Blues de los Bajos Fondos. Jose Luis Gracia Mosteo

Pasó las noches entre charlas banales y silencios locuaces, miradas despectivas y desdenes al socaire, sorbos a copas y aroma a ozonopino...

Le gusta meterse donde no le llaman
Jose Luis Gracia Mosteo es escritor propenso a meterse donde no le llaman, buscar tres pies al gato y abrir la boca para que le entren moscas. Si les quedan dudas a este respecto, recomendamos lean El rock de la dulce Jane. Solo así se entiende el (cuanto menos) insólito periplo que emprendió hace un par de años, cual pervertido cortazariano Autonauta de Cosmopista a lo largo y ancho de la N-II, deteniéndose en todo burdel que se (menos)preciara para pegar la hebra, poner paño al púlpito e intercambiar razones con toda prostituta (hastiada de pichas/con tufo a requesón, de chulos con peste/a pachulí, de todo eso, viene una) que le llamase la atención. 

Días (noches) que José Luis (aquel plumilla incauto haciendo un reportaje/sobre los bares esos de carretera y putas) dejó transcurrir entre conversaciones banales y silencios locuaces, miradas despectivas y desdenes al socaire, sorbos a copas y aroma a ozonopino, confidencias culpables y altivas que le proporcionaron experiencias suficientes para destilar en esta suerte de cuaderno de campo o diario del inframundo que es el poemario Blues de los Bajos Fondos.
Cuidadosamente estructurado, el libro se divide en dos partes. Cada una reúne 12 poemas, mostrados bajo la invocación de un bienaventurado del santoral laico de Gracia Mosteo (Kavafois, Tom Waits, P.K.Dick, Fernando de Rojas, Alberti, The Rolling Stones...).
Como un Bertoldt Brecht hispánico, Gracia Mosteo acepta el habla popular, fijando cadencias, rehuyendo tópicos, registrando relidades… El poemario es brutal y cruel, es decir, real; es decir, sincero.  
La primera parte, Blues de las Putas, narra (estos poemas no rehuyen su vocación de relato) con humor y sabiduría (tengo para mí que, salvo para necios y gañanes, ambos son lo mismo) las vidas de meretrices como, entre otras, la bestial Ramona la Rota (unos me dicen cerda; otros monstruo); la ardiente (o, mejor, ardida) Sandra Smith (hastiada de pichas/con tufo a requesón, de chulos con peste); la bellísima Corina Monís (Cuando la vió, pensó que dios se llama/Corina...); o la descarada y leal Nancy Tasiguano ( ...que cantaba boleros/en las mañanas frescas y saludaba riendo)...
La segunda parte del libro (Blues de los chulos) narra los aconteceres de sus chulos, como el pacífico Segundo Manotas (... siempre he sentido nostalgia/de los caminos, de botas mojadas/ por la lluvia, mujeres desdichadas/pero acogedoras...). O el entregado Edwin Arambulo, incapaz de negarse ( ...a un cuerpo hecho con tierra/de tu tierra cuando se halla tan lejos), o el iluso John Viracocha (tenía que besar aquella voz/no importaba si era flaca o fet), o el servicial Freddy El Flemón, que vive donde la madera husmeaba entre los cubos/las gomas y los támpax...
Libro veraz, arriesgado y valiente, que brota de donde las pasiones cuajan en carne viva, y conviven el encoñamiento, la codicia y la avidez, donde los hombres y mujeres son reales, honrados, brutales y sinceros. 
Extraordinario y brutal libro.


CEB, 2009

Luis de Luis 

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