Posibles orígenes de la revista Prótesis

Aunque muchos consideren la novela negra española como una moda pasajera, basta fijarse en autores como Manuel Vázquez Montalbán, Andreu Martín, Juan Madrid o Carlos Pérez Merinero para darse cuenta de que ha habido, hay, muchas novelas y muchos casos por resolver


Una tradición por recuperar


Fundé Prótesis en 2002, para dar salida a mi afición por la novela negra española. Contaba con la ayuda de amigos de entonces como Miguel San José, que ahora es editor del sello Calamar


Fueron dos novelas las que me impulsaron en la afición: Prótesis y La camisa del revés, ambas de Andreu Martín. Durante mi adolescencia me encantaba leer novelas de terror y ciencia ficción, generalmente de autores anglosajones, y cuando me topé con la literatura de Andreu, encontré que tenía la fuerza expresiva, la intensidad, el ritmo de las mejores novelas de género. Y quizás yo estuve despistado, y no había reparado hasta entonces en esas obras que formaban nuestra tradición literaria. O quizás nuestra propia industria cultural había abandonado a su suerte a todos estos escritores, por lo cual era complicado seguirles la pista. Por eso fundé Prótesis. Publicación consagrada al crimen, para recuperar nuestro legado de literatura de género, estableciendo un guiño al escritor catalán y a la que considero su novela más emblemática.



policías nostálgicos del régimen franquista,
 tabernas del Barrio Chino, puticlubs del extrarradio, 
todo ello en un ambiente chulesco y aflamencado



Me gustó la novela Prótesis porque abría las puertas a una novela negra escrita en castellano que fuese mucho más que la mera imitación de los modelos anglosajones. No encontraréis en sus páginas detectives de homicidios o policías de San Francisco; tampoco encontraréis night clubs donde escuchar sensuales melodías de jazz. A cambio, lo que encontraréis será policías nostálgicos del régimen franquista, tabernas del Barrio Chino, puticlubs del extrarradio, todo ello en un ambiente chulesco y aflamencado. Y los protagonistas son unos delincuentes de poca monta de un suburbio barcelonés.


A menudo me han preguntado si la novela negra española es un tema lo suficientemente amplio como para dedicarle una revista. Voy a contestar recurriendo a declaraciones ajenas. Escribía con cierto humor la estudiosa Patricia Hart que para encontrar novela negra en España hay que ser un poco detective. Hace poco leía una entrevista al tristemente fallecido Manuel Vázquez Montalbán. Le preguntaban por la novela de género en España, qué había antes de que él escribiese Tatuaje, y destacaba sobre todo la selección inmensa de libros de bolsillo de Bruguera, generalmente escritos con vocación de mercenario y a ritmos de ejemplar por semana. Comentaba Montalbán que la novela negra es un fenómeno propio de las sociedades industriales avanzadas, lo cual, evidentemente, excluye a nuestro país. Ya a mediados de los años 80, en otra entrevista, el creador de Carvalho diría que sólo hay un escritor de género en España. Si le preguntaban en Barcelona, destacaba a Andreu Martín. Si le preguntaban en Madrid, destacaba a Juan Madrid.


Y es que la novela negra española siempre ha sido un tema de interés para los aficionados. Muchos han desconfiado de su existencia, y ha habido multitud de cultivadores ocasionales que no han consolidado su trayectoria. A veces ha estado demasiado sujeta al impacto mediático, convirtiéndose en el “género de moda”. Con todo, no es difícil apreciar toda esa serie de escritores que nos aportan sus obras desde tiempos de la Transición, como Francisco González Ledesma, Carlos Pérez Merinero, Julián Ibáñez, Mariano Sánchez Soler, o los ya citados: Juan Madrid, Andreu Martín y Manuel Vázquez Montalbán.


Precisamente a todos estos escritores he dedicado la revista Prótesis. Porque, cada uno de ellos, desde sus planteamientos, ha personalizado un género norteamericano como la novela negra, para con éste, dejar un testimonio, a veces cargado de desencanto, a veces lleno de humor, a menudo crítico, sobre las últimas décadas vividas en nuestro país.


David G. Panadero
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