Tanga y el gran leopardo


Malo y Mateos (M&M) agarran la atención del lector para –con sabiduría de cuentacuentos– no soltarla, sin dejar que decaiga, acabando en punta cada página, incitando la identificación con el personaje con ocasionales detalles de humor y con una prosa cercana y siempre embaucadora

Inspiración y oficio
Si les digo que los niños son, y de largo, bastante más inteligentes que los adultos, mucho me temo no les descubro nada nuevo. Ni tampoco si les refiero la absoluta carencia de pudor que se da en los adultos cuando tratan con niños. Seguro que más de uno de ustedes ha presenciado durante reuniones sociales algún sonrojante espectáculo perpetrado por un adulto cuando, en presencia de un niño, se concede la obligación de acosar a la pobre criatura cometiendo monerías como hablarle con engolamiento extirpado de un episodio de Bob Esponja, pellizcarle la mejilla y preguntarle obviedades (si les gusta el cole o si aceptan una chuche) dignas un menorero o irrevocable o de un flamante gilipollas, y así...

Como, discretamente, los niños sobrellevan el patético trago con elocuente silencio y meritoria indiferencia, la paz y el orden social quedan garantizados, lo que no impide que ese tipo de adultos de los que tecleo se crezcan –como los mansos pregonaos– con el castigo y se dediquen a escribir libros para niños, para aportar, orgullosos, su (políticamente correcto) grano de arena al crecimiento de la idiocia y la liofilización mental y asepsia social.

Afortunadamente, Roberto Malo, Francisco Javier Mateos (textos) y David Laguens (ilustraciones) no pertenecen a la citada ralea; queden, pues, tranquilos quienes adquieran Tanga y el Gran Leopardo, que no van a tener ocasión de avergonzar(se) con este precioso libro. Al contrario, el trío de autores ha sabido concebir un libro esmerado, una creación pensada desde el respeto máximo al lector joven, y, por lo tanto, apto para cualquier adulto.

Malo, Mateos y Laguens no se han complicado la vida, “limitándose” a narrar un cuento (nótense, por favor, las comillas y entiéndase “cuento” admirativamente); un cuento enraizado en la ilustre estirpe de las narraciones alrededor de la hoguera, un cuento de pueblos primitivos, un cuento que, usando pocos elementos, cuenta una historia poderosa e inolvidable: el rito de paso de Tanga, una niña africana que debe matar un leopardo.

Así, esta narración es sumamente arriesgada, cada una de las 32 páginas dobles “debe contar”, las ilustraciones y el texto deben “retroalimentarse” para que la leyenda africana resulte verosímil, creíble y evocadora.

Roberto Malo y Francisco Javier Mateos saben contar la leyenda de Tanga evitando tanto el énfasis rimbombante como el colegueo impostado que hubieran malogrado la narración convirtiéndola en una papilla de palabras, tan inverosímil como tramposa y, lo que es peor, tediosa. Malo y Mateos (M&M) agarran la atención del lector para –con sabiduría de cuentacuentos– no soltarla, sin dejar que decaiga, acabando en punta cada página, incitando la identificación con el personaje con ocasionales detalles de humor y con una prosa cercana y siempre embaucadora.

Laguens aporta el tablero del cuento. La sabiamente utilizada doble página apaisada le permite distribuir el espacio de cada ilustración para incluir, en relevantes segundos planos, al personaje principal del libro: la naturaleza del continente africano, aprovechando todas las variadas texturas de color que permite la acción (siempre nocturna, salvo algunos crepúsculos y albas) para concederle un aspecto onírico y evocador, sobre el que resaltará la acción de los personajes en planos medios (salvo en los momentos clave de la historia, que enfatiza con expresivos primeros planos de los personajes) lo suficientemente caricaturesco para no resultar soporíferamente fotográfico, y lo suficientemente realista para no resultar paródico y siempre, siempre al servicio de esta gran historia tan bien contada con tanto oficio y tanta inspiración.

Editorial Comanegra, 2009
Luis de Luis
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