Terror en píldoras: sobre la segunda edición

A finales de octubre sale a la calle la segunda edición, revisada y ampliada, de Terror en píldoras (Grupo Kelton & Revista Prótesis, 2010). La presentación tendrá lugar en la Semana Gótica de Madrid, el martes 26 de octubre, a las 17 horas. Lorenzo Rodríguez Garrido acompañará al autor, David G. Panadero. En estas líneas, el autor cuenta los secretitos de la segunda edición de este simpático bolsilibro.

No hay placer como el terror
Saqué adelante la primera edición de Terror en píldoras sin saber muy bien qué pasaría. Era una forma de ponerme a prueba a mí mismo, ver lo lejos que podía llevar un libro autoeditado. Me marqué un tiempo límite para escribirlo –y también reescribirlo, ya que recuperé materiales de hace una década, cuando por tuve primera vez la idea para este ensayo–.
El aliciente que para mí tiene este librito está en su economía de medios. En él hablo de películas modestas que poca gente recuerda, aunque quizás las hayan visto varias veces. El hecho de que lo haya decidido sacar al margen de cualquier editorial me da libertad: no tengo porqué encajar estas páginas en una colección determinada, ni seguir un formato ya establecido. Por otro lado, no se me ocurren muchos editores que arriesguen en una temática como ésta. Es más fácil sacar adelante un libro sobre James Cameron que Terror en píldoras. Muchos dirán, y con razón, ¿a quién interesan estás películas episódicas tan casposillas?


Algunos amigos como Luis Alberto de Cuenca, Fernando Cámara, J.F. Pastor-Pàris, Luis de Luis, Carlos Pérez Merinero, Frank G. Rubio o Carlos Aguilar me han ayudado a mejorar no poco este libro. ¡Aprovecho para saludaros!


Todo esto me llevó a pensar en la autoedición. Un libro modesto, de pocas páginas y precio anecdótico, se salda con pocos beneficios y no tiene demasiado interés comercial. Empecé con una tirada ajustada, de cien ejemplares, que fui reimprimiendo según se agotaba. Las ventas no han sido precisamente rápidas, pero no ha habido problema. No he necesitado rentabilizar en tiempo límite.
A todas estas razones para autoeditar, puedo añadir mi experiencia como escritor de literatura cinematográfica para terceros. Si bien en alguna ocasión he topado con buenos profesionales, no han faltado los que mostraran poco interés por su trabajo, y vieran el libro únicamente como una mercancía que genera pasta. Ganancias que, hablando en plata, el autor llega a ver poco, tarde y mal. Liquidaciones anuales que nunca llegan porque, según dicen, es complicado reunir todos los datos.
Pues bien, me lie la manta a la cabeza y distribuí como buenamente pude Terror en píldoras, sobre todo en librerías de amigos. El libro cayó simpático, lo leyeron los seguidores habituales y algunos más. Se superó la cifra de 200 ejemplares vendidos: sabía que me estaba moviendo en guerra de guerrillas, pero no por ello dejaba de estar cómodo.
Habían pasado bastantes meses desde la publicación del libro, y en la librería Estudio en Escarlata, el principal punto de venta, la gente seguía pidiendo ejemplares. Pero casi me había olvidado del juguete, dedicado como estaba a otros asuntos.


Da igual que conozcamos el desenlace de estas películas. 
Lo importante es entrar en el juego 
con toda la complicidad


Un buen día regalé un ejemplar a Luis Alberto de Cuenca. Y si lo hice no fue porque tenga en tan alta estima estas páginas. Más bien, pensaba que él, siendo tan curioso como es, simpatizante de este tipo de iniciativas, lo recibiría con el humor que merece. Y no me equivoqué: en menos de veinticuatro horas me llamó. Había disfrutado mucho la lectura y me prestaba su apoyo moral.
Además, para que se vea que admito los errores en público, me indicó algunos datos incorrectos que había en estas páginas. Tampoco me pilló por sorpresa: otros amigos como Fernando Cámara, J.F. Pastor-Pàris, Luis de Luis, Carlos Pérez Merinero, Frank G. Rubio o Carlos Aguilar se tomaron la molestia de leer con atención, y sugirieron detalles que han ayudado a mejorar no poco este libro. Aprovecho para saludaros, amigos.
Gracias a todos ellos me decidí a corregir la primera edición, pero bastó un comentario de Fernando Cámara para que me liara la manta a la cabeza, y fuera más ambicioso.
“Si quieres, te hago yo la portada”, dejó caer Fernando. Pensé que era la mejor ocasión para mejorar Terror en píldoras. Finalmente, he reescrito el original, y he añadido textos nuevos.
No quiero dejar pasar la ocasión de mencionar a otro amigo, Ion Arretxe, que, después de leer este librito, me prestó la novela Necrópolis, de Alfonso Sastre. Ion, siempre al quite cuando se trata de recomendar buenas lecturas. Si finalmente no hablo de Alfonso Sastre en estas páginas, es porque se sale del propósito inicial, pero no tardaré en recomendar su lectura desde cualquier foro.
Como colofón he añadido unas reflexiones finales, que no definitivas, sobre el cine actual, sus formatos, sus duraciones, y la posibilidad de que vuelva a haber píldoras de terror. Con la tendencia actual del cine a la carta, la impresión bajo demanda, el “hazlo tú mismo” y el triunfo de la cultura “dos punto cero”, no sería de extrañar que volvieran a aparecer adaptaciones de Poe, Lovecraft y nuestros autores favoritos. Aunque quizás, cuando llegue ese momento, habrá más gente rodando cortos que espectadores verdaderos, tal y como lo éramos nosotros hace tiempo. Pero de todo eso hablaremos más adelante.
Cuando llegue ese momento y aparezca otra vez el Maestro de Ceremonias, o una multitud de maestros preparados para contarnos mil y una noches de miedo, nos reuniremos alrededor de la fogata, y presenciaremos esas historias de que tanto nos gustan. Si las hemos oído muchas veces, es lo de menos. Poco importa que nos sepamos de memoria el desenlace, o al menos, que lo veamos venir. Lo verdaderamente importante es entrar en el juego, con toda la complicidad de la que seamos capaces, y disfrutar, teniendo presente que no hay placer como el terror.

Pide tu camiseta ya!


Madrid, octubre de 2010
David G. Panadero
Publicar un comentario en la entrada