Invisible. Paul Auster

Invisible se inicia con una voz narrativa dura y fibrosa, de frases cortas, donde las réplicas abren paso al humor, a las contradicciones, a los dobles sentidos…

La intriga más importante
pasa desapercibida


Lo primero que debería intrigarnos cuando nos acercamos a un libro como éste, que precisamente quiere adentrarnos en varias intrigas, es su título: Invisible, un título que nada nos desvela, y que precisamente por eso, resulta más misterioso. Resulta bastante llamativo que el título de la nueva novela de Paul Auster eluda las fórmulas acostumbradas en tantos best-sellers (El misterio de…, La ecuación…, La conjura de…). Ya desde el propio título, Auster prefiere aludir al carácter mismo de la trama, aunque más de forma abstracta que descriptiva, sin querer desvelar la esencia de su juego.


un acontecimiento en apariencia
 insignificante puede cambiar una vida

Porque Invisible trata, esencialmente, sobre la invisibilidad, sobre la importancia de lo que no vemos, de lo que escapa a nuestros ojos y no somos capaces de advertir. Si bien Hithchcock recurrió una y otra vez al McGuffin (esa trampa argumental que despista nuestra atención de lo más importante y nos hace centrarnos en lo accesorio), el autor de Brooklyn Follies asume como propio tal recurso para mostrarnos una historia laberíntica, de la que sólo veremos la punta, como si de un iceberg oculto bajo las aguas se tratara.

Todo empieza en 1967, un año en que las revueltas juveniles están a punto de estallar. Adam Walker, estudiante de literatura que quiere ser escritor, conoce en una fiesta a Rudolf Born y a su novia, Margot. Born es un personaje inquietante, de opiniones políticas desconcertantes y extremas y carácter imprevisible. Margot es una mujer imaginativa y ausente, de aspecto lánguido y frágil, y no tarda en despertar el deseo en el joven estudiante. Walker se da cuenta de que debería evitar a esa pareja, y sin embargo…

Los que llevamos años leyendo a Paul Auster, sabemos que ha sido capaz de crear un mundo literario propio, basado en las casualidades, el retrato íntimo de sus personajes, la literatura como territorio hacia el que huir… Quizás por eso mismo, por poseer un mundo propio tan sólido e inconfundible, el autor parecía atrapado en él, condenado a la repetición de la misma letanía… La sorpresa ha llegado con Invisible, que se inicia con una voz narrativa dura y fibrosa, de frases cortas, donde las réplicas abren paso al humor, a las contradicciones, a los dobles sentidos…

Como es costumbre en el autor de El libro de las ilusiones, la novela se convierte en un perfecto juego de cajas chinas, donde se aúnan distintas voces narrativas, distintas atmósferas, distintos narradores y varios géneros. Y lo mejor es que el salto de un marco a otro, antes que provocar vértigo, se sigue con ligereza, casi con invisibilidad, sin que nos demos del todo cuenta en qué momento nos han cambiado las cartas de la baraja.

Cabe decir que Invisible podría haber entusiasmado a Patricia Highsmith. Al igual que la autora de El talento de Mr. Ripley, Auster evita acumular demasiados sucesos en su novela; antes bien, prefiere profundizar en el significado que para sus personajes tienen esos acontecimientos, en las sutiles alteraciones psicológicas que los hechos producen, cómo un acontecimiento en apariencia insignificante puede cambiar una vida.

Pero cuando lleguemos al final de la novela –no dejen de leer; no destriparemos nada–, nos daremos cuenta de que nada de lo que pensábamos era realmente importante. Que la verdad está ahí fuera, pero está a la vista, y no hemos sabido apreciarla porque es invisible. Las mayores intrigas son las que pasan desapercibidas.

Anagrama, 2009
David G. Panadero
Publicar un comentario en la entrada