Casi policía


Relato ultracorto de Roberto Malo, el más -y mejor- cuentista de la banda.

Entro en el bar y sin mirar a la barra me dirijo a los servicios masculinos. Una vez dentro, abro la bolsa y saco el uniforme de policía. Es auténtico; según parece, los de producción lo han conseguido a través de un conocido. Me lo pongo, me encasqueto la gorra, coloco las esposas, la porra y la funda de la pistola en el cinturón, dejo mi ropa de calle en la bolsa y, cual superman de cortometraje, salgo con mi nueva identidad. La camarera se sonríe, divertida con el cambio. “La magia del cine”, le digo guiñándole un ojo. Con cierta chulería en el andar (me estoy metiendo en el papel a pasos agigantados, está visto), me encamino a que me maquillen, para estar bien guapo a la hora de repartir hostias.
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