Entrevista con Andreu Martín

El más prolífico y genuino: Andreu.

Buscando en el baúl de los recuerdos, doy con esta entrevista, fechada en 2002, que supuso mi primer contacto con el escritor Andreu Martín, y a la vez la puesta de largo de la revista Prótesis. Me parece divertida la idea de difundir por la Red este texto, pero no seré yo ahora quien lo lea de nuevo. Prefiero que lo leáis vosotros. Lo dicho y escrito, dicho está, y no me parece honesto maquillarlo ni depurarlo a estas alturas. Para qué. Han pasado años desde que mantuvimos esa entrevista, y quizás ahora no pensemos lo que pensábamos. Qué más da. En fin, sin más preámbulos: os invito a que la leáis.

 David G. Panadero



El primer contacto con el señor Andreu no pudo ser más satisfactorio. Le informamos de que iba a surgir un magazine consagrado al crimen, y simpatizó con la idea; más aún cuando éste se llamaría Prótesis. Con lo cual el escritor no dudó en hacernos un hueco en su agenda para concedernos esta entrevista. Se agradece la transparencia con que el autor ha contestado a nuestras capciosas preguntas, así como la confianza demostrada, la naturalidad... Como podrá observar el lector, en esta entrevista no sólo se habla de la producción literaria de un autor; se descubre, con nostalgia, con sorpresa, con inquietud, la “trastienda” de nuestro país en las dos últimas décadas. Ya se sabe, la novela negra habla de fantasmas de verdad...

-Lo primero que llama la atención: la lectura es un placer solitario, y la escritura también. Entonces, ¿de dónde sale tanta “cultura parda” a la hora de describir los bajos fondos?

En mi adolescencia (época de placeres solitarios como la escritura, por ejemplo), me resultaron muy atractivos los bajos fondos. Las calles sucias, la amenaza de maleantes por doquier, las putas en las esquinas y las puertas de los bares, los trileros, esas miradas codiciosas de aquellos señores que nunca parecía que tuvieran nada que hacer. Me parece lógico que los bajos fondos resulten fascinantes para un adolescente: representan la rebelión frente a las leyes que imponen los adultos (mundo desconocido, amenazador, terrorífico), la transgresión que representa autoafirmación y descubrimiento de pensares y sentires distintos a los que nos inculcan desde la infancia. Supongo que mi padre (anarquista, transgresor y provocador) también alimentó ese gusto por el Barrio Chino. Solía perderme por él en esos años en que la excitación es aventura. Miraba, veía, preguntaba, me formaba mis historias. Y, luego, lo que se lee en los libros y en la prensa, claro está.

-Andreu, hablando en plata, ¿has tenido que correr alguna vez delante de los grises?

Sí, claro. No me las voy a dar de muy revolucionario ni activista político, que no fui. Pero mi padre me transmitió (más de forma telepática que doctrinalmente) un gusto por las izquierdas e, inevitablemente, cuando había algún fregado, yo era de los que gritaban junto a los convencidos. Y corría junto a los convencidos. A este respecto, mi libro Mentiras de verdad tiene mucho de autobiográfico.

-Rodolfo Martínez apunta que a la novela negra debiéramos llamarla novela roja por varios motivos: la presencia de la sangre e incluso la ideología de los escritores. ¿Estás de acuerdo?

No lo sé. Bastante lío hay ya en ponerle nombre (que sí novela policíaca, negra, criminal...) para añadir leña al fuego. Lo importante es que nos entendamos a la hora de saber a qué nos referimos (que ahí creo que radica el auténtico problema).

Reedición de un clásico estupendo.
-Un periodista amigo mío, Javier Alonso, define tu novela Prótesis como la novela heavy por excelencia, en alusión al estilo musical. ¿Te parece atinada esta observación?

Si heavy significa visceral, atrevido, transgresor, provocador y neurótico (rayano en lo psicótico), sí, estoy de acuerdo.

-En 1980 publicas Prótesis. En ésta se enfrentan el Migue, un delincuente con la boca deformada, y el Gallego, un ex-policía que ha pasado por el psiquiátrico. Un año más tarde, Thomas Harris publica El Dragón Rojo, en la cual Francis Dolarhyde, un psicópata de boca deforme, se las ve con Will Graham, un ex-agente del FBI que ha pasado por el psiquiátrico. Coincidencia curiosa, ¿no crees?

Pues sí, a pesar de que yo tardaría muchos años en leer El Dragón Rojo.

-En la película Fanny Pelopaja, que adapta Prótesis, se varía el conflicto sexual que ocasiona la tragedia: en vez de enfrentarse dos hombres, lo hace una pareja heterosexual. ¿No se pierde así parte del revulsivo de tu obra?

No estoy seguro. Mira: después de años de estar disgustado con Fanny Pelopaja (cuyo título aún hoy me repele y abochorna), me he reconciliado con ella. La última vez que la vi tuve que reconocer no sólo que es una excelente película, sino que conserva el espíritu de Prótesis. En el cine, la violencia no puede ser tan explícita como en la literatura... O, lo diré mejor: para que la literatura consiga herir, ofender, escalofriar al lector tiene que ser mucho más explícita y exagerada que el cine. Es difícil alcanzar a los lectores en los sentimientos. La literatura es muy racional, se intelectualiza con facilidad, te puedes distanciar con sólo apartar la vista de las páginas. Si quieres conmocionar sentimentalmente, tienes que recurrir a extremos que en el cine no hacen falta. Creo que eso es lo que ocurre con Fanny Pelopaja y Prótesis. Aparte que lo esencial de Prótesis no es la historia homosexual. No creo que el Migue y el Gallego sean realmente homosexuales. El primero es un chapero, que se prostituye por pasta. Y el segundo no disfruta haciendo el amor con Migue, sino humillándolo, dándole literalmente por culo.

-Otro de tus trabajos para la pantalla de plata lo supuso la escritura del guión de El caballero del dragón, un film de ciencia-ficción, y dentro de este género también cuentas con la novela Ahogos y palpitaciones. ¿Tienes pensado volver a tocar este género?

Lo toqué otra vez, en Pulpos en un garaje. Lo menciono porque es la única de mis obras de SF que realmente me ha dejado satisfecho. Las dos que tú citas no me gustan mucho. No se puede decir nunca si el cuerpo me va a pedir que vuelva al género, pero de momento no tengo intención de hacerlo, no. No soy buen lector de SF, y creo que eso se nota.

-¿Qué opinas del film 99.9, de Agustín Villaronga? ¿Qué tal crees que adaptaría este director La camisa del revés?

Lamentablemente, no conozco esa película de Villaronga. Y La Camisa del revés está a punto de ser llevada al cine por otro director: Javier Elorrieta.

-En 1987 escribes el guión del film Barcelona Connection, película que después tú mismo novelizas. En este caso, ¿cuál es la obra “principal”?

Para mí, la obra principal es la novela, claro, porque en ella pongo todo lo que quería poner, sin la mediación de otras intenciones ni puntos de vista. Me gusta contar que yo me propuse escribir la novela después de asistir al primer día de rodaje de la película. Cuando vi que la principal influencia del director era Corrupción en Miami, pensé que yo tenía que dejar claro cuál había sido mi intención inicial.

-¿Qué significa para ti la novela juvenil? ¿Un imperativo económico, un impulso creativo o ambas cosas?

La novela juvenil es una gozada porque me retrotrae a mis vivencias, pensamientos y sentimientos de joven, me alegra descubrir que los tengo muy presentes y me da mucha libertad para hacer lo que me da la gana. Yo no me habría atrevido a escribir una metanovela histórica como El amigo Malaspina si hubiera pensado que la iban a analizar con lupa un montón de sesudos adultos. Como libro de aventuras me parece divertido y me atrevo a lanzarme. Me muevo con soltura y confianza, como si fuera terreno menos peligroso que la novela para adultos (lo que no es cierto, porque es mucho más leída y más analizada y, en Institutos y bibliotecas, me pedirán más explicaciones sobre ella).

-¿Se puede hacer literatura juvenil “comprometida”?

Toda literatura es comprometida. Al menos, yo tengo la sensación de comprometerme cada vez que afirmo algo en un libro. Tanto Jaume Ribera como yo, creemos que en cada libro de FLANAGAN denunciamos algo. No sólo se puede hacer, sino que se debe hacer. Porque todo libro lleva un mensaje, tanto si el autor quiere como si no. Y, cuando estamos hablando a un público joven, más vale que cuidemos el mensaje que le transmitimos. Lo que quiere decir, planteárselo previamente y pulirlo posteriormente.

-En esta línea tienes la excelente El pozo de los mil demonios; diríase que presenta una intensa especulación sobre la Historia Esotérica de España, más certeramente de Menorca. ¿fue muy duro el proceso de documentación para esta obra?

No diría que fue duro. Fue emocionante. Descubrir rincones geográficos que encajaban como piezas de puzzle con leyendas locales y extrañas teorías que en aquel momento cayeron en mis manos. El punto de partida de la novela fue un guión de cómic que yo había escrito para Bruguera y que se fue alimentando de esotería incluso a mi pesar.

-En bastantes novelas tuyas abundan alusiones a obras propias, con lo que se crea la sensación de un universo literario auto-referencial. Por ejemplo, en No pidas sardina fuera de temporada el joven detective Flanagan hace juegos de palabras que remiten a El caballo y el mono. ¿Qué sentido le otorgas a esta característica de tu prosa?

Es una broma privada, no siempre consciente. Cuando tienes mucha obra, supongo que es inevitable. Como cuando Stephen King compara a alguno de sus personajes con el Jack Nicholson enloquecido de El Resplandor de Kubrick.

-Resulta muy elocuente el hecho de que, aún teniendo un estilo fácilmente reconocible, suelas emplear en cada novela una estructura narrativa distinta. ¿Nos podrías adelantar por qué derroteros irás en la próxima entrega?

No puedo por dos motivos: porque aún no la he empezado y no tengo ni idea, y (2) porque es máximo secreto.

-Cuando leí El hombre de la navaja, el desenlace, con las redadas policiales y los hampones y proxenetas exigiendo justicia, no pude evitar acordarme de la célebre película M, el vampiro de Düsseldorf, de Fritz Lang. ¿Te lo planteaste de ese modo?

No tenía presente la película de Lang, pero no puedo negar su influencia en mi obra. Normalmente, no me planteo homenajes ni aproximaciones a obras ya conocidas... (Salvo la tercera entrega de GREGORIO MIEDO Y MEDIO, que he terminado recientemente y que es un homenaje descarado a EL TRAJE NUEVO DEL EMPERADOR, de Andersen) Más aún: cuando me doy cuenta de que lo que voy a contar ya ha sido contado, normalmente me corto, vuelvo atrás y corrijo la trayectoria.

-En Bellísimas personas planteas el papel que desempeña el escritor de novela negra dentro de la sociedad. ¿Cuál consideras que sería tu papel, como escritor que eres?

Qué pregunta tan difícil. Esencialmente, creo que tengo la misión de divertir, distraer, fascinar con historias. Que esas historias, además, tengan un contenido es inevitable. Que ese contenido haga reflexionar al lector, ya no depende de mí, sino del lector. Aparte de todo ello, me parece que el papel que tenemos cada uno en la sociedad no lo asumimos libremente sino que nos lo otorga un director de casting al que todavía no conozco.

Realidad y ¿ficción?
-Bellísimas personas resulta peligrosamente verosímil, ¿podrías aclararnos hasta qué punto está basada en hechos reales?

La historia de EL MENTIROSO DE CORNELLÁ es rigurosamente cierta en lo referente a los sucesos de 1978. Cada reflexión, cada acto, cada martillazo, la relación con su mujer y sus víctimas está sacada del sumario del juicio y de la autobiografía del tipo, que cayó en mis manos. Si consultas, en la hemeroteca, los diarios que menciono y exactamente en las fechas que menciono, podrás comprobar que es así como fue. Lo curioso es que, debido a la peripecia que me impuse de cambiarle nombre y circunstancias, el personaje real se me convirtió en personaje de ficción, me invadió la novela y terminó saliéndose de madre en el capítulo final. Es una de las experiencias más interesantes que me han ocurrido escribiendo.

-¿Cuál es el trato que, bajo tu opinión, se le da a la novela de género en España?

Un trato fatal, es obvio. Los popes de la cultura (críticos y estudiosos de la literatura en los medios de comunicación) lo ignoran absolutamente. Los profesores en la universidad lo ignoran olímpicamente. (He conocido a un licenciado en Literatura que preparaba el doctorado y que no había leído JAMÁS una novela policíaca.) Cuando asisto a alguno de los festivales de polar en Francia se me cae la cara de vergüenza. Hay ahí un mundo cultural que los estudiosos de la literatura se permiten el lujo de ignorar, como si pensaran que la cultura de nuestro país es tan tremenda, tan enorme y selecta que no podemos rebajarnos a tocar esos temas. Es, pues, un problema de ignorancia e incompetencia.

-¿No piensas que vivimos tiempos de “simpatía por el villano”? Al Dioni le hicieron canciones y todo...

Tengo un cuento sobre el rollo del Dioni en un libro que se llama "Los Nuevos Episodios Nacionales," y me temo que, para el gusto de los jóvenes, debo de ponerme demasiado moralista. Bueno, está bien, ya me toca, no pasa nada. A ver: el villano siempre despierta simpatía a) porque suele ser el que “hace cosas”, frente al bueno al que “le pasan cosas”, b) porque se salta las leyes -la famosa transgresión- que nosotros no nos atrevemos a saltarnos. Si la teoría del éxito del cine de Hollywood es “sexo, violencia y destrucción de la propiedad privada” es porque los tres aspectos representan una forma de transgresión de las normas que rigen nuestra vida cotidiana. Desde nuestra más tierna infancia educarse significa ponerse límites, aprenderse reglas, normas, “esto no se hace, esto no se mira, esto no se toca”. Desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos, obedecemos leyes, nos humillamos ante normas que no hemos escrito nosotros: desde cepillarnos los dientes hasta atravesar cuando está verde, pasando por los diez mandamientos, el horario de la oficina, no colarnos en la cola del cine, incluso nuestros gustos están reglamentados por el entorno cultural. Ante tanta opresión necesaria (contra la cual muchos jóvenes se rebelan violentamente porque aún no han comprendido el significado del adjetivo “necesario” -¡y está muy bien que tarden en aprenderlo!-), se comprende que la contemplación o recreación de las aventuras de alguien que se lo salta todo a la torera, AUN LO MÁS SAGRADO, produzca una cierta sensación de placer. Aunque lo cierto es que, a medida que vas madurando, ese placer disminuye y se relativiza. Pero creo que nunca desaparece del todo.

-¿Qué opinas de películas como Asesinos Natos o Hannibal?

Hannibal no me gustó nada. Perdió todo el encanto y la contundencia (y, seguramente, la sorpresa) de El Silencio de los Corderos. Es la famosa “NUNCA SEGUNDAS PARTES FUERON BUENAS 2”, que decía aquel amigo mío. De Asesinos Natos conservo buen recuerdo (aunque no la he revisado en vídeo) aunque el estilo del film me pareció un poco pretencioso y confuso. Me mareó un poco y, al final de la peli, salí preguntándome “¿Qué me habrá querido decir?”, obviando lo obvio. Diría que no son mis películas favoritas.

-Por último, Andreu, me gustaría pedirte un favor. Saluda a Zack Dallara, “el peor hijo de puta de la novela policíaca”. ¿En qué andará ahora metido?

Pobre Zack Dallara. No es el peor hijo de puta de nada. Era un desgraciadillo que iba trampeando como podía. Pensé en escribir una segunda novela protagonizada por él, pero... el Andreu Martín que se disfrazaba de Zack Dallara ya no vive aquí, no está en casa.

-Muchas gracias, Andreu. A modo de despedida, ¿qué lectura nos recomendarías?

Nunca recomiendo lecturas porque lo que me gusta a mí no tiene por qué gustar necesariamente a los demás. Úñtimamente, me he divertido con el Hit Man de Lawrence Block publicado por Diagonal en su colección Gimlet, y he recuperado a Stephen King con sus Tommyknockers. Es un tramposo, pero sabe reírse de sus propias trampas, se lo pasa estupendamente haciéndolas y sabe contagiarte ese placer y, sobre todo, escribe muy bien.

Lo que recomiendo, en todo caso, es que no termines de leer un libro que te exige esfuerzos para terminarlo. La cultura se va al cuerno por culpa de ese tipo de libros. Si te aburres leyendo un mamotreto, tíralo y busca otro. ¡Las librerías están llenas de libros!

     

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