El tejedor. James Sallis

Lewis vive y trabaja en Nueva Orleans, una ciudad muy literaria por esa faceta oscura y misteriosa que tiene y también por su mezcla de culturas, que la convierte en única e irrepetible en un mundo en el que la globalización tiende a uniformizar ciudades y espíritus

   


Este artículo pretende ser una recomendación de un escritor de género negro, que creo que es poco conocido en España y que se llama James Sallis, autor también de Drive. Se trata de un autor norteamericano nacido en Arkansas en 1944 y que todavía está vivo; de hecho hace dos años estuvo presente en la Semana Negra de Gijón. Entiendo que esto supone un aliciente para su lectura porque su obra todavía no está terminada y, en cualquier momento, puede sorprendernos con un nuevo libro.


en el momento menos pensado se produce
 un giro radical en su vida


Concretamente me voy a referir a la saga protagonizada por el detective Lewis Griffin. Está compuesta por seis novelas escritas entre 1992 y 2001. De las que cinco de ellas han sido traducidas al español y se pueden encontrar en la editorial Poliedro.


Como pueden comprobar todos los títulos están inspirados en insectos, pues incluso el tejedor alude a un insecto acuático que se desliza por la superficie del agua.


Precisamente la propuesta que hago para iniciar un acercamiento a este autor es “El tejedor” porque en él se desarrollan cuatro casos; uno en cada década empezando en los sesenta y terminando en los noventa, lo cual permite hacerse una idea muy clara de la biografía del detective y del mundo en el que se mueve.


Lo primero que hay que decir de estas novelas es que se tratan de auténtico género negro que cumple con los cánones de este estilo aunque pretende ir más allá y trascenderlo mediante el uso de un lenguaje poético y un estilo reflexivo. Y el tono de estas reflexiones, amargo y desesperanzado, con toques de crítica social, también enlaza a Sallis con el mejor género negro. De hecho el autor es un especialista en ese género y tiene escrito un libro sobre figuras señeras de ese estilo de los años cincuenta, en concreto, Chester Himes, David Goodis y Jim Thompson, que también está traducida al español. Además, también ha escrito la que se considera la biografía definitiva hasta el momento de Chester Himes.


Volviendo a la saga novelística me gustaría empezar señalando que en ella se percibe claramente la búsqueda de la calidad literaria. Cada lector deberá juzgar si lo consigue o no, pero lo que es innegable es que existe una voluntad de estilo que se manifiesta por ejemplo en la elaborada estructura de las obras y en la presencia de abundantes juegos metaliterarios.


A continuación me gustaría comentar algunas características del investigador privado que protagoniza esta saga tratando de encontrar aquellos rasgos que le pueden diferenciar de otros detectives de ficción y que, por eso, pueden invitar a la lectura de sus aventuras. En ese sentido su principal característica es que es un detective negro. Es obvio que en la historia del género ha habido otros investigadores privados de color como el Easy Rawlins de Walter Mosley interpretado por Denzel Washington en El demonio vestido de azul o John Shaft, que fue el primer detective negro protagonista en el cine, y que se convirtió en un icono cultural de la conciencia negra a principios de los setenta debido a tres películas y una serie. La diferencia respecto a estos es que los últimos se tratan de personajes negros creados por escritores negros. En cambio, Griffin es un protagonista negro que critica las desigualdades raciales y reivindica una identidad cultural negra pero desde la óptica de un autor blanco.


Otro rasgo distintivo de Lewis es que vive y trabaja en Nueva Orleans. Una ciudad que siempre me ha parecido muy literaria por esa faceta misteriosa y oscura que tiene y también por su mezcla de culturas que la convierte en única e irrepetible en un mundo en el que la globalización tiende a uniformizar ciudades y espíritus.


Además, el protagonista también tiene un lado oscuro. Y es que, debido a su adicción al alcohol, tiene que vivir su particular descenso a los infiernos que le conduce a pasar temporadas en el hospital y como vagabundo viviendo en albergues, cuando no, en la propia calle.


Sin embargo, en un momento determinado se produce un giro radical en su vida. El protagonista empieza a publicar sus novelas sobre un detective lo que le conduce a acabar convirtiéndose en profesor de literatura en la universidad. Este recurso narrativo permite alternar la descripción de los ambientes más sórdidos de las calles con reflexiones sobre Rimbaud o Joyce. Es posible que para muchos lectores esta combinación pueda resultar demasiado forzada y artificial, sobre todo a los amantes del género negro más clásico que busquen los diálogos breves y cortantes y que la acción predomine sobre la reflexión. Sin embargo, si consideramos el ejemplo de Charles Bukowski como prototipo de escritor borracho o borracho escritor, que logró compaginar el alcohol con una producción escrita bastante amplia, podría hacer creíble un personaje como Lewis Griffin que en algún momento llega a decir que las dos cosas que mejor sabe hacer son leer y beber.


Por último, quiero mencionar que en estas historias se nos muestra no sólo los casos en los que trabaja el detective, sino también sus relaciones amorosas, amistosas y familiares. De forma que se despliega ante el lector un mundo narrativo sólido y coherente que mantiene la ilusión de estar ante la vida de un hombre real por las referencias continuas a personas y acontecimientos de su pasado. Lo que, sumado a los que a mi parecen sus evidentes valores literarios, permite disfrutar de una lectura de esta novela de James Sallis más allá de su adscripción al género negro, que en sus inicios, tendía a omitir la dimensión personal de los protagonistas.


RBA, 2010
Compra en Estudio en Escarlata


Luis Gállego
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