La desbandada del 68

¡No sé cuál es tu plan!

La huida hacia delante de los desclasados, y también de los que no son tan desclasados, desemboca en una refriega de traición y balas




You say you got a real solution
We-e-e ll, you know
We'd all love to see the plan 

“Revolution” 
(Lennon & McCartney)

Tengo para mí que El Mayo del 68 (TM) ha llegado a adquirir, cuatro décadas después, un carácter simbólico para la generación que lo vivió más o menos de cerca, a costa de asociarlo con su juventud y con una especie de ilusión colectiva; ilusión que, si bien traicionaron después, nunca dejó de condicionarles, en mayor o menor traumática medida, como estandarte, punto de referencia y vara de medir de sus actitudes y talantes. Lo anterior me vino a las mientes tras la lectura de un trío de novelas -rescatadas para la ocasión entre los restos del naufragio de la legendaria colección Etiqueta Negra de la Editorial Júcar- de ilustres autores de la polar francesa en las que, independientemente de sus distintos enfoques argumentales y narrativos, late la sociedad post 68, no solo como contexto y caldo de cultivo de la trama sino, en última instancia, como protagonista de las novelas. Así, J.P. Manchette se sumerge con Nada (1972) en el mundo de los antiguos y violentos revolucionarios que, una vez utilizados y descartados por las fuerzas vivas de la Revolución, sobreviven feamente a la deriva; dando tumbos, mal delinquiendo o incubando, como justificación, una nueva Revolución (esta vez la buena). Así, un puñado de estos parias organiza un desesperado secuestro que será, eso esperan, el trampolín de un nuevo esplendor. Manchette narra con contundencia, sin soltar las riendas del relato en 41 urgentes capítulos, la huida hacia delante de los desclasados que desemboca en una, no por presentida menos impactante, postrimería de traición y balas.
J. Francois Vilar entrega en El pasaje de los monos (1984) una, soberanamente irónica, gymkana parisina instaurada en torno a la búsqueda de un tesoro (la producción inédita y oculta de un  artificialmente cotizado pintor) y en la que toman parte un puñado de piratas de la peor ralea: ni más ni menos que la gauche divine (2); es decir, los antiguos estudiantes revolucionarios, reconvertidos para la ocasión en la élite intelectual francesa que engordan, entre bostezos y caprichos, sus ocios y cuentas corrientes deconstruyendo tendencias, catapultando modas e imponiendo estilos; renacidos como creadores de opinión de pura raza quienes, desde la altura de unas autootorgadas credibilidad y autoridad artística, adaptan el legendario Mayo del 68 en una Tm, un © o en un All rights registered apto para públicos ateridos de sofisticación y elegancia.
La novela es un correcalles por exclusivas fiestas, selectas discotecas, escogidas salas de redacción y ambientes fashion a más no poder, donde se encuentra y desencuentra la citada tropa de trileros de lujo (otra cosa no son). La endiablada (y perfectamente resuelta) trama policial está narrada con un humor no por contenido menos ácido. Al fin y al cabo, los círculos sociales narrados en el libro, no merece menos.
Por su parte, Didier Daeninckx lleva al lector con El verdugo y su doble (1986) al mundo que habita otro de los (como se dice ahora) colectivos sesentayochescos: el obrero. La investigación de un crimen en una pequeña ciudad industrial da lugar a un relato que, con precisa prosa y ajustada estructura, refleja, sin juicios o condenas, con escéptica melancolía, las grandes y pequeñas mezquindades que la supervivencia diaria impone a los trabajadores: Inhábiles, indiferentes y ajenos a todo lo que no sea levantar la vista del suelo. Desolada novela de grisuras, desesperanzas y resignación. Mucho me temo que Paris no debe ser una fiesta. Se ponga Hemingway como se ponga.


Luis de Luis

(1) De Gaulle ganó aplastantemente las elecciones convocadas con urgencia y, el revolucionario Partido Comunista se integró (y desactivó) en la estructura política con una razonable representación parlamentaria. “Todo cambia para que todo siga igual”. No por repetida deja de seguir siendo apropiada la frase de Lampedusa .
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