El rock de la dulce Jane. José Luis Gracia Mosteo

El inspector Barraqueta, una suerte de Colombo baturro y gañan, entona este himno a desarrapados, marginoides y despojados varios

Prosa desbordante de
sabiduría callejera
Ya desde el título de su extraordinaria novela, Gracia Mosteo propone que la banda sonora de su extraordinario baturro noir sea el celebérrimo "Sweet Jane". No aclara si en la versión folk urbano de la legendaria Velvet Underground, o bien en su variante mas extendida: la que en 1975 popularizó su autor, Lou Reed, en su disco en directo Rock ´n´roll animal, recreando la canción como un himno solemne, grandilocuente y algo afectado, construido a base de resaltar uno de los riffs de guitarra –junto con el de "Satisfaction" y "Smoke on the Water"– más inequívocos, inconfundibles y pegadizos de la historia.
Sea como fuere, ambas versiones (la casera y la egregia) tienen en común una espectacular y absoluta carencia de sentido del humor que, en opinión de quien suscribe, poco se compadece con la novela: una hilarante bajada en tobogán a los infiernos sociales concebida como un hilarante y saludable carrusel de feria.
Ya puestos a incordiar, propondría a José Luis Gracia Mosteo para las inevitables reediciones de su libro que le cambiase el título por el de "Rainy Day women 12 & 35", canción de 1966 de un Bob Dylan lisérgico y hastiado que garrapatea un feliz pasacalles: descoyuntado, gregario y tambaleante, cuya letra juega con las acepciones del verbo stone (ser lapidado y estar colgado) para convertirse –recomendándoles serenidad y disfrute– en un himno de apoyo a desarrapados, marginoides y despojados varios... es decir, la columna vertebral del sector de la ciudadanía que recorre –con prosa desbordante de sabiduría callejera, vigoroso escepticismo, retranca juiciosa y verbo cervantino– el inspector Barraqueta, una suerte de Colombo baturro y gañan que hace del resabio y la tozudez una hoja de ruta para levantar las calzas de mojigatos bienpensantes, a lo largo de una trama cuajada con respeto al lector, a quien, de paso, le lleva de sarao literario a recorrer las cunetas donde selectos pederastas, entrañables asaltatumbas y moteros sentimentalones se solazan, en escenas tan inverosímiles como veraces, pues la literatura no es otra cosa, a la caza de un cadáver recalcitrante e inquieto.
Pues eso, una novela de las difíciles al alcance de pocos autores: saludable, feliz y muy, pero que muy disfrutable. Al alcance de escasos escritores. Mucho me temo que, si la leen, no se arrepentirán.
Ni una miaja.

Verbum, 2005
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Luis de Luis
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