El misterio de la llave perdida. Ángel Colodro


A nadie le pasará por alto la familiaridad y la cercanía con la que Colodro trata a todos y cada uno de sus personajes. Se nota que no habla de oídas, y que describe unos ambientes –el periodismo de sucesos en la España profunda– y un tiempo –los primeros años de la democracia– que conoce porque los ha vivido de forma activa

España, principios de los 80
Sucede con ciertos libros, como El misterio de la llave perdida, que ya en desde un primer momento se ganan nuestra simpatía. Y si la novela de Ángel Colodro se ganó mi atención, fue por su espontaneidad, porque el autor asumía desde el primer momento su papel de artesano tradicional, bien lejos de las fórmulas del best seller prefabricado. Por el módico precio de 5€, y en menos de 140 páginas, con un libro que casi cabe en el bolsillo de la camisa, Colodro nos pasea por la España de principios de los ochenta, eso sí, para resolver un caso criminal y sin perderse por los rincones de la nostalgia.

En El misterio de la llave perdida, Javier Plaza, joven periodista de sucesos que trabaja en el célebre semanario El Caso, acompañado por la fotógrafo Pepa, llegan a un pueblo de la sierra de Granada. Las sombras del pasado franquista, muchos sueños truncados y los sueños visionarios del periodista se entremezclan hasta llegar al desenlace.

La portada advierte que esta obra se basa en hechos reales, y al consultar la biografía del escritor, nuestras sospechas –leemos novela policiaca y por eso sospechamos– se confirman: Ángel Colodro ha trabajado como detective privado y después como periodista; además, pasó por esa gran cantera que supone el injustamente olvidado El Caso. Un inciso: recuérdese, para advertir la importancia del tabloide, el seguimiento que en el mismo hizo Pedro Costa de “El proceso de Burgos”, o Carlos Sedano del “Caso Urquijo”.

A nadie le pasará por alto la familiaridad y la cercanía con la que Colodro trata a todos y cada uno de sus personajes. Es más; se nota que no habla de oídas, y que describe unos ambientes –el periodismo de sucesos en la España profunda– y un tiempo –los primeros años de la democracia– que conoce no porque los haya consultado en manuales de texto, sino porque los ha vivido de forma activa.

Sucede con cierta frecuencia que cuando un autor quiere retratar una época bien querida, acaba perdiéndose entre montañas de recuerdos y anécdotas, en miles de referencias que sólo él y sus amigos recuerdan. Por el contrario, en esta novela encontramos una estructura sencilla y bien trabajada, basada en breves capítulos, donde las puntuales alusiones al ambiente de la época –del aceite de colza a los conciertos de rock, del choque generacional entre padres e hijos a la aparición de las primeras casas “okupa” – todas esas alusiones, decía, quedan en un discreto segundo plano para que la investigación criminal fluya sin obstáculos. No obstante, siguiendo la tradición de la novela negra española, Colodro parece centrarse más en el aspecto humano del crimen, el ambiente social, las costumbres, que en la investigación policial propiamente dicha.

Y en esas estaba; había pagado 5€ para conocer los entresijos de un caso criminal y me considero satisfecho. Sin ningún tipo de demora, de forma depurada, quedando a un lado esas subtramas que tanto gustan a algunos, Colodro lo resuelve todo, y en poco más de cien páginas. Según se anuncia, esto no ha hecho más que empezar. Pronto habrá más aventuras del periodista de sucesos Javier Plaza, y tendremos una trilogía. No dudaremos en acompañarle en sus incursiones dentro de la España profunda.


Es ediciones, 2009


David G. Panadero


    

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