Aleación Z (a propósito de NecróParis)

Han pasado 3 años desde que NGC Ficción! publicara NecróParis. Ahora esta novela reverdece gracias a la edición digital de LCL. Y su autor aún no ha encontrado respuestas a todas las preguntas que se hacía...



Durante la presentación de NecróParis en la Hispacón 2010, me asaltó una terrible duda instigada por mi mujer. El personaje protagonista de la novela lleva durante todo el viaje en París una figurita de plástico del Mazinguer Z, una especie de ídolo protector que le retrotrae a los tiempos en los que todos estábamos fabricados con la invencible Aleación Z.

Hasta ahí perfecto. Se trataba simplemente de un detalle que perfila al personaje. Sin embargo, sin el menor rubor, mi mujer lo desmintió públicamente y aseguró que el Mazinguer vino en nuestra maleta y presidió mi mesilla. Como a estas alturas de la vida, dudo lo bastante de mí mismo como para entrar en peleas conyugales y menos en una feria del Fantástico, le di rápidamente la razón e integré en mi archivo de realidades vividas a aquel Mazinguer que yo pensé que había comprado posteriormente a la redacción de la novela sólo para emular al protagonista que yo mismo había creado. No sé si me siguen o empiezan a perderse, como yo.

El caso es que, durante la fase insomne de aquella noche, repasé mentalmente muchos momentos y personajes de la novela y comencé a angustiarme porque ya no sabía discernir entre verdades y ocurrencias. Seguramente todo fue inducido por dudar del Mazinguer. Eso arrastró todo lo demás. Y entonces recordé que cuando compré el dichoso muñeco era un día soleado, primavera veraniega. Escaparate caldeado. Manga corta. Indudablemente nuestro París de inicios de marzo fue anterior.

¿Entonces…?

Entonces, la confusión nació de mi mujer. Al leer la novela, ella imaginó al Mazinguer en la mesilla. Posteriormente a esa lectura, yo compré el Mazinguer para emular al personaje. Y entonces, pasadas unas semanas de convivencia con el muñeco, integró a esa figurilla barata en el reino de la ficción y, a la vez, en el mundo real.

Ella todavía no está convencida de esta teoría. No quiere dudar de sí misma. Yo tampoco, aunque a menudo me vea abocado a ello. Sin embargo, de alguna forma, la novela refrenda mi versión. ¿Cómo? Muy sencillo: el protagonista se pincha el pulgar con los cuernos del Mazinguer para intentar reavivarse con el dolor y despertar de la pesadilla. Pero si observan la foto de mi ridículo Mazinguer plasticoso verán que tiene los cuernos más afeitados que los Toros de Guisando.

¿Entonces…?

¡Entonces yo qué sé…! Lo más curioso y martirizante del asunto es que precisamente hay una reflexión sobre todo esto dentro de la propia novela:

A veces los recuerdos no se corresponden con la realidad, y son las fotos las que evidencian lo que nuestra memoria manipula. Por eso transferimos cualquier experiencia a los móviles, a cámaras, ordenadores… Publicamos pensamientos en un blog para atraparnos en el tiempo. Añadimos imágenes para atestiguar cómo fuimos. Y al leernos al cabo de unos meses casi ni nos reconocemos.

¡Es horrible! Es como si ya entonces tuviera una premonición de mí mismo publicando esta confusa entrada en el blog.

¿Y entonces…? ¿Fue esta reflexión de la novela lo que nos ha abocado a tanta confusión? ¿O fueron confusiones anteriores las que propiciaron esta reflexión novelada?

En fin… Yo creo que este viaje, de alguna forma, nos ha perjudicado, ¿no creen? Espero que a ustedes les pase lo mismo. De todo corazón.


NecróParis
Primera edición:
NGC Ficción!, 2010
Edición digital:
LCL, 2013
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Fernando Cámara


P.D. Ahora tengo un nuevo Mazinguer. 30 cm. Viril. Real. Con unos pinchos de puta madre que te atraviesan el pulgar y lo que haga falta. Veo mi sangre y sé que estoy vivo. La Aleación Z ha vuelto a mi vida. Soy tan feliz... 

   

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