Candy City. Alberto López Aroca

  
Recuerdo ahora un sucedido, leído o escuchado allá por no se cuándo ni dónde, sobre Rod Stewart (sí, ese). El cantante, allá por 1975, consiguió por fin grabar en estudios norteamericanos con un presupuesto tan holgado que incluía la participación de la Muscle Shoals Rhythm Section (para profanos, los músicos que respaldaron el mejor soul de la historia las grabaciones de pelagatos como Aretha Franklin, Otis Redding, Sam and Dave y así). Pues bien, el gañan inglés, con impecable sorna, no se privó de proferir: “Debe haber un error. No son la legendaria sección de ritmo, son todos blancos”.

"Fundación, desarrollo y decadencia de una ciudad firmemente asentada sobre los pilares de la corrupción, la vileza y la podredumbre, en la que la supervivencia se convierte en arte y la longevidad en una quimera"

No deja de acudir a mi cabeza esta suculenta anécdota tras la enormemente disfrutada lectura de Candy City, el nuevo libro de Alberto López Aroca. Si el libro se hubiera publicado como un apócrifo recientemente desenterrado del más escondido recoveco de la, pongamos, Biblioteca Municipal de Wichita Falls, o así, Candy City sería saludado como la Piedra Roseta o, tal vez, el eslabón perdido de la novela policial norteamericana
Alberto López Aroca ha sido capaz, a pesar de provenir de Albacete y vivir en el siglo XXI, de conjugar con respeto y entusiasmo, admiración por los maestros de la novela policial y, ofrecer, además de un homenaje escrito desde la más sincera honradez, una oportunidad a lectores y aficionados para leer -con la misma fascinación conque las leíamos antes- una novela policíaca de siempre.
La ficticia ciudad Candy City se narra al lector a través de la mirada del mismísimo Jim Thompson durante la última noche de su vida como sicario de las bandas de gangsters. Siguiendo el hilo, desenrollado con destreza y sobriedad por López Aroca, de uno de esos soliloquios (acribillados de una lógica implacable, visceral y tortuosa) tan personalísimos de Thompson, el lector recorrerá, en los Estados Unidos de las primeras décadas del pasado siglo, la fundación, desarrollo y decadencia de la ciudad hammetiana firmemente asentada sobre los pilares de la corrupción, la vileza y la podredumbre, en la que la supervivencia se convierte en arte y la longevidad en una quimera.
Con atención al detalle en la creación de personajes y ambientes, renunciando a fáciles excesos, desarrollando -con acertados saltos temporales- la espiral de guerras de bandas que, a la postre, calcinan la Ciudad de Caramelo, López Aroca entrega una narración clásica, respetuosa en las formas y sincera en su ortodoxia y desarrollo que el lector no puede por menos que sentirse arrastrado y disfrutar de este extraordinario apócrifo que aprobarían, sin titubeo o reserva, los mismísimos Hammet, Thompson o McCoy.
Sin que les cupiera la menor duda.

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Luis de Luis
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