A la cara. Christa Faust

Que levante la mano –con una sola mano basta– el que no haya soñado con participar en una película porno, aunque fuera gratis. Christa Faust nos muestra el mundillo con todo lujo de detalles, ¡y sin codificar!


Más dura que Mike Hammer
 

¡Oh, la Industria del Porno!
¡El Reino de Oz de los pajilleros adolescentes!
Que levante la mano –con una basta– el que no haya soñado con participar en ella, aunque fuera gratis, y convertir EL HOBBY por excelencia en una profesión lucrativa.
Todo son ventajas: aunque el trabajo sea extenuante, se curra en un sincero y alegre ambiente, se codea uno con gente interesante, se lleva una intensísima vida social y, ¡lo mejor de todo! ... no hay que llevar corbata. Si me apuran, está mal visto.
¡Y pensar que mi generación tenía que conformarse con las rayas codificadas del Canal Plus! Qué bien nos conocen los que nos conocen... Así nos hemos quedado, y mucho me temo que no hay remedio.
Así, con nuestras mentes ya deformes, no es de extrañar que salivemos con A la cara, de Christa Faust, igual que los chuchos ante lata de Friskies de Luxe. La autora juega sus cartas, y crea a Angel Dare, una exitosa empresaria del porno, que se confirma como heroína resolutiva con la firmeza, estolidez y dureza propia de un Mike Hammer. No le importa, mira tú por donde, follar por follar, sin rastro de emociones ni sentimientos. Como lo haría cualquier despreciable. No tiene problemas en comerciar con el sexo, ya sea propio o ajeno. Eso si, respetando las reglas del libre mercado, sin caer en el capitalismo salvaje.
No me dirán que, de entrada, la cosa no promete. Y mucho.
Sigo. Durante doscientas y pico páginas, el lector sigue, interesado y entretenido, la narración en primera persona de un argumento trillado –chica falsamente acusada de asesinato a quien un chico ayuda a descubrir el culpable–. Solo que la chica Angel Dare, y el chico, un tal Malloy, un cincuentón baqueteado y resabiado que la protege y ampara – como si fuera su Papito, vaya–.
Christa Faust concede a Angel Dare una voz irónica y salaz para narrar sus desventuras por platos y garitos del submundo de la pornografía, en busca de su inocencia perdida. La narración se sazona con recuerdos del gremio y anécdotas profesionales: quién la tenía más larga, quién domina la higiene anal, proezas acrobáticas, rodajes intempestivos, quién tenía que masturbarse para estar a la altura –a la longitud– de las circunstancias... Ya saben , las típicas batallitas de cada profesión. Amenizan la función personajes secundarios, salidos, como poco, de Bob Esponja o la Parada de los Monstruos, y una sana socarronería.
Astutamente, Faust juega con la curiosidad del lector común, provocando sofocos a las amas de casa y catársis a los meapilas. Desde el afecto al género negro, y rozando la parodia, consigue un neo pulp del siglo XXI, a la más tarantiniana usanza: burlesca, cariñosa, banal, y a machamartillo.
A la cara es una novela tan descaradamente disfrutable, que ni siquiera un final feliz estropea el placer de la lectura.
¡Y sin codificar! algo que, para nosotros, los cuarentones de hoy, no deja de ser todo un lujo.

Valdemar /Es Pop, 2010
Compra en Estudio en Escarlata
Luis de Luis

¿Qué te apetece tomar, guapo?, diría Christa Faust
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