La mala espera. Marcelo Luján


Le salió negra.
Dice Luján que él no quería, que él no hizo más que mirar pa fuera, que se puso a escribir, a contarlo y que le salió negra. ¿Será que la realidad es negra? ¿Serán los ojos del que mira?


Si  usted, alguna vez, en lugar de practicar la muy recomendable teoría de la lucha de clases se abandonó al consenso políticamente correcto sobre la mano de obra inmigrante, seguramente le interesa leer esta buena novela, La mala espera.


Hace tiempo, a los estudiantes de sociología se les contaba que, cuando un país llama a obreros de otros países para que trabajen en condiciones ínfimas, los obreros vendrán; solo que un tanto por ciento por ciento de los recién llegados elegirá otros caminos. La mala espera va de ese tanto por ciento. En estos tiempos amnésicos donde la mirada de izquierdas sobre la inmigración se parece sospechosamente a la de Cáritas,  la voz inteligente de  Luján ha hablado; o sería mejor decir, ha escrito.


Luján ha escrito una novela de noir existencial donde esboza una imagen de Madrid como capital del dolor, la desconexión y el sálvese quien pueda. La mala espera, con notable estrategia narrativa dosifica su trama con maestría: Rubén, el Nene, inmigrante argentino sobrevive en Madrid gracias los trabajos sucios que Fangio le encarga. Su vida dará un vuelco cuando acepte  la propuesta más sucia que realizó jamás, transportar cocaína dentro del cuerpo de unos niños centroamericanos. A partir de ahí se abre un juego de sospechas e identidades falsas que nos da a conocer los entresijos de supervivencia de la inmigración en la ciudad que la acogió.  Lujan escribe con prosa plástica y expresiva.


Será por eso que le salió negra, interesante y poderosa.

EDAF, 2009
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Aprivativa
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