Un abogado rebelde. John Grisham

No va a permitir que la verdad se interponga en el camino de la justicia

Sebastian Rudd es un abogado un tanto singular. Es un penalista sin despacho, por lo que su oficina la tiene instalada en la trasera de una furgoneta conducida por Partner, un mix de chópfer, asistente jurídico y guardaespaldas. Pero esta peculiar forma de llevar su negocio no es especialmente original en la novela detectivesca, pues el abogado Michey Haller, protagonista de algunas novelas de Michael Connelly tiene una forma similar de trabajo, aunque en su caso usando una gran limusina Lincoln-. Pero lo que marca la vida de este abogado es que se hace cargo de aquellos casos penales que nadie quiere, y que en demasiadas ocasiones le procuran el odio más feroz tanto del público, de las diversas fuerzas policiales e incluso de algunos representantes del estamento judicial, e incluso de algunos de sus defendidos, que no suelen entender ni aceptar nada que no signifique la absolución de todos sus delitos.

Su actuación profesional, dado que coge casos que nadie quiere, por ser muy jodidos, o bien por estar muy sentenciados por la opinión pública, transitará por aspectos más o menos legales, pues eso sí, es un feroz luchador, y en la reyerta no va a permitir que la verdad se interponga en el camino de la justicia.

La séptima función del lenguaje. Laurent Binet

1980. Vertiginoso recorrido: la intelectualidad más puntera de París

La cultura francesa de la época
Tras acudir a un almuerzo con el aspirante al Elíseo, François Miterrand, el filósofo, semiólogo y gran crítico literario Roland Barthes sufre un brutal atropello que le hace ingresar muy grave en un hospital parisino. Las circunstancias de este accidente -la huida del agresor, la desaparición de un importante documento que portaba Barthes, y el fallecimiento de éste sin una clara razón médica- llevan a las autoridades (fundamentalmente al presidente de la República Francesa, Giscard D’Estaing), a encargar una encuesta sobre esta extraña muerte al veterano comisario Bayard, que abrumado ante el tono y maneras de la élite cultural en el que se movía el finado, echa mano de un jóven profesor de Semiología de la Universidad de Vincennes, Simon Herzog, para que le ayude y guíe en este proceloso mundo de la alta cultura francesa, de la que desconoce sus códigos e incluso su lenguaje.

La investigación se centra en la búsqueda de un misterioso documento, que parece poder convertirse en un instrumento decisivo para aquellos que pretenden conquistar el Poder. Sobre este esquema de thriller de aventuras e intriga, el autor nos arrastra a un vertiginoso recorrido entre la intelectualidad más puntera del París de 1980, y de esta forma nos acerca a las facetas tanto personales como filosóficas de personajes míticos de la cultura francesa de la época: el siempre terrible Michel Foucault, el ya anciano psicoanalista Jacques Lacan, el revolucionario Félix Guattari, o el joven, pero ya chocante Bernard-Henri Lévy. Papel aparte es el de Louis Althusser, el gran pensador marxista, del que se da una original propuesta del misterioso asesinato de la esposa de Althusser a manos de éste.

El hermano. Joakim Zander

En un barrio de la periferia

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Insiste Joakim Zander en personajes y en una parte de la idea general de su novela más conocida El nadador. La trama no se parece, está lejos de un thriller y sólo tiene en común, con la anterior novela, la aparición, muy forzada, de tres personajes de la anterior novela. Es más, la atracción que tiene el autor por la protagonista de la anterior novela, Klara Walldéen, es la única justificación para que aparezca en esta.

Es cierto que existen ciertas sinergias entre una novela y otra pero todo lo demás es diferente. 

La novela versa sobre Yasmine Ajam y su hermano Fadi, ambos separados por motivos que no tienen mucho que ver con el argumento, pero que gracias a su cariño se buscan en la mayor de las desesperanzas. Yasmine vive en Nueva York, Fadi ha tenido problemas en el barrio, a las afueras de Estocolmo, y terminará siendo llamado por la religión y en Siria. Ambos nos demuestran que de las expectativas a la realidad hay un amplio margen, en especial Fadi, que será una barca a la deriva de otros con ideas más claras y muchos menos escrúpulos. Ahora se preguntarán ¿qué pinta ahí Klara Waldéen?

El nadador. Joakim Zander

Dispuesta a todo para conseguir esa información

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Alguien, un personaje anónimo, obtiene una información. Ni siquiera es capaz de analizarla, pero por un casual de relaciones pasadas le llega a él. Es un eslabón más de la cadena de vínculos y amistades que todo ser humano va dejando sobre la tierra. De pronto le siguen, le acotan el terreno, le tachan de peligroso terrorista, huye claro, no puede ser de otra forma y en su huida arrastra a alguien más de su círculo de conocidos y amistades. Ambos ya continúan sin saber que hay de malo en ello, que tienen de tanto valor que gente, no se sabe quién, está dispuesta a todo para conseguir esa información y ya de paso acabar con ellos, porque quién está muerto no habla.

Este es un ingrediente de un thriller canónico, ¿o no? Ahora le sumamos el berenjenal en que se han medido ambos protagonistas y le ponemos un toquecito de agencia de espionaje extranjera, ¿qué nos da?

Cierto, un thriller internacional o una novela de espías. 

Ya tenemos una buena mezcla pero necesita algo más de aderezo, porque no ponemos un personaje que trabaja para la CIA y que nos da ese toque tan preciosista sobre la vida de un agente de campo. Con ello y con un tono cenital y gris tenemos una auténtica novela de espionaje. Puede que todo suene muy manido, pero tengo que reconocerlo está muy bien hecho y el tono terminal del espía de verdad no hace más que engrandecer la novela. De todas las notas que he tomado para sacarles a ustedes extractos, todas tratan sobre ese personaje. Voy a poner un ejemplo para que vean de lo que hablo, se trata de una purga en la CIA:

Joakim Zander: el sueco que leía novelas de espías

Nuevos cambios en las agencias de espionaje

No es Suecia un país muy dado a la intriga, ni tampoco Escandinavia en toda su amplitud. Más bien se dedican a novela negra debido, casi sin duda, al clima tan horrible que sufren y que provoca más asesinatos que ganas de guardar secretos. Tampoco Joakim Zander es un islote aislado en este gran mundo.



Zander, como otros muchos compatriotas, no han cultivado el género sino que lo han bordeado, han bebido de la narrativa más clásica del género y han evolucionado a una variante anglosajona, el thriller internacional. Es esa variante, muchos ni la consideran así, que tiene más vida, más ajetreo, se adapta mejor a la ficción. El mismísimo Henning Mankell ha hecho alguna alusión a ese campo, como por ejemplo El hombre inquieto, y como prima hermana de la novela criminal también se podría recordar que Los perros de Riga tienen toques, más que sutiles, del género. 

Las adivinaciones de Kala Persad. Headon Hill

...el encantador de serpientes hindú Kala Persad

Las adivinaciones de Kala Persad nos trae las aventuras detectivescas de un personaje bien curioso: el encantador de serpientes hindú Kala Persad, creación literaria de Headon Hill, seudónimo que utilizó el periodista y escritor inglés Francis Edward Grainger (1857-1924), cuya producción literaria se centró básicamente en historias detectivescas.

En realidad, no es correcto hablar de “aventuras detectivescas” al referirnos a las historias de Kala Persad (por lo menos a la actividad directa que él lleva a cabo), puesto que este personaje está muy lejos de ser un detective al uso de los que estamos habituados. Nada más lejos de la realidad.

Kala Persad es un hombrecillo de unos sesenta años, al que el autor describe como “diminuto y avellanado” (buena metáfora para que un escritor inglés de la época del “Raj británico” se refiera a la piel oscura del hindú), que posee un don, el “maloom” en su lengua natal: una especie de sexto sentido, un instinto animal, que le permite descubrir misterios.

Muerte en mar abierto. Andrea Camilleri

En los preliminares de su carrera policial

Ocho casos del comisario Salvo Montalbano, que nos son presentados en relatos individuales, y situados en los preliminares de su carrera policial, en los primeros años 80 del pasado siglo. En ellos aparecerán asesinatos, robos, diversos tráficos, y algunos crímenes especialmente cruentos. Para su resolución Montalbano se acompañará de sus inseparables, aunque más jóvenes policías, Catarella, Fazio y Mimì Augello, o el siempre cascarrabias forense Pasquano. 

Y como escenario nos propone su Sicilia natal, con la inventada Vigàta como centro de operaciones, a la que el autor rinde su homenaje, pese a la dureza del paisaje y los corrompidos hábitos de buena parte de su población.

Pese a la brevedad de cada relato, le da a Camilleri para contarnos historias muy bien tejidas, con personajes creíbles, y con tramas muy elaboradas, con resoluciones no siempre fáciles, y en algunos casos con sucesivas soluciones. En ellas el autor saca su genio literario, pues logra con pocos trazos, crear muy diversas historias personales muy ricas y complejas, que se suman al enorme acervo de historias con las que el autor nos ha regalado durante estos últimos años.