Acero. Todd Grimson

Este libro es de reglamento: un ambiente exclusivo y moderniki poblado por aspirantes a artistas, trepas, ilusos, divos y divas en alza y en decadencia. Una vampira inmortal y un zángano fracasado. Todo contado en tiempo presente para dar sensación de urgencia

Me veo condenado a deambular
Pues oye, mira tú por donde, que el otro día estaba yo espatarrado en el sofá, bregando con Acero de Todd Grimson (Valdemar / Es Pop, 2010), mientras mi hija quinceañera musitaba, babeante y absorta, mientras leía el enésimo volumen de la sempiterna saga vampírico adolescente al uso.
Conmovido por esa estampa de paz familiar, aparté la lectura del truño de Grimson, y me entregué a mis pajinas mentales: en lo que respecta a historias de vampiros, en el fondo, siempre leemos distintos capítulos de una misma narración, del bobalicón y entretenido Sueño del Fevre –no me negarán que esa novela exuda un maloliente tufillo a “Del barco de Chanquete, no nos moveran” –, a la superficial Entrevista con el Vampiro, pasando por “La familia del Vurdalak” de Tolstoi, que retrata, en la línea del Drácula de Bram Stoker, la aparición de un vampiro y sus consecuencias. Percibí, iluminado, que en la inverosímil situación –padre e hija leyendo al unísono historias de vampiros– anidaba, tal vez, una lección, una enseñanza, un trauma freudiano, una moralina o, quizás una moraleja. Pero, sobre todo, una deslumbrante envidia por mi parte al ver cómo se le cae la baba con esos libros de contundentes títulos (Marcada, Arrumbada, Marchamada, Facturada, Pasaportada, y así...). Mientras yo me veo condenado a deambular, entre cabreado y aburrido, por las páginas de Acero.
Y mira que Todd Grimson lo ha puesto todo de su parte; este libro es de reglamento. Se ambienta en un ambiente exclusivo y moderniki (los círculos artísticos de Los Ángeles), poblado por aspirantes a artistas, trepas, ilusos, divos y divas en alza y en decadencia. Los protagonistas son una dama inmortal y a un zángano fracasado que no es vampiro, y viven en una mansión destartalada y agonizante. En torno a ellos pululan castas, grupos y pandillas que les quieren, no se sabe muy bien porqué, dar bambú. Y, ya que estamos, se cuenta todo en presente para dar sensación de urgencia, inquietud y desasosiego...
Sí, a estas alturas de la reseña ya se habrán dado cuenta de que el autor ha visto más de una y más de dos veces El Crepúsculo de los Dioses y Eva al desnudo, y las ha fusilado sin reparo alguno. Es cierto, aunque hay que decir en su descargo que no le han hecho mucha mella, lo que no deja de tener su mérito, y ha conseguido una novela correcta, aburrida y aséptica, que hace imposible el sentido de la maravilla, e impide toda suspensión de la incredulidad. Algo que, de nuevo, no deja de tener su mérito.
Así las cosas, ante un libro que sólo destaca por el fabuloso diseño gráfico de su portada y la desconcertante recomendación de James Ellroy, no me queda más remedio que arrastrarme ante mi hija, subirle la paga y esperar que me preste alguna de esas novelas adolescentes que le tienen pasmada y fascinada... A ver si hay suerte y me engancho yo también.
Reconocerán que no se puede caer más alto.

Valdemar / Es Pop, 2010

Luis de Luis

Todd Grimson lo ha puesto todo de su parte

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