Vértigo. Boileau-Narcejac

Una novela tremendamente francesa, que reproduce el estilo de Hitchcock: Boileau y Narcejac, alimentados por los rumores, escribieron Vértigo intentando reproducir las obsesiones y temas recurrentes del mago del suspense… que acabó dirigiendo la película, llevando a su terreno las propuestas de los franceses.


La pareja de escritores Pierre Boileau y Thomas Narcejac son dos –en realidad uno, ya que siempre escribían juntos– de los máximos exponentes de la novela negra francesa durante la segunda mitad del siglo XX. Pero, si en líneas generales, desconocemos la cultura de ese país, en el caso de esta pareja, nuestro desconocimiento se convierte en total olvido por lo difícil que resulta acceder a sus obras.
Lo cierto es que estos autores resultan adictivos. Al comentar su novela Maleficios, analizábamos lo acertado de sus propuestas. Con la lectura de Vértigo, llevada al cine por Hitchcock en 1958, las expectativas se ven confirmadas y ampliadas.
La génesis de esta novela está rodeada de interrogantes. Boileau y Narcejac vivían un momento dulce: el cineasta Henri Georges Clouzot acababa de llevar al cine su novela La que no existía, consiguiendo uno de los títulos más aplaudidos del cine negro francés: Las Diabólicas (1954). Dos años después, el cineasta argentino Luis Saslavski adaptaría su novela Las lobas.
Llegados a este punto, se disparan los rumores. Según afirma Truffaut, Hitchcock estaba muy interesado en llevar al cine La que no existía, pero Clouzot se le adelantó. En opinión de algunos estudiosos, tal como refleja Roberto Cueto en el apéndice de la edición que aquí comentamos, no podemos creer al pie de la letra esa afirmación de Truffaut, que más bien se basa en una conjetura o una apreciación personal.
Los astros acabaron confabulándose, Boileau y Narcejac, estimulados por los rumores, escribirían Vértigo intentando reproducir las obsesiones y temas recurrentes del mago del suspense… Y éste acabaría dirigiendo la película, llevando a su terreno las propuestas de los franceses. Aunque una mirada atenta revela el verdadero origen de esta película.
De hecho, se trata del film más taciturno y ensimismado de toda la filmografía de Hitchcock. La primera mitad de la película reproduce fielmente la extraña placidez que emana de la novela. La acción –en casi todo momento interior– puede culminar con un gesto o una mirada. No hace falta más. Puede resultar emocionante ver cómo una persona observa durante horas a otra –en este caso, el detective, a la mujer que es objeto de su investigación, de la que se está enamorando en silencio–.
Una vez leída la novela es inevitable entrar en comparaciones con la película. No nos detendremos en este punto, que quedará como pasatiempos para el lector. En todo caso, reseñaremos de qué manera la pareja de escritores se aproximó al mundo creativo del genio inglés: la protagonista absoluta de su obra es una mujer de mirada gélida, aire frígido, que precisamente por su aire ausente fascina y enamora a un hombre más bien solitario. Cabe decir que el análisis de las relaciones personales que realizan Boileau y Narcejac es puramente “Hitch” –repitamos ahora la broma del cineasta: Hitch, without Cock"–. La mujer, por no abandonar la idea típicamente machista, es una mera invención del hombre, quien ejerce de Pigmalión para modificarla y transformarla conforme a sus caprichos, hasta acabar reduciéndola a un objeto de deseo, carente de alma.
Mas los franceses se resisten a disimular su tradición cultural: su novela transcurre en París, en escenarios fantasmales, tales como cementerios, bosques abandonados, iglesias lejanas… Y en lugar de buscar el culto a la acción puramente hollywoodiense, se decantan por un realismo lírico en la línea de, pongamos por caso, Jacques Becker.
De nuevo, los escritores se amparan en unas sugerentes dosis de ambigüedad, mientras lo fantástico irrumpe en la vida cotidiana, tal como sucede en la obra del belga Jean Ray. Disfrutan llevándonos otra vez al límite de lo imposible, enfrentándonos con preguntas que resulta complicado responder. ¿Sucede todo ahí fuera? ¿Es real? ¿O acaso lo estamos imaginando?

© Editions Denöel, 1954
© Editorial Nebular, 2002

David G. Panadero
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