Billie Morgan. Joolz Denby

Una Bridget Jones en macarra que aporta reflexiones socarronas sobre la clase media británica, las imposturas de los hippies, las poses de moteros…
Ayuda, sí, pero con chupa de cuero

Billie Morgan es una mujer británica de mediana edad, que disfruta de una existencia plácida con sarcasmo distante y una irreprochable resignación. Regenta un negocio new age y sobrelleva un saludable tedio. La novela de homónimo título desgrana, en primera persona, vivencias y reflexiones sobre su vida, el largo y tortuoso camino que le ha llevado a la estabilidad, amenazada por el descubrimiento de un asesinato cometido en su juventud.
Dicho así, la novela parece destinada a aleccionar al lector@ con el enésimo y testimonio “real como la vida misma” propicio para enmendarle de toda conducta que le desvíe de camino rectos y honrados, algo así como un libro de ayuda (rama de la literatura donde se producen, con diferencia, las más espeluznantes obras de terror). Libro de ayuda, sí, pero con chupa de cuero.
Afortunadamente, la cosa no es para tanto, si olvidamos algún que otro innecesario resbalón: ocasionales lirismos hippies (los sueños de la protagonista suceden en tolkenianos bosques plagados de hadas y elfos) y un impostado final feliz a lo Shirley Valentine (con islas griegas y chulazo bohemio incluido). La novela narra con lucidez e ironía soterrada una vida que incluye infancia de “patito feo”, una adolescencia en la que Miss Morgan se gradúa motera para ser aceptada, la maternidad frustrada y la tranquila madurez, al cargo de una tienda irrelevante cuidando de una irrelevante tienda y de una vieja amiga drogadicta.
El posible desvelamiento por los tabloides del citado asesinato sirve de recurso argumental a Joolz Denby (o, a todos los efectos, a Billie Morgan) para propulsar, cual Bridget Jones en macarra, reflexiones socarronas –desgranadas sin teatralidad, histerias o melodramas– sobre la hortera y atroz clase media británica, las imposturas de los rebaños de hippies, las poses de moteros y la banalidad de rebeldes varios. Todos, al fin y al cabo, son (somos) en mayor o menor medida, adoradores de becerros que, por no ser, ni son de oro. ¡Encima!

La Factoría de Ideas, 2005

Luis de Luis
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