La muerte es una vieja historia. Hernán Rivera Letelier

Una viveza y un colorido apasionante

Viveza y colorido apasionantes
En la chilena ciudad de Antofagasta, su único investigador privado, el antiguo minero Recaredo Gutiérrez, conocido por todos como el Tira Gutiérrez, es contratado para desvelar la identidad de un violador que está asolando a las mujeres que se acercan al cementerio local. En las pesquisas le acompaña la hermana Tegualda, una activista evangélica, que le contrató para efectuar esta investiagación.

Esta dispar pareja se enfrentará a un misterio nada fácil de desentrañar por las peculiaridades del escenario criminal, la desidia policial, y por los diversos ámbitos sociales que las pesquisas les obligan a reccorrer, donde sus muy distintas actitudes y comprensiones de la vida y las gentes, les enfrentarán a situaciones y problemas no siempre fáciles de sortear

La acción de la novela está situada en la ciudad de Antofagasta, cuya sociedad conoceremos así como se nos hablará del mundo de los mineros del interior, con sus cuitas y singularidades, que se irán reflejando en los distintos avatares que la novela va recorriendo. Otros autores chilenos de novela de intriga detectivesca nos mostraron diversos lugares de Chile (Santiago en las novelas de Ramón Díaz Eterovic, Valparaíso en las de Roberto Ampuero Espinoza, las regiones australes en las de Luis Sepúlveda, o el idílico Papudo en las de Mauro Yberra), pero ni Antofagasta ni el mundo minero había aparecido, y nos enseña una realidad con una viveza y un colorido apasionante.

Poniendo en su lugar a los caníbales

Desdramatizando las melopeas mediáticas para mejor desmontarlas


Para el Arcángel Foster


El hermano bueno mira al mar, el hermano malo mira a la jungla...
Proverbio caníbal


Évole para Jot Down
Los seres-nada de los que habla mi amigo Félix, un altísimo porcentaje en la población de los países mal llamados desarrollados, viven pendientes, siendo pertinentemente moldeados en sus creencias y sensibilidad, de los mal llamados “medios de comunicación de masas”: el Cuarto Poder. La mayor parte de aquellos que ejercen como ciudadanos se informan y deciden en función de los contenidos vehiculados por periódicos, cadenas de televisión o emisoras de radio. Una mínima parte lo hace basándose principalmente en la experiencia propia o en la reflexión, a esta última se puede acceder mediante: la lectura, el pensamiento disciplinado o la meditación... incluso el rito, el trabajo creativo y vocacional o la oración silenciosa, funcionan. El resultado ha sido un progresivo embrutecimiento de los mal llamados “ciudadanos” y una intensa falta de escrúpulos y de ética por parte de los gobernantes. Insisto que no hablo de los regímenes totalitarios o autoritarios, sino de las mal llamadas democracias. Son estas, en la Era de la Granja que canta encomiásticamente Steven Pinker, sistemas masificados de convivencia de corte predominantemente urbano organizados como sociedades burocráticas de consumo dirigido donde se ha impuesto, pertinente y consecuentemente, un control exhaustivo y cientifista sobre las conductas; una cada vez más extensa y panóptica vigilancia que pretende disimular su torva faz con oleadas de propaganda continua y omnipresente, impregnada esta de un buenismo de garrafón, lo envuelve ya todo. El Estado Terapéutico o la culminación de la “postmodern-hez”; no es raro, ni está falto de significación, más allá de las explicaciones fisicalistas, lo mal que huelen las ciudades. Lo fecal ha sustituido a lo feérico en la era digital; para mejor ser comprendidos: la diferencia que va entre Jordi Évole y Miguel de la Quadra Salcedo; porque estamos hablando aún, mal que nos pese, de periodismo. Vivimos en una época terminal, en la fase de los ogros filantrópicos donde toda noticia es ya una “falsa noticia”.

Prólogo: Tan tuyo como tu muerte

Los que no podrán librarse de su sombra

Mucho hemos leído, y a menudo con gusto, sobre personajes a los que la suerte les abandona. Personajes que no solo no saben salir del atolladero, sino que cada vez se van hundiendo más en él. Así se encuentra el narrador y protagonista de Tan tuyo como tu muerte, el veterano policía Abel Claramunt. Un desencantado a quien nadie soporta, que después de dos divorcios vive castigado por la mala salud. Tampoco disfruta precisamente de buena suerte la joven María Asunción, una chica metódica y esforzada, buena estudiante, que ha desaparecido, y cuyo paradero debe averiguar el policía.

La mala suerte es todo un leitmotiv en la novela negra, y también, por descontado, fuera del género. Pero resulta mucho más interesante cuando, como es el caso, el autor, Emili Bayo, abandona con habilidad e inteligencia el habitual discurso victimista y se arriesga a profundizar en realidades humanas complicadas dejando a un lado moralismos fáciles. Todo resulta mucho más complicado de comprender y juzgar cuando los personajes respiran, caminan y cometen errores tal y como lo hacemos nosotros.

En manos de Bayo, filólogo y periodista cultural de largo recorrido, el juego de la ficción y la reflexión que entraña la escritura añaden interés y profundidad al punto de partida, convirtiendo las regiones boscosas de Lleida en un terreno donde casi todo es posible. Cuentos populares como el de Hansel y Gretel adquieren una fuerza renovada, un especial dramatismo, dentro de una novela que nos habla de abandono, incomprensión y malos tratos.

Mentiras. Yrsa Sigurdardóttir

El dolor por la pérdida de seres queridos

En medio del duro invierno islandés, tres historias nos son propuestas, aparentemente sin relación. Por una parte un grupo de mantenimiento se ocupa de restablecer un centro de comunicación en un mínimo islote en medio del proceloso Océano Atlántico, y debido a problemas de logística se crea una situación de tensión inaguantable. Por otra parte una familia islandesa regresa de un intercambio en los Estados Unidos, y al recuperar su casa, se van dando cuenta de que algo extraño ha debido suceder durante la estancia de la familia norteamericana que ha usado su casa de Reikiavik y su casa de vacaciones. A medida que los indicios son más misteriosos se generan situaciones de suspense que desembocarán en un trágico final. Y finalmente, una agente de policía, que está pasando por un momento muy dramático, pues por un lado se ve involucrada en un altercado profesional muy desagradable, está desolada cuidando a su marido, que está en coma por un intento de suicidio fallido, que le ha dejado en estado vegetativo. Al serle encomendado la criba para su destrucción de antiguos expedientes, se da de bruces con una extraña historia en la que su marido participó cuando era muy niño, y de la que no tenía la menor noticia.

Un abogado rebelde. John Grisham

No va a permitir que la verdad se interponga en el camino de la justicia

Sebastian Rudd es un abogado un tanto singular. Es un penalista sin despacho, por lo que su oficina la tiene instalada en la trasera de una furgoneta conducida por Partner, un mix de chópfer, asistente jurídico y guardaespaldas. Pero esta peculiar forma de llevar su negocio no es especialmente original en la novela detectivesca, pues el abogado Michey Haller, protagonista de algunas novelas de Michael Connelly tiene una forma similar de trabajo, aunque en su caso usando una gran limusina Lincoln-. Pero lo que marca la vida de este abogado es que se hace cargo de aquellos casos penales que nadie quiere, y que en demasiadas ocasiones le procuran el odio más feroz tanto del público, de las diversas fuerzas policiales e incluso de algunos representantes del estamento judicial, e incluso de algunos de sus defendidos, que no suelen entender ni aceptar nada que no signifique la absolución de todos sus delitos.

Su actuación profesional, dado que coge casos que nadie quiere, por ser muy jodidos, o bien por estar muy sentenciados por la opinión pública, transitará por aspectos más o menos legales, pues eso sí, es un feroz luchador, y en la reyerta no va a permitir que la verdad se interponga en el camino de la justicia.

La séptima función del lenguaje. Laurent Binet

1980. Vertiginoso recorrido: la intelectualidad más puntera de París

La cultura francesa de la época
Tras acudir a un almuerzo con el aspirante al Elíseo, François Miterrand, el filósofo, semiólogo y gran crítico literario Roland Barthes sufre un brutal atropello que le hace ingresar muy grave en un hospital parisino. Las circunstancias de este accidente -la huida del agresor, la desaparición de un importante documento que portaba Barthes, y el fallecimiento de éste sin una clara razón médica- llevan a las autoridades (fundamentalmente al presidente de la República Francesa, Giscard D’Estaing), a encargar una encuesta sobre esta extraña muerte al veterano comisario Bayard, que abrumado ante el tono y maneras de la élite cultural en el que se movía el finado, echa mano de un jóven profesor de Semiología de la Universidad de Vincennes, Simon Herzog, para que le ayude y guíe en este proceloso mundo de la alta cultura francesa, de la que desconoce sus códigos e incluso su lenguaje.

La investigación se centra en la búsqueda de un misterioso documento, que parece poder convertirse en un instrumento decisivo para aquellos que pretenden conquistar el Poder. Sobre este esquema de thriller de aventuras e intriga, el autor nos arrastra a un vertiginoso recorrido entre la intelectualidad más puntera del París de 1980, y de esta forma nos acerca a las facetas tanto personales como filosóficas de personajes míticos de la cultura francesa de la época: el siempre terrible Michel Foucault, el ya anciano psicoanalista Jacques Lacan, el revolucionario Félix Guattari, o el joven, pero ya chocante Bernard-Henri Lévy. Papel aparte es el de Louis Althusser, el gran pensador marxista, del que se da una original propuesta del misterioso asesinato de la esposa de Althusser a manos de éste.

El hermano. Joakim Zander

En un barrio de la periferia

sigue el monográfico


Insiste Joakim Zander en personajes y en una parte de la idea general de su novela más conocida El nadador. La trama no se parece, está lejos de un thriller y sólo tiene en común, con la anterior novela, la aparición, muy forzada, de tres personajes de la anterior novela. Es más, la atracción que tiene el autor por la protagonista de la anterior novela, Klara Walldéen, es la única justificación para que aparezca en esta.

Es cierto que existen ciertas sinergias entre una novela y otra pero todo lo demás es diferente. 

La novela versa sobre Yasmine Ajam y su hermano Fadi, ambos separados por motivos que no tienen mucho que ver con el argumento, pero que gracias a su cariño se buscan en la mayor de las desesperanzas. Yasmine vive en Nueva York, Fadi ha tenido problemas en el barrio, a las afueras de Estocolmo, y terminará siendo llamado por la religión y en Siria. Ambos nos demuestran que de las expectativas a la realidad hay un amplio margen, en especial Fadi, que será una barca a la deriva de otros con ideas más claras y muchos menos escrúpulos. Ahora se preguntarán ¿qué pinta ahí Klara Waldéen?