Hipnos (2004)

Una joven psiquiatra llega a una clínica mental. Pronto le recomendarán los compañeros que no se quite la bata blanca, ya que es lo único que distingue a médicos y pacientes

Hipnótica y alucinada

Cuando debutó con esta película, David Carreras tuvo clara cuál sería el título al ver la portada de la novela Hipnos, de Javier Azpeitia, que, por cierto, ganó el Premio Hammett de novela negra en 1997.

En esas páginas, Azpeitia planteaba un virtuoso ejercicio de estilo literario por medio de un insólito punto de vista, creando una obra escurridiza y rica en sugerencias, aunque su posible traducción en imágenes se planteaba complicada. El film retoma decorados y personajes envolviendo a todos con un aire hipnótico y alucinado, pero sin pretender una fidelidad que, antes que nada, podría emborronar los resultados.

El punto de partida de la historia es sencillo y recurrente: la rebelión de los locos ante las autoridades en el manicomio. Esta temática ya fue planteada en obras del teatro Grand Guignol, mas lo que propone David Carreras en esta película es sumergirse en los laberintos de una mente rota en un entorno irreal y cuestionado, con una narrativa que más debe al estado de duermevela que a una clara exposición de argumentos.

Para crear este clima de alteración mental Carreras ha empleado las técnicas más avanzadas: las pocas melodías que cobran forma lo hacen de forma ceremoniosa y estática, como las partituras de Howard Shore para el cine de Cronenberg. Asimismo, el ruido ambiente es manipulado hasta crear una inquietante sinfonía falta de armonía, como en el cine de Lynch. La frialdad del conjunto, aderezada por un manierismo de siniestro video-clip industrial, remite a la estimable Requiem por un sueño, de Darren Aronofsky.

Ante tal batería de recursos, imágenes escupidas y sonidos enervantes, falta mencionar una voz hipnótica que nos sirve de cicerone en este descenso a los infiernos, quizás a la manera de Max Von Sydow, en la magnífica Europa (Europa, 1991), de Lars Von Trier.

Teniendo en cuenta todos estos referentes podemos considerar que la película es arriesgada y supone una apuesta fuerte dentro del cine español, a la que cuesta trabajo encontrar precedentes.

Sin duda, Hipnos supone una propuesta estimulante; con todo, cabe señalar que en el primer tercio el film tarda en arrancar, rozando por momentos el preciosismo rococó, y algunas situaciones están resueltas de manera algo efectista.

Por encima de virtudes o defectos, lo importante es que el film vuelve a demostrar aquella máxima con la que se abría el clásico Corredor sin retorno (Shock Corridor, 1963), de Samuel Fuller: A quien los dioses quieren destrozar primero lo vuelven loco.

David G. Panadero


   

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