Un gran final: Invisible, de Paul Auster

Un golpe de efecto invisible
Me gustan los finales sorprendentes. Sobre todo si el autor encuentra el delicado equilibrio que existe entre lo posible y lo improbable, forzando al límite, pero sin romper la verosimilitud.
Eso es lo que consigue Paul Auster con Invisible (Anagrama, 2009). Cuando cierras el libro, tienes la impresión de haber visto sólo la punta del iceberg, como si lo más importante lo hubieras visto de refilón, y la historia siguiera viva, sólo a la altura de los lectores más atentos.
Muy distinto es el asunto de los tan acostumbrados finales con tirabuzón, que quizás se pusieran de moda con la película Sospechosos habituales (1995). El cineasta no se guarda un as, sino una baraja en la manga, y nos cuenta una historia que él sabe falsa, para, en el momento menos pensado, minutos antes del desenlace, destapar el pastel con un sonoro golpe de efecto.
Paul Auster, en su Invisible, no juega a eso. Si alguna vez tengo tiempo de volver a leer la novela, me será difícil encontrar elementos superfluos o puntos de distracción. Todo está dado con naturalidad, de manera sorprendente y a la vez sencilla. Un golpe de efecto invisible...

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David G. Panadero


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