Entrevista con Juan Madrid


«Nunca ha habido tiempos míticos, ni en el boxeo ni en la cocina regional»

«La ciudad se ha convertido en postmoderna, y yo, no»





Esta entrevista tuvo lugar a principios de 2003. Contacté con Juan Madrid y le envié unas preguntas por correo electrónico. Acordamos que me diera las respuestas en mano, en un diskette. Y quedamos un martes por la noche en un bar de la madrileña plaza del Dos de Mayo. A la cita acudieron, además de Juan, la escritora Sara Rosemberg, el actor Enrique Simón, y un policía retirado llamado Pardeira, que fue jefe de grupo en la comisaría del distrito centro. Y, por emplear palabras de su amigo Sabina, nos dieron las dos, las tres y las cuatro...


David G. Panadero: Tu ciudad preferida a la hora de escribir parece ser Madrid. ¿La notas muy cambiada desde los tiempos de Un beso de amigo?

Juan Madrid: Casi todas mis novelas y cuentos transcurren en Madrid por la sencilla razón de que me cae muy a mano. Hubiera sido diferente de haber vivido en otra ciudad. Lo que si tengo claro es que la novela —desde el siglo XVII— es un género urbano. Y la novela, llamada negra, es urbana por antonomasia. Un beso de amigo la empecé a gestar allá por 1977, cuando descubrí las posibilidades literarias de la Novela Negra. Se terminó de escribir en 1979 y se publicó en 1980, hace ya veintitrés años. De entonces a esta parte Madrid y yo hemos cambiado. La ciudad se ha convertido en postmoderna, y yo, no. Simplemente me he hecho más viejo, pero no más sabio. Madrid es la ciudad del brillo y de la apariencia, de la sordidez disfrazada de glamour. Aquí los que mandan y disponen mantienen los colmillos apenas disimulados por sus belfos bien afeitados.



Panadero: Uno de los temas recurrentes en tu obra, sobre todo en el ciclo dedicado a Toni Romano, es la corrupción inmobiliaria. ¿Crees que oculta complots políticos además de intereses económicos?

Madrid: Creo que la maldad es uno de los temas recurrentes en toda mi obra, sea de Toni Romano  o no lo sea. Me refiero a la capacidad de enmascaramiento, de mentira sistemática, que posee básicamente la sociedad actual, cuyo origen se remonta, al menos, al siglo XVI. Todo el aparato ideológico, religioso y político del poder está basado en disimular y no explicitar la autentica base de esta sociedad, que no es otra que la existencia de ricos y pobres, de explotadores y explotados, de unos que poseen los medios de producir riquezas y distribuirlas y de otros, la inmensa mayoría de la sociedad, que sólo posee fuerza de trabajo. Al comienzo del siglo XXI el disimulo, el engaño es mucho más sofisticado que en siglos anteriores. Pero, por si acaso, el poder mantiene, frescos y bien preparados, las fuerzas represivas, sean estas las que sean. Yo me limito, entre otras cosas, a contar eso, a poner de manifiesto esas contradicciones... en forma de novela o cuentos, claro. No son panfletos.

 
Panadero: En sus inicios, Romano se las ve con Torrente, el líder de una banda de militantes de extrema derecha. ¿No crees que Santiago Segura debe haberte leído?

Madrid: No tengo ni la menor idea. Si embargo, creo que las dos películas de Segura merecen un análisis mucho más profundo y serio del que se hace, sobre todo de la segunda. La parodia puede ser, y es, un arma inmejorable para meter el dedo en lugares ocultos y sangrantes.

Panadero: Tras todas las restricciones sufridas en su difusión televisiva, el boxeo es hoy día un deporte aún más marginal, y los nuevos púgiles suelen ser inmigrantes. ¿Llegaste a disfrutar veladas en los tiempos míticos?

Madrid: Nunca ha habido tiempos míticos de ninguna clase, incluidos el boxeo o la cocina regional. De muy joven coincidí en la pensión donde vivía con un boxeador cubano llamado Quiñones, que vendía puros de contrabando por los antros de la zona centro. Era de la escuela de Mantequilla Nápoles y se entretuvo en enseñarme a lanzar las manos y a moverme, a golpear y a salir. Pero no lo aproveché bien. Era miope, no me entrenaba lo suficiente y tenía muchas cosas que perder, de modo que nunca fui, ni siquiera, un mediocre peso ligero durante los entrenamientos. De esto ha pasado casi cuarenta años y he sido, o pretendido ser, muchas más cosas. Por supuesto, tuve una larga etapa de asiduo visitador de veladas en el Campo del Gas, Circo Price, Frontón Madrid... etc.

Panadero: ¿Qué te parecen películas de John Huston como Fat City o La Jungla de Asfalto?

Madrid: Me parecen excelentes obras de arte. Pero fíjate en tu biblioteca en los autores que escribieron las novelas en que se basaron los guiones de esas películas... y luego observa los nombres de los guionistas. Verás que detrás de un buen director, de una buena película hay un excelente relato. El director de cine es, nada más ni nada menos, que el director de una vasta orquesta, no el autor.



«La serie de Brigada central fue sistemáticamente censurada
 hasta extremos ridículos»


Panadero: En tus inicios como novelista retratabas a la policía como una institución que “más que protegernos, nos vigila”, mientras que los miembros de la Brigada Central eran unos bienintencionados perdedores. Con la puesta en marcha de programas como el Plan Focus, la inminente llegada de los “juicios rápidos” y la posible variación del Código Penal entre otras leyes, ¿cómo retratarías ahora a las fuerzas de seguridad?

Cuando las series molaban
Madrid: Una mirada atenta a mi obra cuarenta libros entre novelas, libros de cuentos, principalmente descubriría una serie de constantes. Que yo sepa y recuerde, se han escrito sobre mi obra dos tesis doctorales y entre quince a veinte tesinas de licenciatura en Europa y USA. No he leído ninguna, ni creo que deba hacerlo, por lo tanto no soy yo el que deba hablar de tal o cual aspecto de mi obra. Yo las escribo y las interpretaciones se las dejo a los otros. En cuanto a tal o cual ley y a como retrataría a las fuerzas llamadas de seguridad, me limito a lo anterior: mi conciencia está en mi obra y basta con leerla. Añadiría que la serie de Brigada central fue sistemáticamente censurada hasta extremos ridículos por el director y un reescribidor inspector de policía. Yo sólo soy responsable de los guiones y de las novelas que escribí después, para que quedara clara mi posición al respecto.

Panadero: Gran parte de las nuevas generaciones te conocen sobre todo gracias a la galardonada película Días Contados. ¿Crees que Imanol Uribe captó bien el espíritu de tu obra?

Madrid: Si usted lo afirma debe ser verdad. Desconozco de qué me conocen las nuevas generaciones y si me conocen. La película Días contados reflejó mucho más de lo que parece a simple vista el espíritu de la novela. Sin embargo, la película es de Imanol Uribe y la novela es mía. Observa la una y la otra y te darás cuenta de las diferencias y similitudes.

Panadero: En Barcelona, en tiempos de la Transición, con Jaume Fuster, Francisco González Ledesma o Manuel Vázquez Montalbán abundaban los escritores de novela negra, mientras que en Madrid se te recuerda sobre todo a ti. ¿Con qué escritores te codeabas en aquella época?

Madrid: Hay excelentes novelistas en cualquier ciudad. Barcelona fue la primera urbe española o de España. Madrid fue un poblachón manchego hasta 1975. Es normal que en Barcelona, sede de la industria editorial y de otras industrias, dé un catálogo de escritores mayor. Conozco y trato a todo tipo de escritores. A unos los respeto, a otros, no. Lo mismo me ocurre con todo tipo de gentes.

Panadero: Aún recordamos con aprecio aquella Brigada Central cuyos guiones tú escribías. ¿Crees que en la televisión actual sería factible una serie así? ¿Qué te parecen series de ahora que tocan el tema, como Policías en el corazón de la ciudad?

Madrid: Estoy convencido que aún no ha aparecido una serie policial que merezca la pena. Bajo mi punto de vista, la que más se acercaba era La canción triste de Hill Street.

Panadero: Tu novela Viejos Amores parece estar basada en hechos reales. ¿Qué hay de eso? ¿No puede resultar peligroso escribir la biografía de un asesino aún vivo?

Madrid: Es curioso lo que ocurrió con Viejos amores. La crítica la puso muy bien... pero como una obra de no ficción; es decir, como el reportaje de hechos reales. Sin embargo, no lo fue. Es una obra de ficción y nunca la biografía de nadie vivo. Me basé en hechos reales, como ha ocurrido en algunas obras mías, de la misma manera que lo hicieron escritores como Cervantes, Chejov o Flaubert, por citar a tres que me gustan especialmente. Lo que me llamó la atención en su momento fue la poca perspicacia de algunos reputados críticos-catedráticos de literatura que confundieron una obra escrita con la pretensión de que pareciera real, con la realidad misma. En el fondo me llena de orgullo legítimo ese error.

Panadero: Por último, Juan, ahora que han pasado más de dos décadas de la Transición, ¿en qué frentes ves que has de luchar?

Madrid: Curiosa pregunta ésta. Los libros de cualquiera son frentes de lucha, sean del signo que sean. No hay arte que no contenga una ética- ni una estética, por supuesto- Pensar que el arte pueda ser neutral es una añagaza. Por si no ha quedado claro, mi conciencia son mis libros y viceversa.
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