NecróParis: Carta abierta a Fernando Cámara

¿Qué te sugieren las caras de la gente cuando viajas en metro? ¿Asco, malestar, inexpresividad, como la de esos maniquíes que inundan París?


Miedos e inseguridad


Me gustan las historias de terror. Más aún cuando en éstas, las fronteras de lo imposible acaban derritiéndose. Así sucede en NecróParis. Partimos de una situación cotidiana: una pareja llega a París, y extravía en la maleta, las medicinas que les resultan imprescindibles. Los malos augurios vaticinan la angustia que llegará. Sin embargo ya decía Hitch que más vale partir de tópicos que caer en ellos, en tu novela llevas muy lejos, más lejos de lo que podíamos suponer, esa situación que todos hemos vivido alguna vez.

Lejos de conformarte con elaborar una "trampa para turistas", consigues llevar a tus personajes a un límite abstracto, indefinible, en el cual 
y este es el gran acierto de la novela no te ves obligado a justificar tu novela con esas torpes explicaciones racionalistas que sirven de consuelo a los lectores de best seller.

Esa es la gran baza de NecróParis. Leemos absortos, comprendiendo de manera intuitiva, pero nos sería complicado relatar qué hemos leído, ya que vamos de sorpresa en sorpresa. Y tampoco sabríamos decir a qué se debe todo, cual es el "origen del Mal" (por emplear la expresión hecha). De esa manera consigues una obra de ritmo interno, en la que lo esencial son los detalles, las reacciones de los personajes, la inmersión en su estado anímico y mental. Fíjate lo que te voy a decir, se me ocurre que se podría comparar con Nuestra Señora de las Tinieblas, de Fritz Leiber, ya que ésta retrata de forma alucinada la ciudad de Nueva York. Concluida la lectura, no sabemos discernir lo que hemos leído de lo que hemos imaginado. Porque el relato, aunque aparentemente pudiera carecer de lógica interna, en realidad se guía por una lógica difícil de aprehender. Tal como Repulsión o El quimérico inquilino.


También quiero comentar el estilo literario. Si bien al principio se puede antojar un pelín artificioso, obsesivo en la búsqueda implacable de los detalles, excesivo en su culto a la acción, tal y como va empujando a los personajes hacia su destino, sí es cierto que pasadas pocas páginas, la inmersión del lector es total, pues acaba leyendo a la velocidad que imponen los acontecimientos.


Otro detalle que me gustó mucho es la forma de intercalar la voz de narrador, filtrando con habilidad reflexiones sobre los personajes, sin por ello entorpecer el desarrollo. Su mediana edad y sus crisis, su forma de ver el mundo, que empieza a ser distante, propia de los que saben que empiezan a estar fuera de juego. Reconocen el entorno como algo que se les está escapando 
nuevas tecnologías, el fin de la clase media, la pasión sexual de la juventud, y la que no es sexual, que les va abandonando... "Ya no somos los que éramos".

Finalmente, la obra no nos enfrenta a los otros, sino que nos enfrenta con nosotros mismos, con nuestros miedos, nuestra inseguridad. ¿Quién no ha percibido las grandes ciudades como algo agresivo, desagradable? ¿Nunca has pensado, paseando por Madrid, que las cosas podrían estallar de un momento a otro? ¿Qué te sugieren las caras de la gente cuando viajas en metro? ¿Asco, malestar, inexpresividad, como la de esos maniquíes que inundan París?


NecróParis
Primera edición:

NGC Ficción!, 2010
Edición digital:
LCL, 2013
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David G. Panadero 

  

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