Trascender los límites del género

Igual Hammett o Westlake necesitan que alguien les enmende la plana y les saque de sus errores


De vuelta a casa, fui leyendo


A menudo paso por la libreria Estudio en Escarlata para ver las novedades editoriales. Mi amigo, el librero, que responde al apodo de Scarlatti, me las muestra una por una, con la ceja enarcada, dispuesto a ironizar y sacar punta. Y también, de eso estoy seguro, deseando que pique y salga de allí con una bolsa llena de libros. Y hay una frase que encontramos cada vez más a menudo en las contraportadas de las novelas de serie negra. Dice algo así como "Trascendiendo los límites del género".

¡Mucho más que una
 novela de suspense!

La última vez que estuve allí, Scarlatti me enseñaba la novela de debut de una joven escritora (entiéndase en su contexto: los jóvenes autores somos los que andamos por la cuarentena; jóvenes de espíritu, que se dice). Y esa novela venía precedida por las siguientes palabras: "Mucho más que una novela de suspense".

Que una novela de suspense, de terror, negra, o de lo que sea, trascienda los límites del género que al que se adscribe, equivale a decir que supera los modelos originales. Sería estupendo encontrar relatos terroríficos mejores que los de Lovecraft o Clive Barker. También podríamos pensar que Hammett o Donald Westlake necesitan una reescritura urgente, que alguien les enmende la plana y les saque de sus errores. O, simple y llanamente, que una novela trascienda los límites del género puede significar que está escrita para complacer a los que no leen género, valga la contradicción.

Quizás muchos de los que ahora escriben literatura de género necesitan justificarse, dejando bien claro que lo suyo va "en serio", y que tienen poco o nada que ver con los tan llorados bolsilibros... En fin. No sé si por las prisas, o porque no tenía demasiadas ganas, no eché más que un rápido vistazo a aquella novela, de debut y la dejé en su hueco de la estantería, pensando que si fuera sencillamente, ni más ni menos, una novela de suspense bien urdida, yo me daría con un canto en los dientes. En ese caso, no echaría en falta que trascendiera los límites del género, ni que fuese más que esos modelos inspiradores.

De vuelta a casa, fui leyendo La dignidad de tu amor, de Corín Tellado. Pero esa es otra historia...

David G. Panadero
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