Emma Roulotte, es usted. Norberto Luis Romero

Una imagen basta para explicar la situación de la literatura actual: la mano de Escher que se pinta a sí misma. La aventura o el personaje son lo de menos, y el lector es poco más que un mirón, que observa el retrato que el escritor hace de sí mismo. Desaparece la cuarta pared, y nos vemos rodeados, lo queramos o no, por la ficción

No existe la palabra  "FIN"

Vida y obra vienen a ser lo mismo, y el creador se erige en semidiós, que, más allá del orden o el caos, dicta un azar objetivo que nosotros, ya convertidos en personajes, no podemos controlar.

La propuesta resulta apetecible, pero son muchos autores los que la malogran, derivándola hacia un autorretrato psicológico donde no faltan el guiño cultureta, una mal entendida erudición, el victimismo o la agresiva autoafirmación, cuando no, directamente, el ajuste de cuentas hacia tal poeta de provincias, antiguo compañero de batallas, que una vez les quitó de las manos la última medianoche de paté.

norberto nos invita a entrar en un
laberinto de espejos, y entramos
con placer 

No es el caso de Norberto Luis Romero, que entiende la literatura como el juego infinito e imparable que siempre debería ser. Norberto sabe administrar la información, para, jalonando la obra de pequeños enigmas, convertir una premisa en apariencia realista, en fragante humo que se nos escapa de entre los dedos.

Un muchacho debe cumplir un recado. Tiene que entregar un paquete a un escritor que le espera en un pueblo perdido. Pero extraviará el papel donde tenía anotadas sus señas, y se encontrará en ese pueblo, siendo ya noche cerrada, sin las señas, sin una solución a la tarea que tenía que cumplir… Incluso sin nombre propio y sin atributos, porque, empieza a sospechar, no es más que la creación inconclusa de un escritor poco disciplinado. Entonces aparece Emma Roulotte, personaje que lucha por conseguir un papel protagonista, ¡aunque sea en un simple relato!, que le intentará ayudar en la aventura que va a dar –que ya ha dado– comienzo.

A partir de ese momento, las historias se empiezan a multiplicar. De una sale otra, como si todas formaran una colosal matriuska, y a la vez, de alguna manera, todas están comunicadas entre sí, formando un laberinto de espejos que, gracias a Norberto, resulta más cristalino que confuso, más placentero que problemático.

Comenzábamos estas líneas hablando de la literatura actual, pero conforme avanzan las páginas, empezamos a reconocer numerosos rasgos clásicos en esta novela. Sin duda, con Emma Roulotte, es usted tenemos un libro puramente latino y apasionado, de esos en los que no se paran de contar historias, en los que hay entusiasmo por seguir narrando. Quizás, y sin quizás, podría recordar la excelente Tierra, de Stefano Benni. No obstante, las influencias de Norberto se remontan a más atrás, desde el clásico de la literatura oriental Las mil y una noches, hasta muestras de la literatura medieval como el Decamerón, sin olvidarnos del cuento decimonónico, con autores como Robert Louis Stevenson, y sus Nuevas mil y una noches.

Pero si bien todos estos precedentes mostraban una “historia arco” en la que se iban insertando las narraciones, Norberto Luis Romero prefiere separarse de la estructura tradicional e irnos sumergiendo en una divertida y misteriosa fantasía literaria, donde las palabras van conformando un laberinto del que no podemos salir, donde estamos invitados a permanecer todo el tiempo que queramos.

Eclipsados, 2009
Compra en Estudio en Escarlata


David G. Panadero
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