Entrevista con Fernando Cámara


 
Fernando Cámara y David Alonso realizaron una película emblemática dentro del cine de terror español: Memorias del ángel caído (1997). Con ellos hemos hablado largo y tendido en varias ocasiones, a propósito de sus películas de género –véase la entrevista en Pasadizo.com–. Pero en esta ocasión, hemos preferido abordar en solitario a Fernando para que nos hable de sus actividades policiales, y también de NECRÓPARIS, la novela que en cosa de meses va a ver la luz en NGC Ficción!

David G. Panadero: Hemos hablado mil veces sobre la escritura de guiones de cine, y si no me equivoco, solías venirme a decir (te parafraseo libremente): “El guión debe ser coherente consigo mismo. La realidad es un punto de partida del que hay que alejarse”. Me llama la atención que tus dos últimas películas, hechas en colaboración con Pedro Costa, aborden sendos casos reales: El crimen de los marqueses de Urquijo y El asesino dentro del círculo.

Fernando Cámara: Al ser casos reales, no conviene alejarse demasiado de los hechos, ya que conocer la verdad es lo que motiva a los espectadores. En todo caso, estilizamos un poco el relato para hacer más interesante la narración. No hay que olvidar que estas películas pertenecen a la mítica serie La huella del crimen, y la selección de los casos y el tratamiento casi periodístico de los hechos es una constante de Pedro Costa, su productor, guionista y director. Yo he tenido la suerte de colaborar con él y de aprender a conjugar el dato con la intriga, lo cual no es tan sencillo como parece.

Me atrevería a decir que estáis experimentando “en carne propia” los riesgos de adaptar un crimen real. ¿Qué nos puedes contar de la demanda que os han planteado acerca del caso Urquijo?

Pedro Costa y Fernando Cámara.
No conozco los detalles, pero es bastante habitual este tipo de demandas en historias basadas en casos reales. Sin embargo, La Huella deja bien claro que sólo se inspira en el suceso; cambia nombres y situaciones para generar un relato más atractivo que sus fuentes originales. En ese sentido, El crimen de los marqueses de Urquijo, es como un caso al estilo de Agatha Christie, una partida de Cluedo cuyas fichas llenaron tantas portadas de revistas a principios de los ochenta.

En vuestra película sobre el caso Urquijo tenemos una historia elegante y contenida, que no cae en tantos excesos como pudiera, y hasta cierto punto elude polémicas y conspiraciones para plantear un thriller compacto, que no se va por las ramas. El asesino dentro del círculo muestra, con un humor muy cañí, una cuenta atrás, caza del asesino incluida, muy típica del género. A la hora de estructurar estos materiales que, insistimos, provienen de la vida real, ¿es un apoyo o más bien un obstáculo la documentación? ¿Os veis en la tesitura de sacrificar nombres y situaciones para que la película cobre forma?

La documentación es siempre el punto de partida. Sería ridículo adaptar estos sucesos y perder los sorprendentes detalles que nos ofrece la vida. Además, Pedro, es un hombre muy bien informado y con una memoria prodigiosa. Su humanidad para comprender a las personas involucradas y su sencillez narrativa, lo convierten en el cronista ideal. Siempre he dicho que, más interesante que sus películas, es escucharlo a él relatando los casos.

Y, como ya apunté antes, siempre hay cambios en el material para aumentar el interés de la historia. Y luego está el asunto de los nombres de los implicados. Un proceso complejo éste, porque en las primeras versiones de guión trabajamos casi siempre con los nombres reales, pero al terminar, los rebautizamos, y entonces nos volvemos locos para saber quién es quién. Pero este cambio final sirve también para alejarnos del personaje real y dotarlo de nuevas particularidades.
¿Qué personaje te apetece ser?

Conociendo como conozco tus gustos y tu trayectoria, me imagino que podrías hacer excelentes películas negras, incluso muy distintas de las dos que mencionamos. ¿Te imaginas adaptar a William Irish o Patricia Higshmith? Fíjate, te veo muy cercano a esos escritores intimistas, centrados en la psicología criminal, tan típicos de los años sesenta.

Has nombrado a dos de mis amores más profundos. Pero en realidad no me interesa adaptarlos; son tan sublimes que el cine solo puede empequeñecerlos. Resultan perfectos en la medida en que hablan desde dentro de los personajes, y eso no es tan eficaz en las películas. 

Y como siempre, las mejores películas son las que no llegan a rodarse. ¿Podrías hablarnos de Se alquila? ¿La llegaremos a ver una tarde de estas? ¿De qué otros proyectos te apetece hablarnos?

Se alquila hubiera sido una de esas películas cercanas a Highsmith. Un  relato que se cuenta desde dentro de los protagonistas pero sin recurrir a voces en off ni trucos por el estilo. La historia trata de una joven pareja que encuentra un chollo de alquiler ya que su nueva casera no parece tan interesada en el dinero como en recuperar la juventud a través del chico. Un triángulo imposible. Desgraciadamente, después de luchar por sacar el proyecto adelante durante seis años, de haber firmado con dos o tres productoras, y de estar todos encantados, al final no consiguieron financiarla. Y resulta absurdo, porque la película es tan pequeña, contenida y claustrofóbica que casi se podría hacer entre colegas durante unos cuantos fines de semana.

Otro proyecto, que se ha quedado por ahora en el limbo, es Ataque de pánico, una comedia terrorífica que suelo anunciar como Las verdes praderas durante Halloween. O American Beauty en Elm Street. Casi nada. Un retrato de nuestras urbanizaciones veraniegas, sus gentes y sus miedos, tanto sociales como amorosos, económicos o de pura supervivencia. Y esta vez, los productores me dicen emocionados que es tan novedosa, increíble y auténtica ¡que no se atreven a hacerla!, precisamente por todo eso, por su doble registro, por su atrevimiento… En fin, que es justo lo que siempre te andan pidiendo y cuando se lo das, les entra el miedo, como si conocieran la fórmula que asegura el desastre o el éxito. Y claro, luego somos los guionistas los que tenemos que escuchar los reproches de los espectadores: que si siempre hacemos lo mismo, que si nos falta talento…

La próxima entrevista, David, será para ensalzar mi asombrosas virtudes creadoras, y debería tratar exclusivamente sobre mis cadáveres, los proyectos que por diversas razones -económicas casi todas- no han salido adelante. Aunque lo más triste es comprobar que mi caso es la norma, y que son decenas de historias de altísimo nivel las que por absurdos procesos burocráticos nunca llegarán al espectador, que se convierte en el gran perdedor, ya que nosotros, de alguna forma hemos visto mentalmente nuestras películas.

Quizá haya que ir cambiando definitivamente el modo de enfrentarse a la fabricación audiovisual. No se puede estar siempre a expensas de productores que se han especializado en comentar guiones, pero que no tienen la creatividad necesaria para buscar fuentes de financiación alternativas, que sería su misión primordial hoy en día. Estudien, amigos, y descubran por qué los años setenta fueron la década prodigiosa del cine.

Otra de tus pasiones, no tan alejadas del cine negro, son las películas paranoides y excesivas de Polanski. El cuchillo en el agua, Repulsión, El quimérico inquilino… O clásicos de la ciencia-ficción norteamericana, como La invasión de los ladrones de cuerpos… ¿Consideras la escritura una forma de terapia? ¿Tienen algo que ver los títulos mencionados con NECRÓPARIS, tu primera novela?

Mi miedo infantil era ser diferente, que los demás descubrieran que yo era distinto en algún aspecto desconocido. Siempre temía que un día, mis padres, en plan conciliábulo me contaran la gran verdad de la vida y me expusieran a los vecinos, al barrio, al mundo. Siempre el mismo pánico a perder la identidad, a que me la arrebataran. Los temibles maniquíes, conspirando y atacándome en las pesadillas… ¡Cómo no voy a entender a Polanski, si soy un Ultracuerpo!

En realidad todo eso es NECRÓPARIS, una novela escalofriante, pero, a la vez, un listado de mis miedos, desde la infancia al ser adulto, si es que existe esa etapa en mí. En ese sentido, escribir es una verdadera terapia, en la medida en que expones tus miedos a los demás. No sé si eso ayuda, pero de alguna forma te sientes menos raro. Como cuando descubrí en un foro-fóbico de Internet que había un tipo que también sufría «automatonofobia», pánico a los maniquíes, y en concreto, como yo, a los de Galerías Preciados. Y además tenía pesadillas en las que le perseguían, como a mí. Y se tenía que tumbar en el suelo, estirarse y contar hasta cinco con los ojos cerrados para poder despertar. Pero a mí, además, me venían a hacer cosquillas en los costados. Todos en masa. ¡Horror absoluto!
  

¿Cómo crees que se recibirá NECRÓPARIS? Diría que es una novela atípica dentro del panorama actual: no hay subtramas, de esas que tanto gustan a los guionistas de serie televisiva; es corta y se lee rápido. Y además, transcurre en París, y ni te detienes a contarnos recetas de cocina, ni a pasear por los monumentos más emblemáticos.

He intentado desgrasar la narración todo lo posible. Nada de rellenos, como habitualmente se da en aspirantes a bestseller. Nada de subtramas para engordar el librote y vender al peso. Aunque por otro lado me encantaría que se convirtiera en la novela más vendida de la década para que Pily B., mi arriesgada editora, se enriqueciera por su atrevida apuesta. Por soñar… Ya sé que no es el mismo género, pero tú mismo siempre recuerdas el caso de Seda. Y es que un bestseller natural no se mide por el tamaño sino por su garra.

En realidad, todas estas particularidades que adviertes en NECRÓPARIS y que son tan lejanas a las convenciones literarias actuales se dan porque esta novela nació libremente. Tuve la necesidad de escribirla, pero no de publicarla. Algo parecido a lo que me ocurrió cuando escribí la primera versión de Memorias del ángel caído. No tenía más fin que el de contarme la historia a mí mismo, ordenar las ideas y ver su consistencia global. Luego, por extraños designios, la película salió adelante. Al igual que ahora esta novela. En ambos casos me topé con progenitores (productores, editores) dispuestos a dejarme hablar sin tapujos, y que se interesaron por la historia como si fuera suya.

Con NECRÓPARIS he recuperado la ilusión que sentí hace más de diez años con Memorias… Esa alegría propia de la ingenuidad que nace del desconocimiento del medio y de sus resortes. He partido una vez más de una situación real: el viaje a París con mi mujer, al le he ido enredando tantos toques de ficción que ya no sé discernir lo verdadero de lo inventado. Aunque, qué más da. De eso tratan precisamente las historias, de fundar mundos que puede que estén aquí o no, pero que resulten creíbles. En última instancia, es fundamental que el universo creado sea consistente.

Otra cosa importante para mí, era ser pródigo en ideas, en situaciones, en escenas... Era fundamental contar sin parar, como hacían aquellos generosos narradores durante mi época de crianza. Siento tristeza al constatar la racanería actual en las tramas: ¡casi no pasa nada! Se construyen películas y novelas en base a tres o cuatro momentos globo y el resto no deja de ser un aburrido relleno, un cemento débil que sirve para cohesionar esos grandes hallazgos que, por otro lado, respiran un rancio aroma estándar. En ese sentido, los géneros están muertos si no hay capacidad para crear una atractiva mezcolanza entre ellos.

En fin… que estoy tan entusiasmado con la novela que, en cuanto llegue septiembre y salga a la calle, iré a comprarme una copia en cada librería. Más que nada para revisar si todos los ejemplares dicen lo mismo o hay extrañas variaciones nacidas en las misteriosas imprentas de los subsuelos de la ciudad.

Fíjate, muchas veces al leerte, lo que más me llama la atención es tu humor. ¿Para cuándo una novela cómica, sin zombis ni mendigos peligrosos?

Taza y media...
Hay algo cómico en camino, pero de nuevo es una película. Se titula Carne cruda, una especie de Hombre lobo americano en… Valencia. Y lo mejor de todo es que lo dirige otra persona, Tirso Calero, coguionista del atractivo engendro. Esta es la situación ideal para mí: escribir o coescribir una película, y que otra la dirija. Pero como algún tipo hábil constató hace tiempo, los guionistas se pasan a la dirección porque se hartan de que otros les estropeen su trabajo, y para eso prefieren estropearlo ellos mismos. Bueno, yo ya he tenido mi ración y ahora prefiero reservarme para asuntos más personales. Para dirigir bien una película tienes que estar absolutamente encoñado con la historia. Y comenzar a rodar rápido, sin perderse en eternos procesos de financiación, porque ya se sabe lo que pasa con los encoñes…

De todas formas, el humor en literatura no acaba de funcionar. Y no sé por qué, ya que representa nuestra quintaesencia como personas: por el humor nos diferenciamos y nos definimos. Y además nos distiende. En cine sí me han hecho bastantes encargos de comedia. Y aunque me encuentro cómodo en ese registro, el terror me sirve para expresarme mejor. Estoy fabricado en un 70% de pánico y un 20% de coña. El restante 10% no lo tengo tan claro… aunque seguramente sea puro sexo. ¿O eso era el 70%?

Encantado de volverte a entrevistar, Fernando. Por ahora no hay más preguntas para ti. Si quieres tú plantearme una, estás invitado a hacerlo. Un fuerte abrazo.

Gracias por tus preguntas. Pensar en ellas es como una sesión de diván que me hace ver cómo escachuflo mi vida de año en año. Y eso me encanta, porque sé que siempre puedo ir a peor. Ya lo veréis.

Ah, y finalmente unas recomendaciones, aunque ya fuera de cartelera, pero seguro que aparecerán en DVD, o en vuestra web favorita de sucias descargas. Hay que ver La nana. ¡Y Canino! Rompen géneros, como habitualmente hace el cine de autor. Pero éstas van mucho más allá porque jamás consigues ir por delante de la historia. A veces sientes que ni siquiera hay historia. Pues nada, estos son mis dos últimos flechazos. Dedicados a todos los lloricas que dicen que el cine ha muerto. Aunque a lo mejor los que están muertos son ellos. Que se hagan un análisis de detritus por si acaso. A todos los demás, ¡salud total!

Página web del autor

Su otra pasión: pintar cuadros. (Archivos clasificados de FC).

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