Entrevista con Francis P. Fernández

Desde que supimos que se iba a publicar la novela La versión del Minotauro, prologada además por David G. Panadero (hay que barrer para casa), tuvimos ganas de entrevistar al autor. Resulta que se nos adelantó Juan Ramón Biedma e hizo esa entrevista para publicarla en NGC Ficción!, la editorial fundada por Pily B., quien ha arriesgado por esta novela a la que seguimos la pista ya cuando era manuscrito inédito. Pidiendo permiso a los amigos, queremos difundir la entrevista que ha hecho Juan Ramón; eso sí, no descartamos volver sobre el tema y hablar con Francis.


Me lavo las manos, me lavo las manos...
JUAN RAMÓN BIEDMA: Para empezar por lo que suele ser la pregunta final, ¿en qué estás metido? ¿Cuál o cuáles son tus proyectos futuros?
FRANCIS: Pues ahora mismo, aparte del jaleo que suponen todos los asuntos de la vida académica, y que no son moco de pavo, estoy realizando un ensayo que me han encargado sobre el crimen en la cultura popular y que, si las cosas van como deben, tendré ultimado después del verano, para noviembre a lo más tardar. Y en el plano literario, trato de cerrar —o lo intento— otra novela que tengo muy avanzada, pero que se me ha atascado un poco al tratarse de una historia muy poco convencional que tengo en proyecto desde hace años. La verdad es que de momento no me preocupa la demora porque sale La versión del Minotauro, y hay que promocionarla, ver qué acogida tiene, cómo funciona… Ya sabes. Espero que las cosas caminen lo suficiente como para que NGC ficción! no opte por deshacerse de mí a las primeras de cambio. Este de la literatura es un mundo complicado, creo que incluso saturado, y hay que ser realista.

JUAN RAMÓN BIEDMA: ¿Te imaginas escribiendo una novela al margen de todo género? Si es que tal cosa existe...
FRANCIS: Sí. Es la que trato de escribir ahora. Algo de género hermafrodítico, indefinible e indefinido. Creo que en la vida hay que ser ambicioso. De todos modos a mí me parece, con total sinceridad, que tus propias novelas ya están más allá de todo género, por lo que no sería el primero, ¿verdad?

JUAN RAMÓN BIEDMA: Esta es tu primera novela, pero no es tu primer libro, ya que se cuentan en tu haber algunas de las mejores aproximaciones ensayísticas que se han realizado en este país a la mentalidad delictiva. ¿Son mundos muy diferentes para ti el de la literatura de ficción y no ficción o terminan convergiendo en una sola realidad?
Algo trama Paco...
FRANCIS: Yo creo que el ensayo y la literatura son divergentes en sus intereses, métodos e incluso, muy a menudo, en lo referente a sus públicos respectivos, pero tampoco dejan de tener lugares comunes. Una buena novela, como el ensayo, tiene que estar bien documentada porque el lector debe percibir que está «conociendo» algo, que se está enriqueciendo de alguna manera y que el autor le está mostrando cosas que antes no sabía y que esa es una de las razones por las que debe seguir leyendo. Esto forma parte de la complicidad imprescindible entre el escritor y sus lectores. Al fin y al cabo mucha gente lee novela histórica porque cree que así aprende historia… Es obvio que está trágicamente confundida en muchos casos, pero no por ello el reclamo del conocimiento deja de funcionar. Del mismo modo, un buen ensayo debe estar bien escrito, estructurado, ser agradable al lector. El buen ensayo no alecciona, no es un simple libro de texto, sino que muestra voluntad de estilo, tiene un desarrollo, una trama, sigue una línea argumental. El buen ensayista tiene que tener algo de relator y el buen narrador debe tener un punto de ensayista. Son cosas que van de la mano y que cuando fallan o no se presentan juntas conducen al fracaso. Fíjate en todos los ensayos que triunfan en el mercado y verás que tienen algo en común: están concebidos a partir de una estructura narrativa perfectamente visible y muestran una voluntad de estilo nítida.

JUAN RAMÓN BIEDMA: Coordinas el departamento de criminología de la Universidad Camilo José Cela de Madrid. ¿Podrías explicarnos en qué consiste tu trabajo? Sólo nos interesan los aspectos más zafios y sensacionalistas, naturalmente.
FRANCIS: Bueno… La vida universitaria no tiene nada que ver con lo que se cuenta de ella en el cine de entretenimiento (como casi nada en esta vida, la verdad). Vamos, que no me persigue ningún Jack el Destripador por los pasillos de la facultad a medianoche, empezando porque en ninguna universidad hay profesores a partir de las nueve y media o las diez. Es más bien un trabajo burocrático. Tanto como puede serlo preparar un horario, firmar un convenio de colaboración o diseñar un plan de estudios. Yo siempre he tenido vocación de enseñante y, la verdad, lo mejor de mi trabajo son las clases, el día a día con los alumnos. El resto es bastante anodino. Claro, también tiene sus buenos momentos. Por ejemplo, ahora tenemos en marcha un proyecto de investigación que requiere entrevistarnos, bis a bis, con muchos de los asesinos sistemáticos que hay en cárceles españolas, y está muy avanzado… Imagínate: el asesino del naipe y yo frente a frente… Suena bastante sensacionalista, ¿no?

JUAN RAMÓN BIEDMA: ¿Quieres hablarnos de tus orígenes? Literarios, claro. No hace falta que me cites obras ni autores si no lo deseas, pero sí quisiera que compartieras con nosotros alguna de esas primeras perversiones que te infectaron para siempre.
FRANCIS: Yo vengo del cine y del cómic. Lo normal es que la gente primero lea, pero yo primero vi. Soy un homo videns absoluto. Verás, mi padre y mi abuelo eran proyeccionistas y mi señora madre me dio mil veces la teta —como suena— en la oscuridad de una sala de cine. De hecho, yo recuerdo mi infancia correteando por un patio de butacas y siempre he dicho por ahí que si no fuera lo que soy habría intentado, sin duda alguna, ser director de cine. Bueno, pues del cine fui a los tebeos, y de allí a los libros… Y en los libros entré por la puerta grande, con Lovecraft, Howard, Kafka, Verne, Stevenson, Galdós, Stoker, Dick, Salgari… posteriormente, toneladas de filosofía y ensayo. Luego Saramago, Clarín, muchos clásicos grecolatinos, García Pavón, Hammett, Westlake… Nunca leí literatura de esa que se cataloga propiamente como «infantil y juvenil». Algún libro, tal vez, pero me aburría en seguida. Soy hijo único y eso me ha ayudado mucho a desarrollar mundos interiores pues he tenido que pasar muchas horas, como se suele decir, «reunido conmigo mismo». Tampoco recuerdo haber tenido un género predilecto. Desde siempre me ha gustado aquello que me dice cosas, lo que me hace pensar, hacerme preguntas, reflexionar de alguna manera. Quizá esté algo deformado por mi vocación y mi trabajo como profesor e investigador, no lo niego, pero soy incapaz de perder el tiempo con un libro… Para eso me leo un buen comic. Tengo una colección impresionante. Creo que todas estas influencias son muy claras en lo que escribo porque además no hago esfuerzo alguno por ocultarlas; cada uno es lo que es y yo ya no tengo edad como para andar jugando al escondite con nadie.

JUAN RAMÓN BIEDMA: Inevitable pregunta, Francis: La Feria del Libro de Madrid y todos los eventos literarios del mundo se dedican estos días al policiaco nórdico; nunca te he comentado que me parece una de las generaciones más planas y mediocres que haya tenido la aburrida desgracia de conocer. ¿A ti, qué te parecen?
Esto no lo trabajamos.
FRANCIS: No soporto al difunto Stieg Larson, si es lo que preguntas. Ni a él ni a sus correligionarios literarios. Me parecen un auténtico rollazo plúmbeo e intolerable detrás del que no hay otra cosa que un marketing salvaje y arrollador. Historias planas, personajes previsibles, indefinidos, de psicología parda y escasamente interesantes… Supongo que será porque no comprendo a estas gentes del norte de Europa. Hace demasiado frío para un tipo del secano mediterráneo como yo. La verdad, creo que hay más literatura negra de calidad en las obras completas de Silver Kane que en esos tochos con cubitos que nos importan las editoriales últimamente. En definitiva, son modas que van y vienen, y que habrá que sufrir. Como cuando Peter Jackson puso en el candelero El señor de los anillos y se publicaron miles de títulos que, salvo honrosas excepciones, no eran otra cosa que malas copias de Tolkien. Ya no se acuerda nadie de todo eso, pero hizo dinero a espuertas. De todos modos, no me deja de parecer algo triste que la gente lea lo que un técnico publicitario decide que debe leer… Es uno de los grandes males de la literatura actual: faltan lectores con criterio, lectores independientes.

JUAN RAMÓN BIEDMA: Como no llevas demasiado tiempo en el circuito comercial, igual tengo suerte y no me respondes a la siguiente pregunta con tantos por cientos comparativos y cifras y fechas y diagnósticos autocomplacientes. ¿Qué es eso de la buena salud de la novela negra en nuestro país?
FRANCIS: En alguna medida creo haber contestado antes. Son modas. La novela negra nunca se fue del mismo modo que jamás ha desaparecido la Ci-Fi o el Fantasy. Sólo había que buscarlos con más esfuerzo. Y yo, es cierto, llevo poco tiempo en el circuito de este lado de la barrera, como autor, pero llevo toda la vida como lector y ya me las voy sabiendo todas. Son ciclos. De repente se ponen de moda las sevillanas o la lambada y te las encuentras hasta en la sopa. Pero cuando todo eso pasa, generalmente porque los intérpretes se multiplican como las setas y el consumidor llega al hastío, no es que los cantantes de sevillanas o de lambadas desaparezcan o se esfumen sino, simplemente, que salen del centro del escenario y vuelven a ese lugar marginal que antes ocupaban, o bien se reciclan en cualquier otra cosa. Con la novela negra esto sucederá tarde o temprano. Hasta la próxima vez que alguien decida llamarla y vuelva a colocarse en el centro de la escena. La novela negra española tiene buena salud hasta que, por supuesto, deje de tenerla y entonces los que estén —o estemos— en este negocio y no tengan —o tengamos— un público fiel al ciento por ciento que los sigan leyendo con total independencia de la moda, tendrán que reciclarse o desaparecer. ¿Te lo puedes imaginar? ¿Te ves escribiendo novelas románticas a los sesenta para ir tirando? Pues no lo descartes.

JUAN RAMÓN BIEDMA: Ahora la pregunta más difícil o al menos la que yo más odio, pero es lo que toca. Háblame de tu novela, anda; incluso defínela, si ello es posible.
FRANCIS: Es una pregunta asquerosa, tienes razón. Es como cuando algún repipi te pregunta por tus hijos… Si le dices demasiadas cosas buenas quedas como un padrazo baboso y autocomplaciente que seguramente esté mintiendo cegado por el amor, pero si dices demasiadas cosas malas, también quedas fatal. Es difícil ser ecuánime a la hora de hacer autocrítica, y es complicado ponerle un nombre y un apellido a las cosas que haces. Pero tampoco te puedes negar a hacerlo porque entonces algún malpensado puede decir, «este es un torpe y un cuentista que no sabe ni lo que hace». Lo voy a hacer muy sencillito, sin florituras: mi novela trata de contar una historia perfectamente posible, en un mundo perfectamente real, sin maquillajes ni accesorios y con un intencionado estilo directo destinado a tratar de hacerla creíble. Algo así como una true-novel a lo Capote, pero sin el true. ¿Ves? Acabo de decirlo y ya me parece que no encaja. Sí que es un fastidio de pregunta, la verdad.

JUAN RAMÓN BIEDMA: La versión del Minotauro, discurre, además de en otros escenarios, entre los recovecos del estamento militar y político de nuestros días; contextos que, al igual que el eclesiástico, suelen ser cuidadosamente evitados por la mayoría de los autores de nuestro país. Supongo que será una casualidad.
FRANCIS: En absoluto. Y me tiras de la lengua… La idea de la novela se me ocurrió escuchando las noticias en la radio del coche, en mitad del atasco de hora punta vespertina en la A6. Venía del trabajo, la enciendo, y toma, allí estaban contando lo que luego sería el germen de La versión del Minotauro. Fue oírlo y pensar: «tirando de aquí sale una historia cojonuda». Sí que es cierto que muchos lectores amigos de los diferentes borradores de la novela me han comentado en alguna ocasión que igual me meto en un lío porque ando hurgando en cuestiones muy sensibles, y con mucho morro además, pero lo cierto es que no veo el motivo por el que en un país en el que no hay censura legal voy a tener yo que autocensurarme. De hecho, creo que uno de los problemas de España hoy en día es que la gente se cuida mucho de decir lo que realmente piensa acerca de casi todo. Hay mucho miedo a la reprensión social, al rechazo. Tanto que no existe la censura porque todo el sistema está diseñado para que seas tú mismo quien se ponga límites. Es terrible decirlo así, pero es lo que hay, y hay que rebelarse contra ello. ¿Por qué no vamos a hacer una novela con militares? ¿Acaso no les pago con mis impuestos igual que a los policías? Si están ahí, en el mundo, tienen que aceptar ser objeto de análisis, de crítica y de novelas. Por supuesto.

JUAN RAMÓN BIEDMA: Termina haciéndote tú mismo una pregunta y, por favor, no te olvides de responderla.
FRANCIS: Ja ja… Esta es buena. Mira, me voy a preguntar lo mismo que le preguntaron a Frank Zappa: ¿por qué estás en esto? A lo que él contesto con el título de un celebérrimo y gran disco: «nosotros estamos en esto por dinero». Yo no diré lo mismo porque en la literatura española de eso hay poquísimo y casi nadie come de ella, pero no te negaré que —aparte de que me gusta inmensamente escribir— el éxito y el prestigio son golosinas interesantes. Dicen que el pecado favorito del diablo es la vanidad. Vale. Pues ese es el que más me gusta. Qué le voy a hacer. Si la inmensa mayoría de los escritores tuviésemos que suicidarnos, lo haríamos lanzándonos al vacío desde la cima de nuestro ego. La única ventaja que tengo sobre muchos de nuestros colegas es que yo no pierdo el tiempo en negacionismos absurdos.

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© Juan Ramón Biedma / Junio - 2010

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