Entrevista con David Carreras


¿Has oído hablar de Sicomoro?
Desde que debutara en 2004 con la película Hipnos, he seguido la pista al cineasta David Carreras. Sus thrillers demuestran una voluntad de estilo poco común dentro del cine español. Este cineasta suele adaptar muy buenas novelas –de Javier Azpeitia, de Daniel Vázquez Sallés–… Además, con Flores Negras, se adentra en el mundo de los servicios secretos, construyendo un thriller político que, seguramente, no será del gusto de todos, y que además, demuestra compromiso hacia lo que nos está contando. Aquí, la entrevista que mantuve con David Carreras. Pasen y lean.

David G. Panadero: “Deberíamos crear una economía global e innovadora, fomentar la educación y el sistema sanitario y luchar contra la corrupción y la burocracia”. Eso dice la voz en off con la que se inicia tu película Flores Negras. ¿Debemos tomarla como una declaración de principios?

David Carreras: En efecto. La profunda crisis que vivimos hoy en día, es fruto de las contradicciones surgidas a finales del s. XX en las sociedades industriales avanzadas, una económica: pretender automatizar y mantener el pleno empleo, y otra cultural: educar a los jóvenes de la sociedad opulenta en la moral puritana. La primera produce la crisis del paro; la segunda el pasotismo. La idea de que “todo lo útil es bueno” acuñada por los bárbaros del norte (bárbaros en el sentido literal de la palabra), no sólo es absurda sino que sus efectos negativos se demuestran hoy más que nunca. La solución, la única que se me ocurre, pasa irremediablemente por la educación y por una nueva cultura en la distribución de la riqueza. Es vergonzoso que mientras en Europa se ha vivido en una opulencia amoral y sin sentido, donde la corrupción y el “todo vale” se ha impuesto como modelo de éxito, cada 10 segundos muera en África un niño por falta de agua y de los medicamentos más básicos. Insisto, la verdadera naturaleza de la crisis actual no es financiera, es sociológica en tanto que problema filosófico, es decir, de valores. El caos financiero es solo una consecuencia de la mierda en la que hemos convertido los valores en nuestra sociedad.

  

Panadero: Déjame que alabe tu gusto literario. Has llevado a la gran pantalla dos novelas excelentes: Hipnos, de Javier Azpeitia, y Flores negras para Michael Roddick, de Daniel Vázquez Sallés. ¿Cómo diste con estos títulos?

Un círculo dentro de otro.
Carreras: Gracias por el halago. En efecto son grandes novelas, cada una dentro de su estilo. En cuanto a Hipnos, en realidad fue causalidad (que no casualidad). Puede decirse que la novela llegó a mí sin proponérmelo. La compré por la portada y por el título (no conocía al autor) y la terminé casi antes de llegar a casa. En seguida supe que, a pesar de que la novela tal como está estructurada es imposible de adaptar, entre sus páginas escondía una historia que quería y necesitaba contar. Esta es, el temor a enfrentarse a la necesidad a crecer, a la responsabilidad, al deseo, al sexo, a la soledad, a la homogeneización, a la creatividad reprimida, a la desaparición, al pasado que deseamos olvidar. En Hipnos, de una u otra manera, se alude constantemente al dolor y a la confusión que supone despertar a la realidad.

En lo referente a Flores Negras, la historia es mucho más prosaica. Compré la novela, debo confesarlo, guiado por una curiosidad digamos genético-morbosa: quería leer lo que había escrito el hijo de unos de los mejores autores que, para mí, hemos tenido en España. El resultado me convenció, me emocionó y me reafirmó en la idea de que nada sucede por casualidad, ni el azar: que, estoy convencido (muy a pesar de P. Auster), no existe.

Panadero: Pienso que harías una adaptación excelente de Clara y la penumbra, de José Carlos Somoza. Es una novela delicada, muy ambiental, artística y misteriosa.

Carreras: Gracias, espero que algún productor también lo piense. No, en serio, la novela de Somoza es, además de un intrincado relato policiaco, una de las obras con más posibilidades cinematográficas que he leído en los últimos años. De hecho, poco después de estrenar Hipnos, me contactaron desde una productora que entonces (no sé si ahora) tenía los derechos de la novela, para hacer una versión guionizada de la misma. Desconozco como está el tema en estos momentos, me encantaría llevar la novela al cine, aunque mucho me temo que, tal como está el patio y “gracias” a la digamos, anodina, difusa, sin rumbo y cobarde política cultural que impera en nuestro país, conseguir financiar una película como ésta va a ser muy complicado.

Panadero: Tu película Flores Negras se inicia en 1989, con la caída del Muro de Berlín y sus consecuencias, unas más visibles y otras, más soterradas. El triunfo de la democracia, un sistema político más allá de las ideologías, el libre mercado, la caída del régimen soviético y el totalitarismo… ¿Cómo juzgas este proceso? ¿Con ilusión? ¿Con escepticismo?
Además, tú vivías en Alemania en esa época. ¿Cómo se vivió allí este acontecimiento?

David Carreras se lo piensa...
Carreras: Cuando cayó el Muro de Berlín, yo estaba viviendo efectivamente en Alemania. Recuerdo como si fuera ayer, el sentimiento de ilusión y euforia que se apoderó de todos nosotros en aquellos momentos y ahora, con el paso del tiempo, me sorprendo de la bellísima ingenuidad que escondían las expectativas con las que recibimos aquellos hechos históricos.

Muchos años después, en Leipzig, conversé con un extraño personaje que había pertenecido a la Stasi. No recuerdo el contenido exacto de lo que hablamos, pero sí el hecho de que ese encuentro me hizo reflexionar sobre dos cuestiones que él me aclaró: una es que, después de la caída del Muro un millón de agentes de ambos lados del Telón de Acero se quedaron en paro y otra que, inmediatamente después de la caída, fueron sustraídas armas de los almacenes militares del Bloque del Este, por valor de unos 35 billones de $ americanos. Armas que, tras un breve periodo de tiempo, reaparecieron en escenarios bélicos de todo el mundo, suministradas por traficantes occidentales.

Asi que el día que leí Flores Negras para Michael Roddick, supe que la historia que había escuchado de los labios de ese alcoholizado ex–agente alemán volvía a mí y, esta vez, para quedarse.

Flores Negras cuenta la historia de dos de esos agentes. De su pasado, de la imposibilidad de escapar al mismo y de que el viejo dilema de los teólogos, supone un indeseado descubrimiento con el que se debe vivir en adelante: la vida es bella, pero hechos terribles suceden en ella cada día.

Panadero: Flores Negras es adaptación de la novela de Daniel Vázquez Sallés. ¿Piensas que la literatura es más libre que el cine? A veces da la sensación que se miran con lupa las películas, mientras que las novelas conservan el privilegio de poder contar lo que quieren contar, con más independencia.

Vázquez Sallés con su libro.
Carreras: Puede ser. El cine es un arte muy complejo, muy expuesto mediáticamente… y muy caro. El cine amalgama la fotografía, el sonido, la música, la pintura, la danza, la arquitectura y la escultura. En las pelis aparecen personas, los actores y actrices, a las que se admira o se odia desde la distancia y que son inaccesibles para la mayoría de la gente. Personas con un poder mediático importante, alrededor de las que gira una parte importante del poder de la industria. Esa puede ser una de las razones por las que las películas suelen ser tan discutidas y tan comentadas.

En cuanto a la cuestión creativa, opino que en esencia, el cine es igual de libre que la escritura pero (siempre hay un pero) su propia naturaleza (en parte industrial) pone irremediablemente frenos a la creatividad y a la fantasía. Rodar es un proceso en el que tienes que tener claros los parámetros y límites de producción. En este sentido, puede ser cierto que escribir novelas ponga menos limites a la imaginación.

En cuanto a las críticas… me temo que el mundo literario, el mundo intelectual en general, no se distingue precisamente por su parquedad y exquisitez a la hora de dilapidar las obras ajenas. Otra cosa es que la repercusión pública de estas críticas llegue o no al ciudadano.

Panadero: Tus películas, Hipnos y Flores Negras, tienen una gran factura, y recuerdan bastante a los thrillers norteamericanos más vanguardistas, muy en la línea de David Fincher y Lynch. ¿Qué tal te acoge el público español? ¿Y fuera de España?

Carreras: Ufff eso son palabras mayores. Has nombrado a dos de mis cineastas favoritos: más Lynch que Fincher pero… ¡ambos son la hostia!

Es difícil hablar del público… eso es muy abstracto. En realidad, cuando preparo y ruedo una película, intento concentrarme únicamente en la historia que pretendo contar. Estoy seguro de que si pensara en el público, en la necesidad de satisfacer sus necesidades, esa responsabilidad… el enorme respeto que siento por los demás…me paralizaría, sería incapaz de seguir adelante. Así que suelo escudarme en la idea de que si hay una serie de personas a las que admiro y respeto (mi equipo), dispuesta a pasar unos meses de su vida trabajando intensamente en una historia que quiero contar en lugar de salir por el mundo a enamorarse, cambiar de sexo, tener un hijo, convertirse al budismo… o lo que sea que se pueda hacer en un año, más vale que merezca la pena. Y lo merece, créeme.

En cuanto al resultado económico de mis películas, siempre han acabado recaudado más de lo que han costado…y en las ocasiones que he podido hablar con distintas personas que han visto mis pelis, me ha quedado claro lo siguiente: a los que les gustan, les gustan mucho… los demás, las desprecian con la misma intensidad. No hay término medio, no hay indiferencia. No sé si esto está bien o no… pero es lo que ocurre.

Panadero: Llama la atención el sentido del riesgo en tus películas. Aún siendo muy esteticistas, resultan muy ceremoniosas, quizás más centradas en crear una atmósfera que en un sentido del ritmo apabullante. Y es curioso el uso que haces de la música: sutil, nada melódica, reservada para momentos especiales, en absoluto sentimental. En Hipnos, por ejemplo, sorprende el uso de graves.

Silencio, se rueda...
Carreras: Gracias por verlo de esta manera. Es cierto que cuando pienso una película, la pienso en términos de textura. Textura entendida como el conjunto de aportaciones plásticas y sonoras que se dirigen a nuestros sentidos, más que a nuestra mente. Pienso en todos aquellos elementos que no aportan nada esencial a la trama, pero que definen la atmósfera y los personajes a través de la puesta en escena, del atrezzo que la compone, de la banda sonora y hasta del desarrollo temporal a imprimir a cada escena.

En mis películas, trato el sonido y la música, como trataría la madera, el plástico, los vómitos o la rugosa superficie de una piel enferma. De hecho, el trabajo de diseñar el sonido para la película Hipnos nos ocupó casi seis meses de experimentos y pruebas y, como tu has dicho, se usó el subgrave entendido como un elemento más de textura y de contenido. En realidad, el subgrave posee una curiosa cualidad: provoca reacciones físicas en el espectador.



Panadero: Por último, cuéntanos alguna curiosidad sobre ti. Buscando en la Red no encontré ninguna biografía tuya, pero cuando nos conocimos en persona me contaste que eres economista y abogado. Que viviste en Alemania muchos años y ahí inventaste un plástico no contaminante…

Carreras: Sí, es cierto… aunque de eso hace ya mas de 25 años. En fin, puede decirse que mi vida se ha reinventado en muchas ocasiones. Nací y me crié en Barcelona pero he vivido un año en Malawi, otro en Sudáfrica, uno más en Moscú (antes del Glasnost), dos en Brasil,  nueve en Alemania, ahora mismo llevo cinco en Mallorca… en fin, que antes de dedicarme profesionalmente a la imagen, he tenido tiempo de vivir muchas y distintas experiencias y conocer un montón de gente diferente que me han aportado conocimientos que ahora valoro mucho y que me sirven para hacer lo que mas me gusta en el mundo: contar historias.

No profundizo en el tema porque no hay nada que me aburra mas y me ponga menos, (aparte de escuchar las reincidentes, pornográficas y sibilinas mentiras que nos cuentan cada día desde los distintos púlpitos del poder), que hablar de mí mismo.
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