1969. Jerónimo Tristante

La vida sometida a un invisible tribunal de carniceros timbrados con el yugo y las flechas en sus camisas azules y la sanguinaria cruz al fondo

...peor lo tengo yo, que sigo vivo.
Jerónimo Tristante, 1969

Una pasmosa facilidad para
el costumbrismo
Las apariencias dicen que desde 1969, en España, han pasado mucho más de cuarenta años, que ha cambiado la composición molecular de sus habitantes, que la situación geográfica del país se ha desplazado ostensiblemente hacia el norte, que los ultracuerpos venidos no sabemos bien de dónde completaron con éxito su proceso invasivo y han borrado hasta el último rastro de la memoria o el atrezzo cultural del pasado. Que no queda ni rastro genético de la sociedad que Jerónimo Tristante nos muestra en esta novela. No sé en qué momento abandonó el NODO su carácter siniestro para ser mayoritariamente aceptado como un documento interesante, divertido y entrañable de otra época. Espero que las apariencias por una vez no nos engañen, porque, por lo que puede verse, olerse y tocarse en 1969, aquello no tenía ni puta gracia.

...aquel mundo pacificado y ya apacible 
de finales de los sesenta, en pleno 
milagro de crecimiento económico, no 
era más que el falso decorado de 
uno de los circuitos de poder absoluto...

Tristante, que con su espléndida serie de Víctor Ros -El misterio de la casa Aranda y El caso de la viuda negra, hasta el momento-, nos está contando los últimos años del Siglo XIX en España con una pericia para reducir la Historia a un elemento narrativo más, perfectamente articulado con el resto, como muy pocos autores de la actual Novela Histórica saben hacer en este país, se nos ha venido a los sesenta del siglo pasado, y por empezar a contar esos años por algún sitio, lo hace por Julio Alsina, un policía manso, muy tocado ya por la mala suerte y el alcohol, un tipo acabado que se encuentra en el fondo de una de sus desastradas navidades a una puta suicidada invisible para todos excepto para él, que casi desde el principio es la oportunidad de redención que no buscaba, y que termina haciendo saltar por los aires las realidades de todos cuantos lo rodean; desde el cadáver llega a los sucesos casi sobrenaturales que están ocurriendo en La Tercia, un poblacho cercano a Murcia, y desde el pueblo, bajando, llega a los cimientos de la sociedad del momento. Hasta ese punto, todo bien, dentro de las convenciones del género, normal, el enredo podría haber transcurrido en casi cualquier sitio o momento. Pero no.
A partir de aquí, el autor, en vez de pretender provocar el estupor de los lectores introduciendo lo descabellado o buscando el disturbio a través de la fractura del desarrollo de la trama, comienza a trabajar desde dentro, y con mucho tiento y detalle, sin perder de vista su propósito final -la luna, en este texto, es mucho más que un ornamento poético; sigan mi consejo: provoquen al spoiler, hagan que les cuenten el final de la obra y comprobarán como se les agiganta la necesidad de leerla; sólo con las composiciones verdaderamente singulares ocurre algo así-, mientras nos permite avanzar en la investigación junto al policía, siempre combinando con todo dominio las técnicas del melodrama y el policiaco, nos lleva a descubrir que nada es lo que es, que el descubrimiento de América fue sólo un montaje de los infaustos Reyes Católicos, que aquel mundo pacificado y ya apacible de finales de los sesenta, en pleno milagro de crecimiento económico, no era más que el falso decorado de uno de los circuitos de poder absoluto más espeluznantes de nuestra Historia, más por las apariencias de bonanza tras el que se escondía y mucho más por lo poco que la literatura se ha ocupado de desvelarlo. La vida sometida a un invisible tribunal de carniceros timbrados con el yugo y las flechas en sus camisas azules y la sanguinaria cruz al fondo.
Con una pasmosa facilidad para la mirada costumbrista, el sentido del humor que sólo despliegan los naturalmente dotados para ello, una Murcia muy presente y extraordinariamente bien contada, gran habilidad para darnos documento en las medidas justas y un entramado narrativo a prueba de visionarios y revisionistas, Jerónimo Tristante ha conseguido armar una novela irrefutable, compacta, siempre efectiva, sin fisuras, momentos más que conmovedores, impregnada de una autenticidad que la cruza de principio a fin.
Una novela imposible. Una novela de verdad.

Maeva, 2009
Compra en Estudio en Escarlata

© Juan Ramón Biedma / Mayo - 2009
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