Una anciana obesa y tranquila. Luis Gutiérrez Maluenda

Vuelve a la carga Basilio Céspedes, alias Humphrey, el detective catalán descreído y socarrón que conocimos en la novela Putas, diamantes y cante jondo. Y con él también han vuelto más personajes ya conocidos, como su ayudante, Billy Ray Cunqueiro, el gallego que quiere ser norteamericano, ¡y no lo consigue!

Brindaremos con naranjada

El autor de todo esto –del crimen– es el barcelonés Luis Gutiérrez Maluenda, que cuenta en su haber con joyitas como Música para los muertos. Basándose en su agilidad para manejar las tramas y el regusto pulp de su obra, algunos lo califican como “el más norteamericano de los escritores españoles, y el más español de los norteamericanos”.

Hay gente que tiene una biografía tan corta
 que cabe en una lápida funeraria

Después de haber leído Una anciana obesa y tranquila, vemos que Gutiérrez Maluenda sigue fiel a sus principios. Está consagrando su carrera a la recuperación de un legado literario que muchos reivindican sin conocerlo con la profundidad que él demuestra. Y ese legado no es otro que el de la novela negra norteamericana, la más tradicional, esa que podemos encontrar en autores como Hammett y Chandler, o también en Walter Mosley, Lawrence Block, John Lutz o Stuart Kaminsky –referencia esta última muy querida por el escritor catalán–. Sin caer por completo en el pastiche, Gutiérrez Maluenda propone una lectura desenfadada, en clave pop, de todos estos iconos culturales, llegando a citar en este libro a todo tipo de personajes del mundillo. No faltan alusiones al sombrero de ala ancha de Philip Marlowe, a las múltiples habilidades de James Bond, a la facilidad de Easy Rawlins para encajar golpes y seguir de pie… ¡Incluso nos habla de la colección de pipas del mismísimo Sherlock Holmes!

Como no podía ser de otra manera, el texto se ve recorrido de lado a lado, de arriba abajo, por un sentido del humor chispeante, que encuentra el desencanto como telón de fondo. Un botón de muestra: “Hay gente que tiene una biografía tan corta que cabe en una lápida funeraria”.

Todo empieza cuando María la portuguesa, una anciana obesa y tranquila, es asesinada en su propia casa. A su vez, aparece otra trama, que también tiene que investigar Humphrey. Jazmín es una inocente esposa que se empeña en probar a su marido que le está siendo infiel. Quizás a la manera de Ed McBain, Gutiérrez Maluenda alterna ambas tramas sin llegar a entrelazarlas del todo. Y no es tan descabellada la mención al famoso autor de procedimiento policial. Basta con leer el pasaje que se ambienta en la comisaría, y la acción imparable que allí se desarrolla, que se lee con una sonrisa. Travestis que entran y salen, intentando ligar con los agentes, las historias que unos y otros nos cuentan, demostrando sus extensos conocimientos de los bajos fondos…

El curso de la investigación llevará a nuestro protagonista a las calles menos recomendadas de Barcelona, a Madrid, incluso al barrio de Alfama, en Lisboa. Pero lejos de la obsesión por el retrato realista que embarga a tantos autores, Luis Gutiérrez prefiere fantasear ligeramente todos esos escenarios. En efecto, esta novela podría perder puntos si intentáramos leerla en clave realista. La casualidad, los encuentros entre personajes –en especial, el encuentro en un bar de Alfama con un vasco que conoce el barrio y sus gentes como la palma de la mano– dan un tono alucinado, de cierto sentido de la maravilla a la acción–.

Por último, insistiremos en la recomendación. Si le gustan las historias tensas, divertidas, esas en las que muere hasta el apuntador, disfrutará leyendo Una anciana obesa y tranquila. Y si Humphrey acaba por ganarse su simpatía, no dude en pedir una naranjada natural para brindar. Aunque traiga mala suerte. Qué más da.

Editorial Difácil. 2009
Compra en Estudio en Escarlata

David G. Panadero
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