La magia del cine


En el eterno debate entre el cine y la literatura, los libros –es curioso– tienen mejor fama y consideración que las películas. “El libro es mucho mejor”, se suele argumentar pomposamente siempre que hay una adaptación de por medio. Sin embargo, a la hora de la verdad (o sea, sin hipocresías), entre leer un libro y ver una película, no hay ninguna duda: todo el mundo elige ver la película. Pondré un ejemplo gráfico, según mi propia experiencia, para corroborar esta afirmación. Como soy escritor (mal que me pese, que no lo digo por presumir), cada vez que me publican un libro me regalan un montón de ejemplares que reparto entre las amistades. En la mayoría de las ocasiones, mis amigos se quedan mirando el libro algo cohibidos, como pensando: joder, y me lo tendré que leer. Al mismo tiempo, soy actor porno (que la literatura no da para vivir), y al terminar mi trabajo y pagarme (cuantiosamente, por cierto) también me regalan varias copias. En cuanto les paso las películas a mis amigos, éstos corren raudos a verlas, sin los reparos que ponen para leer mis libros. Comprobado entonces: la literatura no puede competir con la magia del cine.

Roberto Malo es el más y mejor cuentista de la banda


   

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