Terror en Píldoras: De la fascinación del embaucador

No hay placer como el terror.

Panadero desgrana, esta vez con palabras de tinta, su amor por las narraciones sin fibra, estorbos o ripios. Su admiración sin ambages por las historias puras e intensas como balazos a quemarropa.

Fue a mediados de los años 50 cuando millones de hijos del Tío Sam adquirieron la costumbre de congregarse, cada domingo, frente a sus flamantes nuevos electrodomésticos de moda para dejarse entusiasmar con los cuentos con los que un orondo, desdeñoso y flemático inglés, les ofrecía.
No hay, no creo que haya, tanta diferencia entre la labor de Hitchcock y la propuesta que brinda David G. Panadero con su reciente Terror en Píldoras. Las películas episódicas de terror. Ambos asumen, satisfechos, el rol de chamanes, charlatanes o habladores que disfrutan inoculando su fascinación por las narraciones, por las historias, en suma por los cuentos alrededor de la fogata (como acertadamente subtitula su libro David).
Como bien saben quienes le conocen, David nunca se arredra ante la posibilidad de presentar libros, participar en eventos o zambullirse en saraos varios que le permiten, con generosidad y agrado, expresar su entusiasmo por la literatura y el cine.
Y no otra cosa es lo que hace en este libro, transmutado en el capitán Machen de John Carpenter, y utilizando como excusa y coartada un poco frecuentado sub-género del cine de terror como son las películas por episodios. Panadero desgrana, esta vez con palabras de tinta, su amor por las narraciones sin fibra, estorbos o ripios. Su admiración sin ambages por las historias puras e intensas como balazos a quemarropa.
Y no, ya que preguntan, no es Terror en Píldoras un libro de cine al uso. Ni debe serlo. Ni es objetivo, ni debe serlo. Es subjetivo, arbitrario y personal. Como debe ser. Tochos tienen las estanterías escritos por los doctores como los tiene la iglesia para suplir lagunas, adquirir sabidurías y resolver crisis de fe. Este libro no es un vademecum, un manual de autoayuda o la guía de teléfonos; es mejor que todo eso, es el relato subjetivo y congruente de las fascinaciones de un afortunado Maestro de Ceremonias.
Y sí, ya que preguntan, un tercio del libro se dedica a rastrear, reflexionar y escoger algunos de esos queridos cuentos de la fogata, como, entre otros, los salaces Cuentos de Canterbury, el descabalado, torrencial y anárquico Manuscrito encontrado en Zaragoza, el chestertoniano y aterrador Los Tres Impostores, los olvidados El rey de amarillo y La familia de Vourdalak (que el acertado juicio del autor redime) o las narraciones del seminal Poe contemporáneo: Clive Barker.
Ya provisto el lector de un saludable racimo de sugerencias, se puede adentrar en la segunda parte del libro para paladear los ensayos de diez películas episódicas de terror producidas en todas las épocas que, tomadas en conjunto, revelan una suerte de historia alternativa del género.
Conteniendo su erudición y sin dejar de proporcionar, al tiempo, rigor y amenidad al lector, David Panadero –sin olvidar poner las obras en contexto, ni ofrecer una mirada actual– descubre, analiza y relata, entre otras, películas como la tentativa El hombre de las figuras de cera; la joya oculta Al morir la noche (a la que dedica un completísimo capítulo); las fallidas (y no por ello menos estimables) Tres casos de asesinato y La zíngara y los monstruos; la impostada y desangelada Manuscrito encontrado en Zaragoza; la certera y muy eficaz Las tres caras del miedo o la lúdica Creepshow.
Además, por si fuera poco, el lector obtiene, por el mismo precio: el bonus track de un arrebatado estudio sobre En Compañía de Lobos y, como hidden tracks, dos oportunas digresiones sobre la habilidosa obra de teatro La Mujer de Negro y sobre la alargada y centenaria sombra de Edgar Allan Poe.
No es Terror en Píldoras, creo, libro banal o que deba ser pasado por alto.
Avisados quedan.

Prótesis editorial, 2009
Si quieres comprarlo, sólo 5€, pincha aquí.

Luis de Luis
Publicar un comentario en la entrada