The Nile Hilton Incident (2017)

El club donde la muchacha interpreta una balada árabe inmensamente hermosa

Sólo al final de The Nile Hilton Incident asoma un ligeramente forzado “deus ex machina” que parece un hilo rasgado de debilidad, con Nouredine encarando sin concesiones a su tío en los asientos traseros de un vehículo policial que se abre paso entre los enjambres airados de las multitudes en las calles de un Cairo a punto de estallar; todo lo demás es muy potente, las hechuras de quizá el más ambicioso thriller del año. Excelente sin duda, comiéndose a dentelladas la película, Fares Fares en el papel de detective en la segunda línea de las fuerzas de orden de Egipto, sobrino de un alto cargo de la seguridad del Estado, lleno de dudas en relación con la actitud que debe adoptar frente al caso que se le ha asignado de una cantante, bailarina, asesinada en una habitación del hotel Hilton, junto al Nilo: o seguir la investigación y hundirla en el marasmo de la pasividad previa al archivo del caso, para no comprometer a un diputado acaudalado, o buscar apoyo en la rehén, la chica sudanesa que ha sido testigo del asesinato, y tirar de los hilos hasta localizar al diputado y llegar a descubrir que fue su propio tío el que cometió el asesinato. Todo ello contra el trasfondo de los disturbios iniciales y los tormentosos balbuceos de la primavera árabe en Egipto.

El Último Boy Scout (1991)

Fotografía atmosférica, miles de litros de gasolina

Revólver Smith & Wettson
El cartel de El Último Boy Scout es paradigmático, no ya por su mediocre diseño como por los componentes definitorios que incorpora, elementos que hablan de la película, sí, pero también del final de una época floreciente para el cine de acción y el comienzo de una era de violencia hiperbólica basada en una fotografía atmosférica y miles de litros de gasolina empleados en sonoras explosiones; signos de los tiempos, estilemas que abren al espectador una dudosa pero amanerada etapa para el actioner, los años 90, que degeneraría en productos digitales y carentes de empatía con el público que vio a Bruce Willis y Mel Gibson sangrar y llorar, que vivió con emoción el enfrentamiento de Arnold Schwarzenegger con un alienígena, y que también sufrió los disparates más ridículos de las comedias de acción de Eddie Murphy. Estrenada en 1991, El Último Boy Scout es el canto de cisne de una época de vino y rosas para el cine de acción, un colofón imprescindible a manos de uno de los realizadores que tendría mucho que decir en la siguiente década, con una extensa lista de títulos más o menos reivindicables, tocando techo con la irresistible obra neo-noir Amor a Quemarropa (True Romance, 1993). A Tony Scott se le puede acusar de manierista, de terrorista del montaje, con ese abuso de los planos cortos que caracteriza casi toda su obra, pero en El Último Boy Scout poco importa, lo cierto es que es una película vibrante y escatológica, una estilizada buddy movie que da más de lo que promete gracias al compromiso de todo el elenco con sus personajes, sobre todo del entonces rutilante Bruce Willis.

El corazón del Ángel (1987)

El detective Harry Angel es contratado en Nueva York por el misterioso Louis Cyphre

Aunque en su momento fueron muchos críticos los que la consideraron esteticista y plagada de efectismos, El corazón del Ángel es una película que supo ganarse la simpatía del público de entonces y además adelantó tendencias y maneras que siguen vigentes. El británico Alan Parker era entusiasta de la novela de William Hjortsberg. Le atraía la combinación de géneros: un terror de origen religioso y una historia de detectives al estilo Raymond Chandler, de ambientación barroca y surcada de secundarios peculiares. La combinación de géneros, más vigente cada vez en el audiovisual, no es lo único que supo anticipar Parker. También la estética retro, servida por una fotografía de colores apagados, profusa en claroscuros, que remite a los clásicos del cine negro. Añadamos una trama imposible, que en su desarrollo adquiere la textura evanescente de una pesadilla, y un drástico giro final, que hace que tengamos que repasar mentalmente trama y argumento en tan solo unos segundos. Todas estas razones hacen que El corazón del Ángel sea una película que todavía se mantiene vigente.

Un detective privado de simbólico nombre, Harry Angel (Mickey Rourke todavía en plena forma), que está pasando una mala racha, es contratado en Nueva York por un misterioso personaje (Robert De Niro encarnando a otro personaje de simbolismo evidente: Louis Cyphre). El encargo consiste en encontrar a un hombre desaparecido. Cuando conoce a Epiphany Proudfoot (Lisa Bonet), hija de un sacerdote vudú, se suceden extrañas muertes, que parecen estar relacionadas con la magia negra y que implican a Harry de una manera cada vez más personal.

Asesinato en el Honjin. Seishi Yokomizo

Relatos detectivescos, llenos de inteligencia, emoción y sabiduría

Consecuencias de la IIGM
Este volumen consta de tres historias de intriga que son resueltas por el detective privado Kosuke Kindaichi, en el Japón de después de la II Guerra Mundial. En ellas se nos propondrán varios asesinatos, el de una pareja en un Honjin tras sus esponsales, el de una mujer con la cara muy destrozada, y la misteriosa historia de un recién llegado de la guerra.

Todas ellas ponen en jaque la inteligencia, meticulosidad y el ingenio del investigador, pues todas ellas parecen problemas insolubles, por sus muy especiales circunstancias, o por la falta de pruebas que indique como se llevó a cabo la actividad criminal. 

El estilo minucioso y reflexivo de estas investigaciones parecen llevarnos más a lo que se ha considerado canónicamente como novela enigma, pero tienen un rasgo muy peculiar, una mirada sobre personas y situaciones sociales que lo acerca a lo que se ha dado en llamar novela negra, lo que resulta en unos relatos detectivescos, llenos de inteligencia, emoción y sabiduría social y personal, que ya conocíamos por otros casos protagonizados por el investigador Kosuke Kindaichi, como El clan Inugami, o Gokumon-To, la Isla de las Puertas del Infierno, que son las únicas entregas traducidas al español de esta serie japonesa muy extensa en número.

Alcohol de 99º. Manu Marañón López

Retrato de nuestras calles con precisión galdosiana y calado poético

Ambientes diurnos y nocturnos 
Innovadora por su clasicismo —a la manera de, pongamos por caso, las películas de Clint Eastwood—, la novela de debut de Manu López Marañón es un acercamiento intenso y concienzudo a unos espacios y momentos mil y una veces evocados. La Transición en nuestras ciudades es un entorno con infinitas posibilidades en el terreno de ficción.


Alcohol de 99º abarca más de dos décadas y retrata con precisión galdosiana y calado poético cada detalle. Las gentes, las calles y los ambientes diurnos y nocturnos de Barcelona y Bilbao —con algunos escenarios internacionales— son retratados con generosidad e imaginación, alcanzando así el protagonismo en estas páginas, por encima incluso de trama y argumento.



Manu López Marañón sabe dar dimensiones y profundidad a historias que en manos de otros, nos parecerían ya vistas y oídas. Con gran habilidad y bisturí de cirujano se adentra en las vidas de un grupo de delincuentes, huyendo tanto de la condena paternalista como de la exaltación populachera tan habitual desde las películas de Eloy de la Iglesia, tan fácilmente continuada en la actualidad. Lo de Manu es un trabajo literario: seducirnos por la dosis de realidad y la capacidad de detalle que encierran esas andanzas, sin preocuparse por la calidad moral de esos comportamientos, que leemos con sorpresa y un punto de fascinación.

Impacto (1981)

La fascinación y el impacto de una mujer fatal de doble cuerpo

Impacto suele quedar injustamente sepultada entre Vestida para matar y Doble cuerpo. Esta trilogía, en realidad una octología estilística y moral en toda regla (que ojalá se torne en saga en breve), quizá no sea tan deudora de Hitchcock, como siempre se ha dicho, como del colorido y cálido giallo que Bava y sus compinches fueron cocinando con encanto artesanal

La definición de la wikipedia de este subgénero, de maternidad italiana, no puede ser más coincidente con respecto a los postulados de De Palma:

  1. Da mucha más importancia a lo puramente formal que a la coherencia de la trama, que en ocasiones parece una mera excusa para dar consistencia a la parte visual. 
  2. Tendencia a recrearse en la violencia explícita rayana en lo morboso, que, sin embargo, suele ser tratada de un modo deliberadamente irreal y estilizado. 
  3. El crimen es presentado en largas secuencias sequenza lunga culminadas en una explosión de violencia fuertemente idealizada y coreografiada.

La búsqueda (1972)

La búsqueda, precursora de El corazón del ángel: imaginad a Alan Parker viendo una de Joselito

Yo sé quién soy!!!
A punto de cumplir la treintena, y tras infructuosas películas durante la última década para recuperar la popularidad y las taquillas de sus primeros éxitos, Joselito se pone a las órdenes de Rafael Gil para reflotar La búsqueda, uno de los últimos proyectos que el finado Cesáreo González no pudo ver en vida, al igual que los que firmó con Berlanga para la añorada Suevia Films. 

El guion de La búsqueda, encargado por el propio Gil a Carlos Blanco, autor de Los peces rojos, película que Gil quiso dirigir pero que acabó en manos de José Antonio Nieves Conde, pasó por varias versiones, desvirtuando el argumento original hasta tal punto que finalmente Rafael Gil abandona el proyecto y se sumerge sin tregua en La guerrilla y La duda (adaptación de El abuelo, de Galdós), rodadas ambas ese mismo año. 

Es precisamente Carlos Blanco quien consigue que Nieves Conde se incorpore al proyecto, dando así lugar a una película que, más allá de maldita, se puede considerar inexistente, al mismo nivel que ocurrió con la maravillosa El mundo sigue, de Fernando Fernán Gómez, rodada en 1963, y que solo se exhibió en un cine de Bilbao dos años más tarde. 

Nieves Conde quería a Emilio Gutiérrez Caba como protagonista, pero Suevia mantuvo a Joselito, ya que el deseo de Cesáreo fue relanzar la carrera de su pequeño ruiseñor. Sin embargo, lo que sí consiguió Nieves Conde fue eliminar todas las canciones y pidió a Carlos Blanco que ampliara la trama de la investigación. 

La búsqueda, con su configuración final y por surrealista que parezca, es precursora de El corazón del ángel (1987), y aunque casi nadie sea capaz de imaginar a Alan Parker visionando una película de Joselito, ambas cuentan la historia de un vivevidas al que contratan para que busque a un cantante que, poco a poco, a través de sucesivos flashbacks de su propia infancia -descartes de escenas de Los dos golfillos (1961) y de Loca juventud (1965)- termina por descubrir que se trata de él mismo, lo que conduce a una sobrecogedora escena final que prácticamente calca Mickey Rourke, con ese doloroso “Yo sé quién soy…” y que nuestro ruiseñor riega de lágrimas. El propio Joselito comentó que se hizo una versión cantada de la escena, que rodó Luis Lucía a espaldas de Nieves Conde, aunque no figura en el negativo final. 

La búsqueda, en ese uso de retales fílmicos que utiliza para completarse, se hermana al proceso de producción de El héroe anda suelto (1968), que se fabricó con algunos planos de Boris Karloff, que Corman tendría empolvados en alguna estantería, a los que Bogdanovich añadió la subtrama del francotirador loco. Solo el ingenio narrativo de Carlos Blanco pudo aunar tomas dobles y descartes del pasado cinematográfico de nuestro niño cantarín para conjugarlas con su tortuoso presente. 

Sin embargo, la película nunca perdió su virginidad ante los proyectores. Problemas de derechos sobre las imágenes usadas para los flashbacks, así como desavenencias internas en la Suevia post Cesáreo, convirtieron a la película, que debió servir para reflotar a la estrella que más y mejor brilló en Suevia, en una historia de nadie y para nadie. Nieves Conde jamás reclamó su autoría y nunca aparece referenciada en su filmografía. ¡Y ni siquiera en la de Joselito!

Quizá Enrique Cerezo, que posee el catálogo completo de Suevia, podría abandonar un rato el palco rojiblanco para echar un ojo a su almacén y hacernos un favor editando directamente en blu-ray esta extrañeza que forma parte de una época donde nuestro cine se gestaba al estilo hollywoodiense, aunque siempre con esa impronta hispánica que ora rodaba una obra maestra, como La muerte de un ciclista o Furtivos, ora un fascinante desquicie, como este que nos compete


Fernando Cámara


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Tit. Orig: La búsqueda. España, 1972. Director: José Antonio Nieves Conde. Guión: Carlos Blanco. Música: Carmelo Bernaola. Fotografía: Fernando Arribas. Intérpretes: Joselito, Simón Andreu, María Matín, Marisa de Leza



Este ensayo colectivo, consistente en el análisis de 20 largometrajes, ha sido realizado por los cineastas Fernando Cámara y David Alonso y los escritores Francis Díaz, Jesús Fernández, Duvid Mdd, David G. Panadero, Alfredo Paniagua y Frank G. Rubio.

Este monográfico sobre Detectives Raros en el cine se ha publicado originalmente papel, en la revista Prótesis, nº9 (Reino de Cordelia, ed.), en la primavera de 2017. Pide tu ejemplar en la librería madrileña Estudio en Escarlata.


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