “puesta en escena” veraz, cercana al día a día o al entorno más o menos próximo del lector. Autores tan dispares como el plomizo Ian Rankin, el jocoso Arnott o la sensiblera Tana French, independiente de los vicios o virtudes de sus respectivas obras, no escatiman esfuerzos en garantizar la credibilidad de sus novelas, extrayéndolas, en la mayor medida posible, de la realidad. 
Bueno, pues esta chorrada vino a anidar en las mientes tras cerrar Matar de Amor, de Sophie Hannah, estupenda novela con trama tan alambicada (y, a la vez, habitual), que en manos más torpes o menos preocupadas por el verismo, hubiera resultado un prodigio de inverosimilitud. 
Así, a partir del sobadísimo argumento –que, por otra parte, tanto gusta a la muchachada lectora– sobre el psicópata paranoide sexual que anda suelto por una pequeña comunidad cual vaca sin cencerro, Hannah se pone a enredar con giros, volteos, vueltas y revueltas para que el lector pase páginas tan a gusto y tan bien, ya que el texto está cómodamente organizado y todo se cuenta todas las veces que haga falta, a base de utilizar, alternativamente, un narrador omnisciente, otro en primera persona y las conversaciones de varios policías, que capitulan y recapitulan para que nadie se pierda antes de llegar a la contracubierta. 
Hasta aquí todo normal. De hecho, que te amenicen un tocho es lo menos que se le puede pedir a una profesional de la novela popular de hoy en día. Pero es que además, en este caso, la ambientación de la novela (una pequeña ciudad de provincias inglesa), y la cuadrilla de personajes y sus motivaciones (aunque, aquí y allá, se escapen cursilerías y ñonadas), resultan sobrios, congruentes y eficaces, ayudando (¡y no poco!) a hacer creíble el retorcido argumento de esta estupendamente entretenida novela. Para disfrutar y olvidar.


Duomo, 2010
Luis de Luis
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