Barba Azul (1944)

Incontables tratamientos de sombras

Un peligroso asesino en serie aterroriza a todo el París fin de siècle. Sus víctimas propiciatorias son mujeres jóvenes, por lo que la alarma social se circunscribirá a ese target, presa desde el primer instante de una psicosis generalizada que interiorizará alteraciones en su conducta cotidiana, como por ejemplo pasear por las calles de la capital francesa al caer la tarde… 

Así arranca Bluebeard, el retorno del director austrohúngaro Edgar G. Ulmer al terror puro tras la imprescindible Satanás, realizada diez años antes. Como ocurriese en esta, y anticipándose en más de una década a las adaptaciones inverosímiles de otro mago de la serie B más sobrecogedora como fue Roger Corman, Barba Azul se toma infinitas licencias respecto a la historia original. 

Basada remotamente en el caso de Henri Désiré Landru: un asesino de carne y hueso que, a principios del siglo XX, tenía como objetivo estafar a viudas de posición desahogada de las que luego se deshacía por los medios más expeditivos. Su juicio fue uno de los más publicitados de la época. El encargado de encarnar en la gran pantalla tan escalofriante personaje no será otro que John Carradine, que venía de interpretar a otro villano insolente y desgraciadamente real: el sádico dirigente nazi Reinhard Heydrich en Hitler’s Madman de Douglas Sirk. 

Artículo 353 del código penal. Tanguy Viel

Un continuo de desgracias personales, laborales y de vida cotidiana

Dos hombres se afanan en subir marisco a una embarcación en la costa del Finisterre bretón. Repentinamente, uno de ellos empuja al otro al mar y se lleva la embarcación a la costa. Al día siguiente, tras aparecer el cadáver de su acompañante el hombre es llevado ante el juez para que explique su comportamiento.

Tras este impactante comienzo, el autor nos narra la confesión del obrero Martial Kermeur, mediante la cual explica sus motivaciones para arrojar al agua, tan brutalmente, al promotor inmobiliario Antoine Lazenec.

De esta forma se inicia el largo monólogo, en el que el homicida irá relatando las circunstancias personales por las que ha pasado en los últimos años, a la vez que nos documenta acerca de la situación de una tierra y unas gentes que, con el cierre de los astilleros durante los años de la reconversión industrial, pierden su principal medio de subsistencia. 

El relato se articula sobre la presencia y acciones del promotor Antoine Lazenec, tanto en su faceta social, como promotor de un gran proyecto urbanístico, como en la personal, en su relación con el homicida. La narración va fluyendo como a ráfagas, en las que se mezclan recuerdos personales y el relato de las circunstancias de la colectividad; el monologo discurre ante la presencia atenta y muy poco interventora de un joven juez, que intenta entender la desesperación del hombre que se está confesando ante él.

Crimen en la posada Arca de Noé. Molly Thynne

Rescatar a las “Damas olvidadas” del crimen

En la cumbre de la novela de detectives clásica encontramos a varias muy conocidas “Damas del crimen” británicas, como lo fueron Agatha Christie, Dorothy L. Sayers, Margery Allingham, Josephine Tey, Anthony Gilbert, Anne Hocking… Y, aunque neozelandesa, también sería justo mencionar a Ngaio Marsh, considerada, con las tres primeras, una de las “Cuatro grandes” del género. 

Sin embargo, por lo que actualmente vamos conociendo, el catálogo de escritoras británicas que destacaron en el género detectivesco es bastante más amplio del que inicialmente se tradujo y publicó en España. 

Afortunadamente, la editorial dÉpoca en su colección dÉpoca Noir parece haberse arrogado la misión de rescatar a las que bien podríamos llamar “Damas olvidadas” del crimen. Eso hizo cuando, en la segunda entrega de dicha colección, nos presentó a la para nosotros desconocida, pero muy brillante, Annie Haynes y su novela “Asesinato en Charlton Crescent”. Y lo continúa haciendo ahora al rescatar para los lectores españoles a Molly Thynne, otra autora de la Golde Age totalmente ignorada en España

Molly Thinne, cuyo nombre real era Mary Harriet Thynne, nació en 1881. De ella sabemos poco, que su familia era noble, descendiente de los Tudor, y estaba muy bien relacionada con los más elitistas círculos literarios y artísticos

1997: Rescate en Nueva York (1981). La noche americana

Recordamos esta cinta futurista de aventuras que inaugura un subgénero del cine comercial de los 80. Narrada con nervio y gran economía de recursos, ofrece aventura continua y personajes enérgicos, como Serpiente Plissken. Han secuestrado al presidente. ¿Presidente de qué? 

David G. Panadero conduce esta Sesión Prótesis

Carne de ataúd. Bernardo Esquinca

Una cruenta serie de asesinatos que recuerdan la dramática historia del Chalequero

México D. F., entre los últimos años del siglo XIX y la primera década del XX. Son los años de la dictadura de Porfirio Díaz y el periodista Eugenio Casasola trabaja en el oficialista diario El Imparcial, y se pone a investigar una cruenta serie de asesinatos que recuerdan la dramática historia de El chalequero, un asesino que veinte años antes generó el terror entre las mujeres por las terribles muertes que produjo, y que parece haber vuelto por sus fueros. Casasola ya se vio involucrado en aquella primera tanda de crímenes, puesto que la última víctima fue Murcia, una mujer con la que mantenía una ardiente relación. 

Ahora, las pesquisas del periodista le llevarán a contactar con esferas muy problemáticas y sórdidas de la sociedad y el poder en México; además, un problema fundamental al que tendrá que hacer frente será el de deslindar lo real de lo fantasioso-esotérico. 

En su arduo trayecto, Casasola se hará acompañar, por un lado, de una médium, Madame Guillot y, por otro, del inspector de policía Roumagnac, ferviente seguidor de las teorías naturalistas sobre el crimen del italiano Cesare Lombroso. 

La narración irá alternando diversas temáticas, que van desde la personalidad del asesino, de cuya historia, y de la de otros como él, se nos hablará mucho, y del papel que esos terribles personajes tienen sobre la sociedad, y de cómo los ciudadanos intentamos categorizar ciertos horrores. De esta forma se llega a afirmar… 

A veces es mejor imaginar monstruos irreales que los verdaderamente posibles y próximos 

Los juicios de Rumpole. John Mortimer

Afán teatral, de máscaras, o de identidades falsas

Segunda entrega de los casos del abogado Horace Rumpole, un letrado londinense que tiene muy claro cual es su papel como abogado defensor: luchar con todo tipo de subterfugios legales y paralegales para librar a sus clientes de ser condenados. Aunque a lo largo de la narración veremos como su relación con la justicia le lleva a afirmar... 

Además de la fascinación por la ley, la maldición del abogado consiste en llegar a saber sobre sus semejantes más de lo que le conviene 

Y durante los juicios echará mano de todo su encanto histriónico para encandilar a los miembros de los jurados. Este afán teatral, de máscaras, o de identidades falsas aparecerá en más de una de las seis historias que forman este volumen. 

Una muestra de la catadura de este encarnizado luchador en pos de la defensa de sus clientes le lleva a afirmar... 

—Lo que se necesita en un asesinato es un cadáver que caiga mal… Si además podemos conseguir que la defendida caiga bien… ¡ya está el plan en marcha! ¿Quién sabe? Quizá podamos reducir el crimen hasta conseguir un veredicto de inocencia 

Series negras. León Arsenal

El blues de la mala suerte


Series negras es, ante todo, un thriller de acción, una novela poblada por hombres y mujeres intensos que no dudan en emplear sus músculos. Hombres que no tienen problema en soltar puños, mujeres monumentales que disfrutan con la seducción y sus rituales… Si les apetece recuperar lo mejor de la novela negra norteamericana, su sentido de la maravilla, esta es su novela.



El título hace alusión a la cadena de acontecimientos que el protagonista se ve obligado a asumir o sobrellevar con toda la dignidad que puede. Tendrá que vérselas, por cierto, con deudas que le llevan a la bancarrota, matones, mujeres intrigantes y tramas que tardará en asimilar. Serendipia o sincronicidad podrían ser los términos que describen estos acontecimientos significativos en los que Carmelo Bey Ponga está condenado a ir un paso por detrás, dejándose siempre sorprender por la realidad, como si esa realidad formase unos arabescos caprichosos que nunca es capaz de anticipar. Carmelo es tremendamente intuitivo y trata de adelantarse a los hechos, pero no siempre con él éxito que quisiera.



Viendo la solidez del tono, la fuerza expresiva y la tensión constante de Series negras, más de uno se sorprenderá al saber que es la primera novela negra de León Arsenal. Aclamado autor de novelas históricas con varios best sellers en su haber, demuestra en estas páginas verdadera maestría a la hora de mantener nuestra atención página tras página, gracias, como es habitual en él, a una prosa enérgica y guerrera que no admite puntos muertos.