Protocolos para un Apocalipsis. Frank G. Rubio & Enrique Freire

Los autores prefieren, antes que vender certezas inamovibles, sembrar en nosotros una actitud escéptica, una postura crítica, que cuestione todo lo que vemos en las pantallas, para que, de una vez por todas, apliquemos la duda metódica a todos aquellos simulacros que se nos ofrecen

La vigencia de los mitos
Mientras leía este ensayo, venía a mí una imagen muy concreta. Algo se me aparecía, como si fuera sugerido por la voz de los autores. No podía evitar pensar en el mito de la caverna de Platón. Y me sorprendía la vigencia que puede tener este mito de la antigüedad.

Hubo millones, miles
 de millones de atentados, tantos como televidentes presenciando el espectáculo
 de las torres viniéndose abajo, envueltas en lenguas de fuego

El filósofo nos relataba una situación que, insisto, hoy día sigue resultando más que familiar. Un grupo de personas dentro de una caverna. Desde su profundidad no pueden ver lo que hay “ahí fuera”, ya que sólo perciben las sombras, reflejos imperfectos de esa realidad que les es escamoteada.

¿Seremos tan optimistas como para decir que hemos evolucionado mucho desde entonces? En un mundo dominado por el “pantallismo” –por emplear el término que utilizan Rubio y Freire–, sólo podemos acceder a realidades experimentadas de forma vicaria. De hecho, no experimentamos la realidad, sino que la miramos pasivamente, eliminada la posibilidad de interacción, ya que nuestra única forma de participación está en el mando a distancia y el frenético zapping.

Llegaré a las últimas consecuencias: las opiniones que nos formemos sobre el mundo que nos rodea tendrán la misma validez y fiabilidad que las de aquellos que, inmersos en la caverna, intentan discernir la verdadera forma y color de esos objetos de los que sólo ven la sombra.

Si pensamos que este conglomerado de pantallas –de ordenador, televisores, teléfonos móviles, consolas de videojuegos y toda suerte de dispositivos electrónicos–, que nos escupen una realidad fragmentada, adulterada y distorsionada, está además al servicio de determinados grupos de poder, la confusión generada, la manipulación, es ya total.

Respecto al ensayo, haré una advertencia: no pocos se acercarán a sus páginas buscando una explicación definitiva, una solución que ayude a comprender conflictos internacionales como el 11-S o el 11-M. Se podrían sentir decepcionados. Los autores son conscientes de que se han escrito miles de especulaciones al respecto, y prefieren dejar la parte dogmática a otros. Rubio y Freire se centran, más bien, en describir los procesos, o protocolos, que lentamente –o rápidamente, quién sabe– transforman nuestro mundo. Por emplear un símil médico, prefieren estudiar la enfermedad y mostrarnos todos sus perfiles, antes que dar con un diagnóstico esperanzador –falsamente esperanzador, se entiende–. Porque, no nos engañemos, en este libro se abordan realidades muy complejas y aparentemente caóticas, ante las que no caben respuestas lapidarias y reduccionistas.

En su análisis del impacto mediático, del tratamiento que los media han otorgado al 11-S, llegan a decir que no hubo un sólo atentado. Hubo millones, miles de millones de atentados, tantos como televidentes enganchados a su pantalla, presenciando el espectáculo de las torres viniéndose abajo, envueltas en lenguas de fuego.

En definitiva, insistiré a riesgo de ser pesado, en este libro no se nos ofrecen respuestas. Sólo opciones. Los autores prefieren, antes que vender certezas inamovibles, sembrar en nosotros una actitud escéptica, una postura crítica, que cuestione todo lo que vemos en las pantallas, para que, de una vez por todas, apliquemos la duda metódica a todos aquellos simulacros que se nos ofrecen. Quizás sea la única manera de empezar a conocer nuestro entorno de manera no mediatizada.

No faltarán quienes piensen que nos adentramos en terrenos imaginativos y delirantes, como si glosáramos el argumento de una novela de fantaciencia. A todos ellos les recordaré que, en los tiempos que corren, las fronteras que separan la realidad social de la ciencia ficción, no son más que ilusiones ópticas.

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Editorial Manuscritos, 2009


David G. Panadero
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