En el confesionario

Relato ultracorto de Roberto Malo, el más -y mejor- cuentista de la banda.

El asesino con remordimientos se arrodilla ante el confesionario y musita un ave maría purísima. Se aclara la garganta (mientras el sacerdote asiente con un sin pecado concebida) y con voz firme y serena declara que es un asesino a su pesar, y de los mejores además. El sacerdote se queda de una pieza.
-¿Cómo, hijo mío? –atina a decir.
-Como lo oye, padre, soy un asesino, pero me arrepiento, me arrepiento muchísimo.
-¿Y a cuántos has matado? –pregunta el sacerdote, casi por decir algo.
-He matado a doce hombres –dice el asesino.
-¿Doce? ¿Y por qué los mataste?
-Porque eran sacerdotes –aclara el asesino-, y yo odio a muerte a todos los sacerdotes.
-¿Qué? –musita el siervo de Dios, con un nudo en la garganta.
-Perdóneme, padre, porque voy a pecar –susurra el asesino.
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