Crimen ferpecto (2004)

En el centro comercial hay de todo: feos y feas, amas de casa que matarían por un abrigo de visón... pero el hilo musical garantiza el mejor ambiente posible
Estética de escaparate
Rafael (un excelente Guillermo Toledo), empleado en la sección de mujeres de unos grandes almacenes, mata durante una discusión a su superior. Lourdes, una compañera de trabajo poco agraciada físicamente, es testigo del crimen y chantajea a Rafael, incluso le obliga a casarse con ella.
 Comedia cafre que 
se convierte en intriga criminal

Rafael se encamina a su puesto de trabajo. Se siente radiante con su impoluto traje. Su voz en off se dirige a nosotros, de tú a tú, en una arenga propia de vendedor de enciclopedias, prolija en frases que podrían pasar por slogans publicitarios. Ahí radica la baza de la película: retratar esa España profunda que no está tan lejana como quisiéramos, a esas gentes hambrientas que pretender disfrazar su catetismo y provincianismo con un glamour hortera.
Álex de la Iglesia se muestra impertinente, haciendo gala de un humor rudo y cabrón que no es del gusto de todos. No tiene problemas en reírse de esas amas de casa que matarían por un abrigo de visón ni de esos feos y feas de caricatura que viven estigmatizados por un despótico culto al cuerpo.
Para plasmar esta mordaz crítica a nuestra sobada cultura de la imagen no hay decorado mejor que un centro comercial, un entorno artificial donde nunca pasa el tiempo, nos rodean los colores almibarados y hasta los malos pensamientos son ahuyentados por el confortador hilo musical. Allí, Rafael compite literalmente a muerte con Don Antonio (un excelente Luis Varela) por un ascenso, de ahí que esos tonos pastel, la estética de escaparate, vayan cobrando tintes siniestros.
Gracias a una soberbia música de Roque Baños, que emula de manera simpática el clímax de los scores de Bernard Herrmann para el cine de Hitchcock, y a unos prodigiosos movimientos de cámara dignos del más enfebrecido Brian De Palma, esta comedia cafre se va convirtiendo en una granguiñolesca intriga criminal. A ello contribuye la solidez del guión, escrita por el cineasta con su colaborador habitual Jorge Guerricaechevarría.
El film acierta de pleno en su tono humorístico y sarcástico, pero es tal la solidez de la trama y la agudeza a la hora de perfilar personajes, que con pocos cambios podríamos convertir este esperpento en obra dramática, y lo mismo pasa con otros films del autor, como El día de la bestia.
El planteamiento resulta cáustico, y su desarrollo, encomiable. Lástima que una vez puestas las cartas sobre la mesa, de la Iglesia caiga en una resolución algo mecánica y rutinaria, bastante lejana al aire iconoclasta con el que comienza el film. Con todo, podemos afirmar que la obra de este cineasta vasco es singular dentro del cine español, y si bien cuenta con numerosísimos precedentes, aún no ha aparecido otro cineasta que presente unas obras ni siquiera comparables.
David G. Panadero
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