Matar y guardar la ropa. Carlos Salem

La diversión con que está escrita la obra resulta contagiosa; además, pasa revista a las diversas situaciones de la vida

Deliciosas carreteras secundarias
 
 
Cuando un escritor se enfrasca en la solitaria actividad de escribir una novela, lo hace porque tiene algo que contar, una historia que contar. Pero hay casos en los que el escritor parece tener muchas, muchísimas pequeñas historias que contar, plasmando en ellas sus vivencias, su forma de ver el mundo… Y así sucede con Carlos Salem en Matar y guardar la ropa. No caeremos en el atrevimiento de decir que se trata de una historia coral, que no lo es. De hecho, el autor plantea una historia que se sigue perfectamente, con planteamiento, nudo, lista de sospechosos y desenlace. Sin embargo –y aquí hemos de hacer todo el énfasis que sea necesario–, quien se quede con la sucesión de acontecimientos, quien siga la trama tal cual es, sin duda se estará perdiendo las deliciosas carreteras secundarias que plantea el autor, en las que, a menudo, aporta una pequeña enseñanza, plantea alguna duda, o al menos retrata alguna situación vital de indudable interés.
 
No olvidemos que Carlos Salem se está labrando una trayectoria de prestigio; su novela de debut, Camino de ida, ha sido reconocida con el galardón Memorial Silvero Cañada en la Semana Negra de 2008, y ello se debe a su gran calado psicológico, la habilidad para retratar y reconocer situaciones humanas, siempre con el sentido del humor –pelín canalla– por delante. Pero sigo siendo el rey sería aplaudida por muchos como una novela de madurez. Y no es para menos.
 
Respecto a Matar y guardar la ropa, el asesino a sueldo Número Tres es destinado a un camping nudista de Murcia. Se sabe que alguien debe morir; ¿pero quién? En un delicioso juego de azar que dejaría perplejo al mismísimo Paul Auster, las diferentes personas que han desempeñado un papel importante en la vida de Número Tres van apareciendo por el camping para disfrutar de unas tranquilas –¿hemos dicho tranquilas?– vacaciones. Su ex mujer pasaba por allí, al igual que el nuevo novio de ésta, un juez estrella infalible. Y al igual que el inolvidable amigo de la infancia…
 
Carlos Salem maneja la trama con habilidad, sorteándola de pequeños giros, regalándonos una prosa llena de fibra donde no hay palabras de más. Es imposible resistirse al contagio de diversión con que está escrita la obra, en la que, como decíamos, pasa revista a las diversas situaciones de la vida. En palabras de Arturo García Ramos, en ABCD, “Las virtudes de este narrador residen en buena medida en su vena irónica, en su visión paródica de la vida corriente sometida al más puro disparate”.
 
Todas estas reflexiones nos podrían llevar a señalar un rasgo muy llamativo de la obra: quizás, mirada a fondo, no pretenda ser una novela negra, en el sentido tradicional, con el poso realista que habitualmente se ha otorgado al género. Salem parece encontrarse más a gusto estableciendo estas metáforas vitales, desde las cuales reflexionar sobre las relaciones: esos hijos que se sienten decepcionados por sus padres; esos maridos que achacan el paso del tiempo, conservando poco de lo que fueron en otros tiempos… En Matar y guardar la ropa no hay espacio para las casualidades. “En las novelas, como en la realidad, todo ocurre por algún motivo”.

Salto de página, 2008

David G. Panadero
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