A propósito de Mesrine. Continuación



Segunda etapa: El noir no es realista

Cuarta parte
El paso desde la sociedad disciplinaria a la sociedad del control y la crisis interna de esta última, con el aumento exponencial del pánico social y de la incertidumbre, multiplican tanto la necesidad de evasión como la aspiración a una vida digna, prefigurada en el romance popular para luego ser buscada en el mundo real. O sea, el romance popular da expresión a la necesidad de un mundo posible, alternativo a la organización de aquello existente. La novela policíaca por el contrario, expresa la necesidad de superar los límites de la experiencia vital y de dar espacio a la potencia vital de una experiencia potencial, en la cual el mundo está organizado de manera diferente: una suerte de fordismo positivo, que encuentra su realización en autores como Poe, Conan Doyle o Ellery Queen, o sea en la escuela clásica anglosajona.
Cuando Walter Benjamín (en Experiencia y pobreza) lamentaba la perdida de experiencia en el mundo moderno, entendía la reducción de la experiencia potencial a la sola experiencia vital.
En "Acerca de la popularidad de la novela policíaca", (en Escritos sobre literatura y arte), Bertolt Brecht identifica tres puntos: la influencia de la ciencia (medicina, química, mecánica) en los autores de novelas policíacas; el goce intelectual producido por el rompecabezas que el policíaco propone al detective y al lector; el carácter catastrófico de la experiencia en el policíaco y en la vida. En la novela policíaca el principio de causalidad todavía funciona, mientras que en la vida no podemos sino valernos de la causalidad estadística. Nos ayuda en definitiva a ejercer la lógica deductiva, a pensar, el lector participa a la definición del carácter como a un verdadero trabajo, un poco como el Lector en Fabula prefigurado por Umberto Eco.
Donde Brecht de hecho introduce al noir es en el carácter catastrófico de la experiencia vital, en reconocer que somos objetos y no sujetos de la historia, pues la historia se escribe después de las catástrofes, nos vemos obligados a ejercer críticamente el pensamiento para encontrar la historia subterránea, entrando en la historia y modificando el objeto observado por el simple hecho de observarlo, aprendemos (consciente o inconscientemente) que en lugar de sufrir los medios de comunicación, podríamos serlo. El policíaco pone entonces a trabajar la facultad de juicio, y también la facultad de lenguaje. Según Lacan (seminario en el que utilizó el cuento de Poe La carta robada) la función de la palabra no es tanto la de expresar el pensamiento del sujeto, como la de indicar el sitio de este sujeto en la búsqueda de la verdad. Como en un buen policíaco, leyendo el cual recapitulamos algunas funciones lógico-lingüísticas fundamentales, y en esa repetición hallamos un placer inconsciente, justo como un niño que disfruta en repetir el mismo juego.

Quinta parte
En el policíaco clásico, aquello con enigma, el delito enturbia el Orden del Derecho, que hay que restaurar descubriendo el culpable y eliminándole de la escena social. El conflicto social no existe, el orden reina soberano, y el delito no es sino una turbativa momentánea a la que el detective pondrá remedio utilizando la misma herramienta de la dominación: la lógica deductiva. En definitiva la catástrofe en la novela policíaca clásica, o a enigma, siempre es provisional.
Con menos evidencia el noir se caracteriza por la flaqueza o la inexistencia de la lucha de clases, y por su sustitución con la acción individual, necesariamente desesperada. Simplemente los oprimidos han sido derrotados y constreñidos a padecer el Reino del Mal. Dicho reino es la escena del noir, dentro de la que y en su contra toman forma los actos del héroe. En el noir la catástrofe no es un accidente de la historia sino un hecho social, el destino existe pero a posteriori, el noir presupone no su eternidad sino su creación (en el hard boiled chandleriano Marlowe puede enderezar algún entuerto, pero no conseguirá nunca la iniquidad de este mundo en su totalidad y lo sabe, de aquí su amargura…como en la trilogía negra de Fabio Montale de Jean Claude Izzo, quien cuenta la derrota de los movimientos de los años 60-70). La historia no es un escenario indiferente, es parte integrante del plot. A veces el noir se enfrenta a la grande historia (American Tabloid de James Ellroy, Romanzo criminale de De Cataldo, Meurtres pour Memoire de Didier Daeninckx).
El noir no es realista porqué elige no adherirse al orden existente, no indica un orden alternativo al existente, no defiende una verdad contra una falsedad, el noir no hace otra cosa que enseñar la sociedad entera en la más alta potencia del falso (Deleuze). Sus protagonistas nunca son tipos ideales, el héroe del noir no usa nunca la lógica deductiva: a esa opone la inducción, que tiene en cuenta cuantas variables casuales componen el presunto orden del mundo. El noir no es dramático, es trágico, ningún dios baja de sus cielos para tender la mano y salvar el héroe a punto de ahogarse.
En su forma lingüística el noir es alegórico y paratáctico…

Hasta aquí he llegado, pero queda muy abierto el debate y la invitación a montar un ciclo/reseña de novela negra metropolitana contemporánea.

Pino Maio (Enclave)
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